“Quien calla, otorga”, el silencio del Poder Ejecutivo confirma el crimen de Estado contra Solórzano Foppa
Se cumplen hoy trece días del asesinato de Juan Francisco Solórzano Foppa (JFSF), que muchos han señalado de crimen de Estado; yo adopto la hipótesis de que fue ejecución extrajudicial a cargo de un “escuadrón de la muerte”, ordenada por gente poderosa. El hecho del largo silencio del Poder Ejecutivo confirma la incapacidad de desenredar […]
Se cumplen hoy trece días del asesinato de Juan Francisco Solórzano Foppa (JFSF), que muchos han señalado de crimen de Estado; yo adopto la hipótesis de que fue ejecución extrajudicial a cargo de un “escuadrón de la muerte”, ordenada por gente poderosa. El hecho del largo silencio del Poder Ejecutivo confirma la incapacidad de desenredar la trama, mientras se buscan “chivos expiatorios” por delitos de distintos tipos, cometidos con el propósito de enturbiar las aguas. Por ello sugerí, inmediatamente después del crimen, aunque sabía que Arévalo no se atrevería a actuar cual jefe de Estado, que declarara el Estado de sitio y no dejara piedra en el país sin levantar en busca de los cobardes asesinos y los más cobardes que dieron la orden.
La ciudadanía y entidades dentro y fuera del país, además de condenar el hecho, han exigido pronta investigación y justicia. Hoy dudo que se alcance la justicia, como fue la tónica durante el Conflicto Armado Interno, salvo la “justicia revolucionaria”, que, por ejemplo, castigó a varios de los asesinos de Colom Argueta. La familia de JFSF, en su carta de agradecimiento a los miles de personas que le demostraron su solidaridad, culmina con una frase que debe dolerle hasta el alma a las autoridades de gobierno, aunque deje impasibles a los autores intelectuales y materiales: «En medio del dolor y del agradecimiento, reiteramos nuestra exigencia de una investigación rigurosa y de justicia por los asesinatos de Juan Francisco Solórzano Foppa y Gustavo Adolfo Aguilar Gamarro».
Sé, por haber conocido la mentalidad contrainsurgente y las acciones despiadadas de altos jefes militares y civiles que les pedían la cabeza de opositores y críticos, que tanto el presidente Arévalo como el fiscal general reciben presiones políticas y amenazas de muerte. Sabían ellos al aceptar sus cargos que esa sería la situación; pero, es obligada su actuación firme contra quienes integran y manejan las mafias. Toda esa gentuza que vive del terror es cobarde; comete delitos y crímenes, abusa y se enriquece con la corrupción, porque sabe que ha gozado y goza de total impunidad.
Se lo señalamos al gobierno desde su primer día de ejercicio; pero, ante la orden imperial, tanto bajo Biden como bajo Trump, y de los caciferos, ha preferido “negociar” y no cumplir su mandato con rigor y vigor, desde la falta de enfrentamiento a Consuelo Porras y cómplices y perder el sistema de justicia, hasta permitir que un delincuente y más, que secuestró la Universidad de San Carlos durante cuatro años, se haya entronizado para otros cuatro años más.
Señores Arévalo y García Luna, en un muro de un edificio de la Usac se leyó por mucho tiempo una frase que decía que ante las graves amenazas el ciudadano tenía una sola opción, dos si “se hacía el loco”. Esa opción única es actuar con responsabilidad y valor. La ejecución extrajudicial de JFSF no puede quedar impune.
En medio del dolor y del agradecimiento, reiteramos nuestra exigencia de una investigación rigurosa y de justicia por los asesinatos de Juan Francisco Solórzano Foppa y Gustavo Adolfo Aguilar Gamarro.