El Niño se intensifica: ¿Está Guatemala preparada para el impacto en 2027?
La previsión del fortalecimiento del fenómeno de El Niño coloca a Guatemala ante un desafío que va más allá del clima: la posibilidad de que las alteraciones en las lluvias afecten las cosechas, reduzcan los ingresos de las familias agricultoras y presionen el presupuesto de los hogares que destinan buena parte de sus recursos a […]
La previsión del fortalecimiento del fenómeno de El Niño coloca a Guatemala ante un desafío que va más allá del clima: la posibilidad de que las alteraciones en las lluvias afecten las cosechas, reduzcan los ingresos de las familias agricultoras y presionen el presupuesto de los hogares que destinan buena parte de sus recursos a comprar alimentos.
La advertencia internacional se intensificó el 8 de octubre, cuando la Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó que El Niño continúa fortaleciéndose y podría alcanzar su punto máximo en diciembre de 2026.
Según su actualización sobre las temperaturas de la superficie del mar, existe una probabilidad cercana al 100% de que el episodio persista hasta febrero de 2027 y de que se encuentre entre los más intensos desde 1950.
La OMM, tanto en su publicación en español como en su versión en inglés, señala que las temperaturas del Pacífico tropical podrían alcanzar anomalías de aproximadamente 3.7 grados centígrados por encima de lo normal durante el período de octubre a diciembre.
Esa cifra superaría el máximo registrado en el período de noviembre de 2015 a enero de 2016, de acuerdo con el índice Niño 3.4 citado por el organismo.
El pronóstico no significa que todas las regiones sufrirán los mismos efectos ni que cada impacto esté garantizado; sin embargo, sí constituye una señal de alerta para que los gobiernos, productores agrícolas y hogares se preparen ante posibles períodos secos más prolongados, temperaturas elevadas y lluvias irregulares, así como ante los riesgos de inundaciones en otras zonas.
ENTRE LA SEQUÍA Y EL RIESGO ALIMENTARIO
La alerta internacional tiene implicaciones directas para el país. La Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SESAN), en su pronóstico de inseguridad alimentaria para 2026-2027, publicado por el Gobierno de Guatemala, estimó que 3.2 millones de personas —el 17% de la población— podrían encontrarse en Fase 3 o superior de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en el período de julio a septiembre de 2026.
De ese total proyectado, 2 millones 981 mil personas estarían en situación de crisis y otras 197 mil en emergencia.
La SESAN atribuyó este escenario, entre otros factores, a la probable presencia de El Niño, que podría intensificar la sequía y afectar la producción agrícola, además de las presiones inflacionarias sobre los precios de los alimentos y el transporte.
Para el período de octubre de 2026 a febrero de 2027, el análisis estima que 2.6 millones de personas, equivalentes al 14% de la población, permanecerían en Fase 3 o superior. La previsión se relaciona con el ingreso de las cosechas de fin de año y el aumento estacional del empleo agrícola y de los ingresos por remesas.
No obstante, los datos no eliminan la vulnerabilidad. La SESAN identificó a Alta Verapaz como el único departamento clasificado en Fase 3 que significa crisis, durante los períodos analizados.
También señaló riesgos en departamentos del Altiplano Occidental y del Corredor Seco, entre ellos Quiché, Huehuetenango, Suchitepéquez, Totonicapán, Chimaltenango, Retalhuleu, Jalapa, Jutiapa, Chiquimula y Zacapa.
El organismo también identificó factores que pueden agravar la situación: agotamiento de las reservas de granos básicos, aumento de los precios de los alimentos y combustibles, endeudamiento de los hogares, sequía y oportunidades limitadas de empleo temporal.
En un contexto así, una reducción de la cosecha no solo afecta a quien produce; también puede obligar a las familias rurales a comprar más alimentos en el mercado, precisamente cuando sus ingresos son menores.
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COSECHAS, PRECIOS Y EMPLEO
El riesgo económico se transmite por varias vías. Si falta la lluvia se reduce el rendimiento del maíz, frijol y otros cultivos de subsistencia, las familias productoras pueden perder parte de sus reservas y sus ingresos.
Si deben comprar los granos que antes obtenían de sus parcelas, una proporción mayor de su presupuesto se destina a la alimentación.
A ello se suma el posible efecto sobre los precios. Cuando la producción local disminuye o las cosechas se dañan, los hogares pueden enfrentar una mayor presión en los mercados, aunque la magnitud y la duración de cualquier variación dependerán de la oferta disponible, las importaciones, los costos de transporte y otros factores económicos.
La red internacional de monitoreo de seguridad alimentaria FEWS NET, en su informe especial de octubre de 2026 sobre los efectos de El Niño en la seguridad alimentaria, advierte que el fenómeno está asociado con una temporada lluviosa de 2026 más seca e irregular en América Latina y el Caribe.
El reporte identifica déficits de lluvia en el Corredor Seco de Centroamérica y señala que las temperaturas superiores a lo normal y los períodos secos durante etapas críticas de los cultivos han elevado el estrés hídrico y reducido la producción de granos básicos entre pequeños agricultores.
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Para Guatemala, FEWS NET prevé que las pérdidas y la reducción de los rendimientos afecten especialmente a agricultores de subsistencia del Corredor Seco, Alta Verapaz y el Altiplano Occidental, en un contexto agravado por los impactos meteorológicos de años anteriores.
Si los déficits de lluvia continúan, los hogares rurales más pobres podrían depender en mayor medida de la compra de alimentos, combustibles y transporte, cuyos precios ya representan una presión para su economía.
El reporte también advierte que las consecuencias más graves para la seguridad alimentaria no siempre aparecen al mismo tiempo que las alteraciones de la lluvia.
La reducción de las cosechas, el agotamiento de las reservas y la pérdida de oportunidades de trabajo agrícola pueden sentirse meses después, durante los períodos en que las familias tienen menos alimentos disponibles.
Por eso, el impacto de El Niño no debe medirse únicamente por la cantidad de lluvia.
También es necesario observar el estado de los cultivos, las reservas de granos, los ingresos rurales, el acceso al agua y la evolución de los precios de los productos básicos.
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LA SALUD TAMBIÉN ESTÁ EN RIESGO
Los efectos del fenómeno no se limitan a la agricultura. La Organización Panamericana de la Salud (OPS), en su informe regional de situación sobre El Niño en las Américas, publicado el 14 de septiembre de 2026, advierte sobre un escenario de riesgo para la salud pública asociado con sequías, inseguridad alimentaria, inundaciones, incendios forestales y una mayor amenaza de enfermedades transmitidas por vectores.
El documento regional señala que la probabilidad de que el episodio alcance una intensidad muy fuerte superaba el 90% según los pronósticos considerados en ese momento. Para Centroamérica, identifica la inseguridad alimentaria en el Corredor Seco —incluidos Guatemala, Honduras y El Salvador— como uno de los impactos sanitarios más claramente documentados en el período analizado.
La OPS también aborda los riesgos que pueden surgir cuando las condiciones climáticas afectan el acceso al agua, la alimentación y la continuidad de los servicios de salud.
Por ello, la preparación requiere que las instituciones sanitarias vigilen los riesgos locales y que las comunidades cuenten con información oportuna sobre agua segura, higiene, nutrición y prevención de enfermedades.
La página temática de la OPS sobre el fenómeno de El Niño y la salud permite ampliar el enfoque sanitario: las alteraciones del clima pueden modificar los riesgos para la población y exigir respuestas adaptadas a las condiciones de cada territorio.
La vigilancia epidemiológica, la preparación de los servicios de salud y la comunicación de riesgos forman parte de las medidas preventivas que deben acompañar la respuesta climática.
LA EVIDENCIA PARA ENFRENTAR EL FENÓMENO
El desafío para Guatemala consiste en pasar de las alertas a medidas preventivas que reduzcan las pérdidas antes de que se agraven.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en su informe especial “Los efectos del fenómeno El Niño en América Latina y el Caribe y recomendaciones para enfrentarlo”, publicado el 21 de septiembre de 2026, analiza los impactos potenciales sobre la actividad económica, la pobreza, la inflación, los sistemas energéticos y los recursos pesqueros y agropecuarios.
La CEPAL destaca que las consecuencias son distintas entre países y territorios, y que pueden prolongarse incluso después de que termine el fenómeno.
Esto significa que las medidas no deben concentrarse únicamente en atender una emergencia: también deben ayudar a proteger los medios de vida, sostener la producción y facilitar la recuperación de las comunidades afectadas.
En Guatemala, el pronóstico de la SESAN ya plantea algunas líneas de respuesta.
Entre ellas figuran la entrega de raciones alimentarias, los protocolos para atender la desnutrición aguda y mitigar el hambre estacional, y la asistencia humanitaria prevista para beneficiar a 416 mil personas en Chiquimula, Alta Verapaz, Quiché y Huehuetenango.
El análisis recomienda ampliar y focalizar la asistencia alimentaria y los programas de protección social en las poblaciones clasificadas en Fase 3 o superior, además de fortalecer las intervenciones de agua, saneamiento, salud y nutrición.
A partir de los riesgos identificados por la OMM, la OPS, la CEPAL, FEWS NET y la SESAN, las acciones preventivas pueden organizarse en varios frentes:
- Agua y agricultura: vigilar las condiciones de humedad del suelo, proteger las fuentes de agua, mejorar el almacenamiento y uso eficiente del recurso e informar a los agricultores sobre los pronósticos locales para tomar decisiones de siembra y manejo de cultivos.
- Seguridad alimentaria: monitorear las reservas de maíz y frijol, identificar comunidades en riesgo y activar con anticipación la asistencia alimentaria cuando las familias comiencen a perder cosechas, ingresos o acceso a alimentos.
- Protección de los hogares: priorizar a las familias que dependen de la agricultura de subsistencia, reforzar los programas de apoyo social y dar seguimiento a los precios de alimentos y transporte para detectar presiones sobre el costo de vida.
- Salud pública: fortalecer la vigilancia epidemiológica, proteger el acceso a agua segura, preparar los servicios sanitarios ante posibles emergencias y difundir recomendaciones de prevención adaptadas a cada comunidad.
- Coordinación institucional: vincular los pronósticos climáticos con las decisiones agrícolas, alimentarias, sanitarias y presupuestarias, de manera que la respuesta se active antes de que los daños sean mayores.
Estas medidas no eliminan los efectos de El Niño, pero pueden reducir las pérdidas y evitar que una alteración climática se convierta en una crisis alimentaria más profunda. Su eficacia dependerá de la oportunidad de la respuesta, la coordinación entre instituciones y la capacidad de llegar a las comunidades más expuestas.
QUÉ PUEDEN HACER LAS FAMILIAS DESDE AHORA
Aunque la respuesta de fondo requiere acciones ypolítica públicas, agrícolas y comunitarias, los hogares también pueden tomar precauciones sin asumir que deben resolver individualmente una emergencia estructural.
Una primera medida es revisar el presupuesto familiar y priorizar los gastos esenciales, especialmente alimentos, agua, salud y transporte. Si el ingreso es variable, puede ser útil identificar con anticipación qué gastos pueden reducirse sin comprometer la alimentación ni las necesidades básicas.
En materia de alimentación, las familias pueden planificar sus compras, comparar precios por unidad o cantidad, aprovechar productos de temporada y evitar el desperdicio. Cuando sea posible y seguro, también conviene mantener una reserva razonable de alimentos no perecederos y agua para interrupciones temporales, sin recurrir a compras de pánico ni endeudarse para acumular productos.
En las comunidades agrícolas, resulta importante mantenerse atentos a la información oficial sobre lluvias, disponibilidad de agua y recomendaciones para los cultivos. Las decisiones sobre siembra, riego o inversión deben ajustarse a las condiciones locales y a la orientación técnica disponible, en lugar de basarse únicamente en un pronóstico general.
También es necesario prestar atención a las alertas de las autoridades y utilizar agua segura, sobre todo si las condiciones climáticas afectan el abastecimiento. Ante señales de pérdida de cosechas, falta de alimentos o dificultades para cubrir las necesidades básicas, las familias deben buscar orientación en los servicios públicos y programas de apoyo disponibles en su localidad.
Fenómeno de El Niño podría alcanzar su pico entre octubre y noviembre y permanecer hasta 2027
LA PREVENCIÓN SERÁ DECISIVA PARA 2027
El Niño no determina por sí solo el comportamiento de la economía ni el nivel de inseguridad alimentaria de Guatemala.
Sin embargo, puede intensificar vulnerabilidades que ya existen, especialmente en los hogares que dependen de la agricultura de subsistencia y tienen pocos recursos para enfrentar una pérdida de ingresos o un aumento de precios.
Los pronósticos de la OMM y de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) apuntan a un episodio fuerte o muy fuerte que podría extenderse hasta los primeros meses de 2027.
En su discusión diagnóstica del 8 de octubre, el Centro de Predicción Climática de la NOAA calculó una probabilidad superior al 83% de que El Niño fuerte o muy fuerte persista durante el período de enero a marzo de 2027.
El organismo también señaló una probabilidad elevada de que el episodio alcance una magnitud histórica, aunque aclaró que los impactos asociados son más probables, no seguros.
Para Guatemala, la prioridad será utilizar esa anticipación para proteger las cosechas, asegurar el acceso a alimentos y agua, reforzar la atención sanitaria y respaldar a las comunidades vulnerables. La información climática adquiere verdadero valor cuando permite tomar decisiones antes de que la falta de lluvia, la pérdida de ingresos o el encarecimiento de los productos básicos afecten con mayor fuerza a la población.
La alerta está planteada; el siguiente paso es convertirla en prevención concreta y seguimiento constante.
INSTRUYEN MEDIDAS DRÁSTICAS
En septiembre recién pasado, durante la primera reunión extraordinaria del Gabinete Específico de Desarrollo Social (GEDS), la vicepresidenta de la República, Karin Herrera, instruyó la declaratoria inmediata de alerta roja en los municipios de la Región Trifinio, ubicados en los departamentos de Chiquimula y Jutiapa.
La medida tiene por objetivo responder de forma inmediata a los graves efectos y riesgos agroclimáticos provocados por el fenómeno de El Niño.
Por la situación, Herrera instruyó a la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conre) declarar alerta roja de forma urgente en los municipios de la Región Trifinio con base en la magnitud del fenómeno y los efectos que ya afectan a la población.
Mientras que a la cartera de Economía lo instruyó a definir precios de referencia y actuar ante alzas injustificadas, principalmente en productos de la canasta básica y combustibles.
Por aparte, al Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social incorporar medidas de prevención, vigilancia y respuesta sanitaria ante enfermedades asociadas a la escasez y calidad del agua para asegurar una atención integral.
También hizo el llamado al Consejo Nacional de la Juventud a sumarse a las brigadas de salud.
A las autoridades del Ministerio de Desarrollo Social pidió asegurar que los bonos mantengan un carácter condicionado, garantizando su entrega a todos los beneficiarios prioritarios y su aplicación en la atención de necesidades urgentes.
En el caso del Ministerio de Finanzas Públicas, identificar la disponibilidad de recursos para garantizar la implementación de las acciones presentadas en el plan y establecer la viabilidad de medidas legislativas que agilicen el presupuesto.
Desde esa reunión, hasta ahora, no se ha sostenido una nueva reunión en la que se presenten resultados de las instrucciones giradas.
La Hora envío solicitudes de información a las instituciones relacionadas en el tema, las cuales espera obtener en los próximos días.