Civilización contra violencia
Para alcanzar una sociedad verdaderamente civilizada se necesita un sistema de justicia independiente, honesto y eficaz, que castigue los delitos sin importar quién los cometa.
Los asesinatos que ocurren hoy en día por motivos políticos o ideológicos son típicos de una sociedad primitiva. En los últimos cinco años, en Latinoamérica, dos candidatos o precandidatos presidenciales fueron asesinados. Fernando Villavicencio fue asesinado a tiros el 9 de agosto de 2023, en Ecuador, y Miguel Uribe Turbay, el 7 de junio de 2025, en Colombia. En Haití, en 2021, fue asesinado el presidente Jovenel Moïse. Si incluimos a los candidatos a alcaldías, diputados al congreso, magistrados a las cortes y funcionarios a gobiernos locales, especialmente en México, la lista sería mucho más extensa. Aparte, han ocurrido asesinatos de personas por motivos ideológicos o políticos, a pesar de no ser candidatos a ningún puesto político. Callar a alguien por estas diferencias es una vergüenza y un signo de ignorancia y subdesarrollo.
Una sociedad civilizada es aquella en la que las diferencias políticas e ideológicas se resuelven mediante el diálogo, la discusión y los mecanismos institucionales, no mediante la violencia ni el asesinato de los adversarios. En una sociedad primitiva, quien piensa distinto es visto como un enemigo que debe ser eliminado; por eso, los conflictos terminan resolviéndose por medio de las balas.
Civilizarse significa aprender a convivir con quienes tienen ideas diferentes y aceptar que ninguna persona o grupo posee el monopolio de la verdad. También implica reconocer que el adversario político no es necesariamente un enemigo personal ni una amenaza que deba ser destruida. Las elecciones, los tribunales, el Congreso y la libertad de expresión deben ofrecer canales pacíficos para resolver los desacuerdos. Las diferencias deben solucionarse con argumentos fuertes y válidos, no con violencia.
En una sociedad primitiva, quien piensa distinto es visto como un enemigo que debe ser eliminado…
Para alcanzar una sociedad verdaderamente civilizada se necesita un sistema de justicia independiente, honesto y eficaz, que castigue los delitos sin importar quién los cometa. La justicia debe ser ciega y aplicarse a todos por igual. También se requieren fuerzas de orden y seguridad profesionales, bien entrenadas y remuneradas, capaces de proteger la vida, la libertad y la propiedad, y de hacer cumplir la ley sin abusar de su poder. Cuando la justicia no funciona y el Estado no protege a los ciudadanos, las personas toman la justicia por sus propias manos. La civilización, en última instancia, consiste en sustituir la fuerza arbitraria por la ley y la violencia por instituciones confiables.
Muchos pensadores y filósofos han escrito y reflexionado a fondo sobre este tema. Algunos de los más importantes, a mi juicio, son Hobbes, Locke, Tocqueville, North, Popper y Hayek. Si bien la civilización no elimina los conflictos, crea instituciones capaces de evitar la violencia y de lograr que aquellos se resuelvan pacíficamente. Estamos hablando de instituciones como el Estado de derecho, los tribunales de justicia, las fuerzas de orden y seguridad como la policía y el ejército, la Constitución, el Ministerio Público o la Fiscalía, la división de poderes entre el Ejecutivo, el Legislativo —el Congreso— y el Judicial —los tribunales—; el sistema electoral, la prensa libre, considerada el cuarto poder, la libertad de asociación y los partidos políticos, la propiedad privada y los contratos y la sociedad civil. Aparte, existen instituciones informales que provienen de las costumbres y las tradiciones, como la tolerancia, el respeto a la palabra dada y a los contratos verbales, la capacidad y disposición para negociar y la aceptación de la derrota electoral. En resumen, una sociedad pacífica necesita una combinación de leyes justas, tribunales independientes, seguridad efectiva, controles al poder, elecciones legítimas y una cultura de tolerancia.