Fifa sacó de los estadios a las familias no pudientes
Al haber dedicado el campeonato a personas muy adineradas, desaparecerán los grupos familiares de la clase económicamente baja.
El futbol, deporte más popular del mundo, siempre ha estado al alcance de las clases medias. Esta vez, la exorbitante subida de los precios decididos por la Fifa y celebrarlo en tres países, lo convirtió en absurdamente elitista, en una peligrosa tríada de decisiones de la Fifa peligrosas por absurdas. Sólo en México tiene enorme esa popularidad, menor en Canadá, y en un lejano lugar en Estados Unidos, reducida a quienes son blancos, rubios, ojiazules, o negros. Reinan el beisbol, futbol americano, basquetbol y jockey sobre hielo. La popularidad se afianza entre hispanoparlantes locales o emigrantes, así como en los descendientes de países europeos, donde sí es popular. Sacarlos es racista y muy riesgoso de causar un fracaso económico y deportivo.
Este mundial, entre otros males, está pensado para mezclar negocios sucios, política y desprecio a la mayoría de espectadores.
Ya es conocida y temida la cruzada contra personas que “tienen la apariencia” de ser latinos, aunque sean estadounidenses de nacimiento o con papeles legales. La creación del grupo policial de esbirros llamado ICE, cuyos miembros obedecen de manera despiadada las órdenes de actuar con violencia. En lo económico, la ausencia de ellos de los estadios afecta a las medianas y pequeñas empresas o restaurantes, y el alto precio de la comida y de los hoteles. Por aparte, las grandes distancias entre los lugares donde están los estadios. Todo parece indicar un fracaso en lo deportivo, a causa de la participación de equipos provenientes de países desconocidos para el público, como algunos africanos y asiáticos, con la posibilidad muy real de estados semi vacíos.
Algunas decisiones son ridículas: la final costará entre 2,030 y 6,730 dólares. La Fifa decidió también el altísimo precio de las aguas gaseosas, cuyos precios oscilan entre 30 dólares o más. En días de muy altas temperaturas, tal vez de 40 grados C. Los dueños de palcos del estadio Azteca obligaron judicialmente a usarlos, luego de ser ilegalmente enviados a localidades de menor precio. Jugadores y aficionados de países musulmanes no saben si podrán entrar al país. México ofreció llevarlos a ese país, pero no podrán pernoctar. Japón hizo lo contrario: irse de México a Estados Unidos por la mala organización. La terca posición de Infantino, emperador de la entidad privada mundial más grande y rica, afectará la multimillonaria inversión de los patrocinadores.
Mañana comenzará a saberse el resultado económico. Al haber dedicado el campeonato a personas muy adineradas, desaparecerán los grupos familiares de la clase económicamente baja: dos padres con dos hijos significarán 360 dólares en los lugares más lejanos, y unos 120 más de refrescos y golosinas. La Fifa no devuelve el dinero a nadie, personas o instituciones, aunque haga cambios inesperados, ni tampoco los miles de millones recibidos para publicidad. Cientos de voluntarios colaborarán para encargarse de algunas de las necesidades para llevar a cabo los partidos, pero lo harán sin recibir ninguna remuneración. Por todos lados, se evidencia el ansia enfermiza de dinero, afianzada por la creciente relación de jefes musulmanes petroleros.
Todas estas consideraciones no implican negar la posibilidad de excelentes partidos de los equipos de primera calidad, sobre todo sudamericanos y europeos, aunque los africanos y/o musulmanes por su calidad cada vez más ascendiente adquieren más peso en el futbol mundial. Tener 48 países participantes y jugar 104 partidos no significa más calidad. Será interesante conocer la asistencia a cada encuentro, prepararse para resultados sorprendentes y actuaciones arbitrales dudosas en algunos casos, así como analizar si el VAR en realidad elimina la posibilidad de un error humano. Por mi parte, solo veré los partidos donde jueguen los mejores futbolistas y predigo una mala posición de los tres países donde se realizará, así como cambiar esa organización novedosa y equivocada.