Editorial

Contrastes en la nutrición

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Contrastes en la nutrición
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Ayer se publicó el Índice Global del Hambre y el mismo coloca a Guatemala como el que está en posición más crítica en Centroamérica y el segundo en todo el continente americano, únicamente arriba de Haití. Al hablar de contrastes en la nutrición no nos referimos únicamente a lo que se ha sabido del gasto […]
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Ayer se publicó el Índice Global del Hambre y el mismo coloca a Guatemala como el que está en posición más crítica en Centroamérica y el segundo en todo el continente americano, únicamente arriba de Haití. Al hablar de contrastes en la nutrición no nos referimos únicamente a lo que se ha sabido del gasto que hacen funcionarios en su alimentación financiada con recursos públicos –como los 59 platos que publicó ConCriterio– sino a cómo engordan los corruptos que llenan sus billeteras con dinero mal habido y lo que eso significa para nuestra niñez desnutrida en forma alarmante.

En efecto, el hambre va más allá de la ausencia de una alimentación adecuada puesto que es parte de la exclusión por la falta de acceso a servicios y modelos de protección social. Y si históricamente nuestro país ha fallado en proveer servicios a la gente más necesitada, al punto de haber exportado a alrededor de 3 millones de chapines que emigraron para encontrar cómo atender mejor a sus familias, imaginemos lo que ha ocurrido en los últimos años -ya casi en las últimas décadas- en las que el aparato estatal ha funcionado para satisfacer a políticos y contratistas que se reparten el jugoso presupuesto para embolsarse el dinero.

Si robar es siempre un crimen, robarle a un pueblo con tantas necesidades es mucho más grave. Diríamos que además de crimen se comete un tremendo pecado social cuando la mentalidad de quienes se dicen servidores públicos está centrada única y exclusivamente en cómo inflar los precios de los proyectos públicos -como los famosos tres puentes- que en buscarle solución a la problemática que agobia a la población. Aquí, por supuesto, robar no es crimen sino, en todo caso, crimen cometen quienes tienen la osadía de denunciar el robo y, lo aún peor, la cobertura que reciben del sistema de justicia que se esmera por garantizar impunidad a los sinvergüenzas.

Es indignante leer que somos el peor país de Centroamérica en tema de hambruna y el segundo de toda América Latina. No es justo que mientras la niñez se queda desnutrida, situación que marcará el resto de su vida aunque no se quiera reconocer, unos cuantos se vuelvan millonarios y metan en sus maletas enormes cantidades de dinero en tanto logran implementar las medidas para “lavar” esa sucia plata.

No tenemos carreteras, no tenemos educación suficiente porque también allí andamos por los últimos lugares, no hay salud porque todo el dinero es para robar con la compra de medicinas y por supuesto tampoco hay seguridad. La Guatemala que tanto queremos y que tienen demasiado para ofrecer, necesita ajustes y más compromiso de todos.

En la última elección quisimos cambiar pero terminó siendo la peor frustración del electorado.

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