«No puedo pensar en ninguna necesidad en la infancia tan fuerte como la necesidad de la protección de un padre». Sigmund Freud Hay noticias que nos hacen reflexionar sobre el calado humano de algunos seres, que en pleno siglo XXI cometen crímenes, que no delitos que deberían ser castigados, porque debería aplicarse castigos ejemplarizantes, por […]
«No puedo pensar en ninguna necesidad en la infancia tan fuerte como la necesidad de la protección de un padre». Sigmund Freud
Hay noticias que nos hacen reflexionar sobre el calado humano de algunos seres, que en pleno siglo XXI cometen crímenes, que no delitos que deberían ser castigados, porque debería aplicarse castigos ejemplarizantes, por el tipo de crimen cometido, siendo después del de arrebatar la vida a un ser humano, el más deleznable el de trata de personas en las modalidades de pornografía y actividades sexuales remuneradas de menores de edad, pero más aún si el menor es hijo de este tipo de criminales, como ha sucedido ya en muchas ocasiones.
Desafortunadamente a lo largo de la historia de la humanidad, este tipo de prácticas se han realizado, con la estupefacción, dolor y repudio que esto produce, porque la niñez es una etapa en la vida del ser humano, en la que depende de los mayores, especialmente de los padres, y que sean precisamente estos quienes traicionen a quienes vinieron al mundo no porque lo quisieran así, vinieron a él porque dos personas así lo decidieron, porque en esta época más que nunca el tener hijos es una decisión, por lo que nos preguntamos qué se puede esperar de quienes ven en los hijos un medio económico por la vía de la violencia sexual de cualquier tipo.
Nos hace falta mucho crecer como colectividad, pero también hemos de aceptar que el Estado en general ha quedado a deber a la sociedad, cuando no se han creado, menos implementado políticas de sensibilización, ya no solo al padre también a la madre de lo que significa ser padres, porque la familia tal como la conocemos, ha quedado en deuda sobre lo que debe entregarle al niño para su crecimiento en todos los sentidos, entre lo que se encuentra el hogar como una zona emocional y abrigo seguro, cuando se convierte en un espacio de tortura e inseguridad hemos fallado como sociedad, debido a los pocos valores de quienes no deciden ser padres o madres, por amor a los hijos, lo deciden como un medio de lucro.
Una sociedad sin educación se convierte en una sociedad sin valores, quien en un momento dijo que nuestra riqueza es la ignorancia pero también de ignorancia, porque producto de nuestra pobreza, el sufrimiento de los niños es mayor, porque el Estado ha creado, o permitido que se multipliquen personas sin valores para los que ser padres es un accidente más.
Si nos pusiéramos a analizar los tantos casos en los que las víctimas de delitos sexuales son atacados por sus propios padres, o de alguien de su familia, llegaríamos a la conclusión de la necesidad que hay de que el Estado sea más eficaz en la protección de los niños, aun de sus propios padres, porque producto de una sociedad enferma el concepto de padre y madre ha involucionado de tal forma que es urgente que el Estado por medio de sus diferentes instituciones se involucre en políticas específicas para la protección de la niñez y adolescencia, pero no solamente por medio de un juzgado específico, se hace urgente que todas las instituciones del Estado no solo los juzgados que tengan relación con los niños y adolescentes sean más proactivos.
No cabe duda que producto de la corrupción de tantos años, nos encontramos con instituciones que no cumplen con sus objetivos, y que si se hubiera invertido lo que indican los números de un presupuesto en educación, nuestra situación fuera otra, pero no fue así, por lo que de nada sirve llorar sobre el agua derramada, pero hay que ver para adelante, y hay que invertir más en educación y valores, porque un padre, pero más aún una madre debe ser garante de la felicidad de un niño, y si no puede o no sabe serlo, el Estado lo debe procurar.
Las familias disfuncionales son un problema más, en las que el Estado debe invertir, porque un mal padre, crea patrones que se repiten a otro mal padre y así sucesivamente.
Las cadenas deben romperse, pero eso no lo puede hacer una persona sola, lo debe hacer la sociedad en general.