¿Hay más roces en la familia cuando pasan más tiempo juntos? Cómo reparar la armonía en casa
El hecho de compartir en familia se aborda usualmente como un punto positivo y agradable, pero puede que no para todos lo sea. Si al llegar un tiempo en el que se tiene que compartir más tiempo juntos, como las vacaciones de mediados o finales de año, se traduce en sensaciones negativas y «problemas a […]
El hecho de compartir en familia se aborda usualmente como un punto positivo y agradable, pero puede que no para todos lo sea. Si al llegar un tiempo en el que se tiene que compartir más tiempo juntos, como las vacaciones de mediados o finales de año, se traduce en sensaciones negativas y «problemas a la vista», quizás el ambiente familiar no está funcionando claramente.
La licenciada Úrsula Cabrera, psicóloga clínica, nos ayuda a arrojar luz sobre el tema y analizar qué sucede en estos casos y por qué pasar más tiempo juntos llega a traducirse en más roces y problemas en algunas familias.
Para iniciar, Cabrera marca un parteaguas al desarrollar que el conflicto no es algo negativo en sí mismo. Sobre esto, ahonda que la existencia de un conflicto es equivalente a que hay un problema o necesidad que no se está atendiendo.
Con esto sobre la mesa, señala que lo que se debe buscar son formas de gestionar estos conflictos, a través de un «un abordaje que sea en aras de encontrar un punto medio, una solución, un cambio o una mejora».
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COMUNICACIÓN, EL EXTINTOR DE LOS SISTEMAS INCENDIARIOS
La experta afirma que cuando los problemas no se gestionan eficientemente crecerán y evolucionarán a otras formas, como indirectas o comentarios pasivo-agresivos, debido a que no se está atendiendo desde la raíz.
Además, señala que pueden surgir otros «mecanismos compensatorios» como ignorar los conflictos, pero que estos también derivan en un deslizamiento inevitable que hará que «exploten» en algún momento, y que, si no se atienden, solo se estará posponiendo una nueva explosión.
Estos mecanismos pueden herir sentimientos y terminar en una armonía de cartón que depende únicamente de que «somos familia», delimita Cabrera.
Pero, ¿cómo evitar que se inflen los problemas y estallen de formas insanas? Para la experta, la salida está en la comunicación asertiva.
Este eje permite canalizar las emociones y los conflictos, a la vez que ayuda a los integrantes de la familia a expresar lo que sienten sin miedo, enfatiza.
«La comunicación es clave; atender las necesidades que se tienen y conocer cuáles son los límites de las personas involucradas», continúa.
Para ello, se deben identificar las necesidades, los límites, lo que se quiere, los puntos negociables y los que no lo son, refiere. Estos elementos sirven de materia prima para construir una comunicación asertiva en casa, asegura.
A partir de esto, se puede cambiar el rumbo y la mentalidad de las personas involucradas para enmendar el ecosistema familiar, ilustra.
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¿SE ESTÁ DEJANDO EL PESO EN UNA SOLA PERSONA?
Cabrera expone que todos los integrantes de la familia toman un lugar en la dinámica. «Poco a poco se cae en roles que se van llenando dependiendo de los miembros que se tienen», abunda.
Sin embargo, si no se tiene claridad en el sistema de la familia, la estructura se vuelve débil y cuando un miembro no esté se caerán los «parches con los que apenas se sostenía el funcionamiento».
Por ello, se debe pensar sobre la forma en la que se está organizando la familia y determinar si se tiene demasiado peso sobre algún integrante. Ejemplifica que si cuando un miembro que lleva bastante carga se enferma, «los demás no saben bien cómo proseguir», no encuentran sus cosas, tienen descontrol de horarios o no saben cómo usar un implemento de la casa.
Ante esto, se debe repensar sobre los balances en casa, ya que este punto también importa al hablar de armonía en el hogar, remarca.
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LOS NIÑOS SON NIÑOS
Otra de las aristas del tema se centra en la relación entre los adultos y los niños. En este punto, ¿qué pasa con la tolerancia?
«Pasamos el primer año de vida de los niños enseñándoles a hablar y caminar para pasar el resto de su infancia diciéndoles que se callen y se queden quietos». La psicóloga revela que esta frase la marcó y entra a colación al hablar de la armonía en familia.
Muchas veces, los adultos esperan que los niños actúen como adultos, pero no lo son, resalta.
Y pasar más tiempo juntos en casa también significa tener en cuenta que los niños tendrán más tiempo para jugar, hacer ruido, saltar y demás. Pero, esto no es contrario a la armonía. «Parte de esa armonía es el caos que significa que estén los niños en casa», explica.
Defiende que para los niños «sus necesidades de actividad son diferentes y, por lo tanto, a los adultos en la casa les corresponde procurarles actividades que estimulen su curiosidad, su asombro y con ello su desarrollo».
En este sentido, recomienda organizar actividades juntos, como jugar juegos de mesa, visitar museos, hacer deporte, darle tiempo a las manualidades o salir de paseo.
«Las actividades en familia ayudan a fortalecer los lazos entre todos y promueven un sentido de pertenencia, ambos fundamentales para el sentido de identidad de los niños», sostiene.
Aunque, aclara que no todo el tiempo se debe llenar de actividades, ya que el aburrimiento también es parte de la vida y que esto es el combustible de la creatividad.
«Aprender a descansar es importante porque son lo momentos que ayudan a que las personas puedan crear, el aburrirse es una forma en que la mente humana empieza a imaginar con mayor facilidad», amplía.
A la vez, hace hincapié en que los padres no tienen por qué buscar que todas las actividades sean de aprendizaje y que tampoco está mal que no sean el centro de entretenimiento para sus hijos.
«Es, más bien, procurar que esos momentos en que se puede compartir, sea tiempo de calidad», puntualiza.
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LOS HUMANOS CAMBIAMOS CONSTANTEMENTE
Cabrera concluye que los seres humanos somos cambiantes y estos cambios pueden ser impulsados por las experiencias de vida conforme crecemos.
Con ello, sostiene que existen casos en los que el sistema familiar no cambia a pesar de no ser eficiente en la resolución de problemas, y si un miembro decide romper el ciclo del conflicto y hacer el cambio en su vida puede ser percibido como «oveja negra» por los demás.
«Aquellos que están dentro de una dinámica no saludable ven a esta persona que empieza a comunicarse mejor, a poner límites a no caer en los ciclos pasivo-agresivos y es mal vista, porque ya no se le identifica como parte de un sistema», apunta.
De llegar a ese punto, subraya que: «se puede intentar reparar la relación, pero no se puede obligar a los demás miembros de la familia a hacerlo».
Con todas las partes abordadas anteriormente, la experta invita a reflexionar sobre la conflictividad en familia y el sistema familiar, incentivar la comunicación asertiva y mejorar así la armonía en el hogar.
Licda. Úrsula Cabrera, psicóloga clínica. / Número telefónico para consultas: 3149-5352.
