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Te recuerdan por tus hechos, no por lo que aparentas

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Te recuerdan por tus hechos, no por lo que aparentas
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Mucho de lo que nosotros podemos olvidar, los demás lo recuerdan de un modo permanente.              

“El recuerdo es el diario que todos cargamos con nosotros”. Oscar Wilde


Las cosas que probablemente hacemos como parte de nuestra rutina, propia de nuestro modo de ser o bien como parte de los planes que nos hemos trazado, seguramente en algunas ocasiones llenan una necesidad manifiesta de alguna persona, y está de un modo muy justificado. Seguramente lo recuerda toda su vida, porque si otros, por razones muy justificadas, no pudieron detenerse en hacer algo, la que hizo la diferencia en tomar el tiempo y el cuidado de ayudar jamás es olvidada.


Es normal hacer regalos para ocasiones especiales en la vida de los nuestros, y es algo digno de reconocerse. Pero mucho más valioso y oportuno es cuando, en un momento único, uno deja de hacer algo que hacía falta y muy probablemente hace la diferencia en la vida del prójimo.


Sin lugar a duda, cada vez que debemos salir de casa nos arreglamos y escogemos lo que es más apropiado para ponernos, simplemente por respeto a las personas con las que habremos de estar. Este detalle seguramente generará algún comentario de algunos que se toman el tiempo de ver cómo la gente viene arreglada, pero para muchos será algo que pasará desapercibido y será de poca trascendencia, pero el modo nuestro de tratarlos como los tratamos no lo pasarán por alto, sino que probablemente hagan un comentario de ello, y si fue favorable tendrá un aprecio particular.

Debemos ser cuidadosos de nuestras acciones porque las disculpas nunca logran borrar su efecto.


El simple hecho de que cada vez somos más en este planeta y convivimos con mucha mayor proximidad nos debería recordar el cuidado que debemos tener en el momento en que expresamos nuestro sentir o nuestro parecer, porque lo que digamos o hagamos habrá de ser grabado en la mente de los que nos observan, y probablemente en el momento menos pensado alguien habrá de asociar mi proceder. Si este fue favorable, habrá de ser ventajoso, pero en los casos contrarios, probablemente me habrá de cerrar alguna puerta que tanto estaba esperando cruzar y la decepción y frustración estarán a la orden del día.


Podríamos fácilmente ilustrar el comportamiento humano para poderlo entender mejor, con una sucesión de eslabones que forman una larga cadena, prendida una con la otra que la gente tiene presente, aunque nosotros lo podamos haber olvidado y lo ignoremos por un interés personal. Probablemente, en algunos casos, queramos tomar la molestia de dar alguna explicación, justificando por qué y el cómo sucedió. Seguramente nos escucharán con el debido respeto, pero no implica por ello que habrán de cambiar de parecer o simplemente justificar nuestro modo de ser.


Por respeto habrán de mantener silencio, pero internamente tienen definida su postura y su criterio en cuanto a nuestro modo de ser, y si por alguna razón habría que hacer algo con nosotros, ese criterio que tienen de nuestro modo de ser habrá de ser un elemento que de un modo muy marcado habrá de pesar.


Por esta razón, el principio cotidiano de sembrar y cosechar al cual cada uno de nosotros estamos expuestos debe tenerse presente, por la calidad de recuerdos que estamos sembrando a diario, no sea que lleguen a ser un impedimento; por el contrario, deben, de alguna manera, abonar en un modo favorable en las relaciones futuras que habremos de enfrentar.

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