Cómo la guerra en Oriente Medio afecta las tasas de interés en Latinoamérica
Latinoamérica y Centroamérica aplican políticas monetarias dispares ante la inflación impulsada por el alza del petróleo y la guerra en Oriente Medio.
Latinoamérica cerró el primer trimestre del 2026 con políticas monetarias dispares, marcadas por recortes de tasas de interés y decisiones de cautela ante el repunte de la inflación provocado por la guerra en Oriente Medio, el alza del petróleo y la incertidumbre comercial global.
El encarecimiento del crudo se ha convertido en uno de los principales factores de presión para la región, con el barril del Brent por encima de los US$100 y el Texas WTI en niveles similares, lo que ha elevado los costos de combustibles, el transporte y los alimentos, y ha generado un efecto inflacionario generalizado.
Medidas con cautela
El Banco Central de Brasil inició su ciclo de flexibilización con un recorte de 25 puntos básicos, que situó la tasa en el 14.75%, el primero en dos años tras un periodo prolongado de endurecimiento monetario.
Además, elevó su previsión de inflación para el 2026 al 3.9% (0.4 puntos más), por el encarecimiento de combustibles y fertilizantes, y advirtió que nuevos recortes dependerán de la evolución de las materias primas y de las expectativas inflacionarias.
En México, el banco central recortó la tasa en 25 puntos básicos, hasta el 6.75%, en una decisión dividida, en medio de previsiones de una inflación al alza y de la incertidumbre derivada de la política económica de Estados Unidos.
Ese ajuste reactivó el ciclo de flexibilización tras una pausa en febrero, cuando la tasa se mantuvo en el 7% luego de una docena de recortes consecutivos. La autoridad monetaria consideró apropiado continuar con la reducción, aunque advirtió que el entorno externo podría presionar los precios internos y condicionar el ritmo de futuros ajustes.
En Argentina, las tasas de interés continúan en descenso y se sitúan en el 25.69% nominal anual para depósitos a plazo fijo, por debajo de una inflación interanual del 33.1%, tras haber alcanzado casi el 50% en octubre pasado. Hace un mes estaban en el 30.25% y a finales del 2025 en el 26.06%, lo que refleja una rápida relajación monetaria.
Esa caída responde a la estrategia del banco central de acumular reservas con la compra de divisas, lo que inyecta liquidez en pesos, y de estimular el crédito en una economía estancada. Sin embargo, el repunte de la inflación mensual —por encima del 3% en marzo, según estimaciones privadas— y el impacto del alza de combustibles añaden riesgos a la estabilidad de precios.
El contraste lo marca Colombia, donde el Banco de la República endureció su postura al elevar la tasa del 10.25% al 11.25%, en medio de una inflación que repuntó al 5.4% en enero y al 5.3% en febrero, por encima del 5.1% de finales del 2025.
La decisión desató tensiones con el Gobierno, que reclama una política más flexible, mientras el banco central advierte que la guerra en Oriente Medio tendrá efectos mixtos: mayores ingresos fiscales por el petróleo, pero también más presión inflacionaria por el encarecimiento de insumos como gas y fertilizantes.
El Banco Central de Reserva del Perú mantuvo su tasa en el 4.25% por séptimo mes consecutivo, en línea con su objetivo de mantener la inflación en torno al 2%, dentro de su rango meta de entre el 1% y el 3%. Esto ha permitido una estabilidad relativa de precios, aunque con riesgos por la volatilidad cambiaria en medio de la campaña para las presidenciales del 12 de abril y el alza del petróleo.
En Chile, el Banco Central dejó la tasa de interés referencial en el 4.5% y advirtió que las expectativas de inflación a corto plazo han aumentado de forma relevante, situándose en torno al 4% anual en el segundo trimestre. El emisor prevé que estas alzas se transmitan a los precios locales, aunque estima que sus efectos se diluirán a mediano plazo si no se registran nuevos shocks externos, y reafirmó su compromiso de llevar la inflación al 3% en un plazo de dos años. La economía chilena creció un 2.5% en el 2025 y cerró ese año con una inflación del 3.5%, su nivel más bajo en cinco años.
La autoridad monetaria de Uruguay profundizó su política expansiva al reducir la tasa en 75 puntos básicos, hasta el 5.75%, tras recortes de 100 puntos en enero y 50 puntos al cierre del 2025, con lo que acumula una reducción de 225 puntos básicos. La decisión responde a una inflación interanual del 3.11% en febrero —la más baja en casi 70 años— y al objetivo de evitar que los precios caigan por debajo del rango meta del 3% al 6%.
En Bolivia, donde la inflación superó el 20.40% en el 2025 y se prevé que se mantenga en dos dígitos en el 2026, analistas advierten que el aumento de los precios del petróleo podría generar mayor inflación y menor crecimiento, lo que podría forzar a elevar las tasas de interés para contener los precios, con efectos en el empleo y la economía.
Centroamérica: tasas bajo presión
Panamá, economía dolarizada sin banco central, registra tasas condicionadas por la Reserva Federal de EE. UU., con créditos hipotecarios en torno al 6.5%, préstamos personales entre el 9% y el 11.5% y tarjetas de crédito entre el 18% y el 22%. El alza del petróleo ya elevó el precio del combustible por encima de los US$4 por galón, lo que presiona el transporte y la inflación, que el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé en torno al 2% en el 2026.
Costa Rica mantuvo su tasa en el 3.25%, pese a acumular 36 meses de inflación negativa —2.7% interanual en febrero—, ante riesgos inflacionarios por el encarecimiento de materias primas. Guatemala dejó su tasa en el 3.50%, tras un ciclo de recortes desde el 5% en el 2024, con una inflación controlada del 1.56% y previsiones de crecimiento de entre el 3.1% y el 5.1%.
Honduras mantiene su tasa en el 5.75% desde octubre del 2024, con previsión de crecimiento de entre el 3.5% y el 4% en el 2026. En El Salvador, la tasa se sitúa en el 4.60% para depósitos a 180 días, en una economía también dolarizada y con limitada capacidad de política monetaria frente a choques externos.