Sin libertad no hay universidad
Me impresionan los esfuerzos de los corruptos por mantener a la corrupción como normal. Ayer me conecté a un evento dentro de la Universidad de San Carlos la que se encuentra totalmente cooptada. Creo que nos cuesta hacer memoria. No encuentro la palabra en español decente para decir que se robaron la elección de rector […]
Me impresionan los esfuerzos de los corruptos por mantener a la corrupción como normal. Ayer me conecté a un evento dentro de la Universidad de San Carlos la que se encuentra totalmente cooptada. Creo que nos cuesta hacer memoria. No encuentro la palabra en español decente para decir que se robaron la elección de rector de la forma más descarada, totalmente descarada. Las facultades como las de ingeniería y de arquitectura se plegaron totalmente al fraude entre otras, pero estas dos son significativas porque ambas recibieron sendas notificaciones de jueces competentes para repetir elecciones y simplemente no quisieron, hicieron su voluntad. Hay que aclarar que en el caso de arquitectura me refiero al colegio de arquitectos. En el caso de ingeniería, me refiero a quien funge como decano, un decano falso tan falso como el rector usurpador.
Ahora recién desarrollaron un evento dentro de la USAC departe de INNOVATEK como una plataforma de divulgación científica y formación continua, vinculada a TV USAC y al recién anunciado Laboratorio de Robótica instalado en el edificio remodelado de la DIGA. Según el informe ejecutivo del proyecto, su función principal es organizar conferencias con ponentes nacionales e internacionales y talleres preliminares, en el marco de un plan de “innovación y rediseño académico”. Sin embargo, hasta el momento no se ha documentado que INNOVATEK haya generado, financiado o presentado proyectos de investigación o innovación tecnológica propios de la USAC. En la práctica, funciona más como un espacio de legitimación visual que como un verdadero motor de innovación san carlista.
En todo caso, el interesante evento no presentó la innovación de la USAC, o sea, no es producto ni de la investigación san carlista menos de la innovación san carlistas. Fue un show. Y fue un show para normalizar. Al abrir controladamente el campus de la zona 12 para una actividad «científica» el único objetivo es normalizar la usurpación de la universidad. Ojalá yo me equivoque. Pero ni la investigación científica ni la innovación tecnológica se da sin libertad. Sin libertad no hay universidad.
Paralelamente la cooptación de la universidad sigue su rumbo. Su rumbo es su normalización. Tome el caso de los estudiantes que fueron eliminados de su vida académica y sus luchas, porque no son nuestras luchas. Ni los profesores ni los estudiantes universitarios han percibido la urgencia de pelear por estos estudiantes a los que ilegalmente se les borró su registro académico. Ciertamente el Ministerio Público hizo un allanamiento a la USAC por ese caso, de cuyos resultados no sabemos nada. En el fondo, asistimos a la normalización de la ilegalidad, del abuso y de la corrupción en la USAC. Sin libertad no hay universidad.
Esta normalización no es accidental. Como ha señalado José Luis Hernández Mota en su análisis del dilema social de la corrupción, el fenómeno se sostiene no solo por incentivos monetarios o por la impunidad formal, sino por una paradoja de reciprocidad: valores aparentemente prosociales (lealtades, gratitudes, “amabilidades” entre grupos) terminan alimentando prácticas que dañan el interés colectivo. En la USAC eso se ve con claridad. Las facultades que ignoraron resoluciones judiciales, los cuerpos electorales anulados o reducidos a conveniencia, el silencio calculado de quienes antes denunciaban el fraude de 2022 y ahora callan o se acercan (como documenta la investigación reciente de La Hora sobre los contactos del círculo de Arévalo con Mazariegos vía la secretaria privada), todo eso produce un entorno en el que la ilegalidad se vuelve el costo de no quedar fuera. Quien se abstiene de participar en la farsa pierde espacio; quien denuncia es criminalizado o borrado del registro. La reciprocidad perversa premia la complicidad y castiga la integridad.
Anthony Giddens ayuda a entender el mecanismo más profundo. En su teoría de la estructuración, las estructuras (reglas y recursos) no existen fuera de las prácticas: se reproducen de forma recursiva a través de la rutinización. Lo que se repite día a día —elecciones viciadas que se validan, eventos “científicos” que abren el campus para blanquear la usurpación, decanos falsos que actúan como si fueran legítimos, borrado de estudiantes que no genera reacción colectiva— deja de ser percibido como excepción y se convierte en la forma en que “se hacen las cosas aquí”.
La dualidad de la estructura opera: los agentes (autoridades, algunos docentes, ciertos sectores estudiantiles) reproducen las condiciones que hacen posible la captura, al mismo tiempo que esas condiciones habilitan su propio actuar. La memoria se erosiona porque la rutina borra la excepcionalidad del fraude. Lo que en 2022 parecía un atraco descarado, en 2026 ya se presenta como “el proceso que hubo”, y el show de INVOTEX-DIGA pretende que la innovación y la ciencia puedan existir sin libertad académica. Giddens nos recuerda que las consecuencias no buscadas de estas prácticas refuerzan el orden: cada silencio, cada participación en el evento normalizador, cada omisión de pelear por los estudiantes eliminados contribuye a que la estructura de cooptación se vuelva más sólida y difícil de cuestionar.
La USAC no se va a salvar sola. Se va a salvar, si se salva, cuando estudiantes, docentes y egresados dejen de acostumbrarse a la cooptación. Cuando recuperen la memoria de lo que fue el fraude de 2022 y del de 2026, cuando se siente ofendidos por ese asqueroso fraude, cuando peleen por los compañeros a los que les borraron el registro como si fueran propios, cuando rechacen los shows que pretenden normalizar la usurpación, y cuando construyan, desde la desconfianza actual, nuevas prácticas de cooperación y exigencia ética.
La libertad académica no es un adorno: es la condición de posibilidad de la investigación, de la innovación y de la crítica. Pero esa libertad no se recupera acostumbrándose a su ausencia. Se recupera cuando los universitarios deciden, colectivamente y con integridad, que la normalización de la corrupción no es su destino. Sin libertad, no hay universidad.