Las lluvias propias del mes de julio del año mil novecientos sesenta y siete, se habían dejado sentir con toda su intensidad en los tejados coloniales de la ciudad de las Perpetuas Rosas, – La Antigua Guatemala.- Para ser precisos, un torrencial aguacero sorprendió a los habitantes del Valle de Panchoy desde el ocaso, aquel […]
Las lluvias propias del mes de julio del año mil novecientos sesenta y siete, se habían dejado sentir con toda su intensidad en los tejados coloniales de la ciudad de las Perpetuas Rosas, – La Antigua Guatemala.- Para ser precisos, un torrencial aguacero sorprendió a los habitantes del Valle de Panchoy desde el ocaso, aquel día a la mitad de la semana.
Aquella noche lluviosa, y en plenas vísperas de la festividad en honor al Patrono, Santiago Apóstol, los miembros de la Junta Directiva de la Hermandad de la Venerada imagen de Jesús Nazareno de la Merced, agotaron los últimos puntos de la agenda de su sesión quincenal, en aquel recinto adecuado como salón de sesiones dentro del Convento mercedario, anexo a la Parroquia de San Sebastián, La Merced.
Al concluir el orden previsto, el señor José María Arriola Aragón, hizo uso de la palabra e invitó a los presentes a proponer algún punto vario para tocar en la parte final de la sesión.
Un entusiasta y dinámico integrante del grupo, el señor Rene González Barrios, tragó saliva, levantó su mano derecha y se puso de pie a efecto de obtener una mejor sonoridad y comprensión, sobre todo por el impacto de las fuertes gotas de lluvia que aún se dejaban sentir. Nuestro personaje exclamó:
- Gracias don Chema, efectivamente sí tengo un punto vario que me gustaría proponer a la Directiva. Es una idea que se me ocurrió días atrás, y pienso que con algunos ajustes, la misma puede transformarse en proyecto de nuestra Hermandad, y podría darle mucho cuerpo y sobre todo vistosidad a la solemne procesión de Penitencia del Viernes Santo. Se trata de incorporar a los romanos que nos acompañan una “caballería”, es decir un grupo de penitentes que montando a caballo durante la mayor parte del cortejo, le aporten realce a la procesión. –
- Una caballería ¿?? Es decir romanos a caballo que vayan abriendo el paso de Jesús ¿?? Replicó el señor Arriola Aragón.
- Exactamente ¡¡¡¡ fue la respuesta de René González Barrios
Un murmullo se apoderó de los integrantes de aquel grupo de directivos, separados por cuasi centenaria mesa de caoba fina, repleta el tope de papeles, de copias de actas, de diseños y planos de adornos, recibos y gastos, y por supuesto de planes, ilusiones, proyectos y anécdotas e historias semanasanteras de antaño, que giraron en torno al Nazareno de los antigüeños.
Así nació aquella innovación: un conjunto de romanos a caballo, o simplemente una caballería romana, a la usanza de los tiempos del primer Viernes Santo de la historia.
La noticia y el aporte de René tomaron por sorpresa a los dirigentes del penitencial grupo, y la discusión no se hizo esperar. Luego de un breve análisis, surgieron las opiniones encontradas: quienes adversaron, por razones de logística, individualización de jinetes y corceles, traslado de los equinos, pero especialmente por el riesgo que podría representar para integrantes del cortejo o en sí el público asistente la mañana y parte de la tarde de Viernes Santo antigüeño, el descontrol por nerviosismo de aquellos animales.
Pero quienes la respaldaron, debido no solamente a lo original de la idea de González Barrios, sino en particular a la efectiva vistosidad y solemnidad que aportarían al proceso los romano-penitentes, montados sobre caballos cuyos cascos harían resonar las piedras callejeras de la metrópoli colonial con su imponente paso.
Aquella noche de julio, finalizó con la directriz del Presidente de la Junta a nuestro personaje innovador, de adecuar su propuesta con hechos más concretos en torno a la mayor precisión posible, en torno a quienes montarían y conducirían los caballos, dónde se obtendrían estos, cómo se trasladarían hacia el Convento de la Merced de Antigua la noche previa a la procesión, es decir el Jueves Santo, y de pronto lo más importante, cómo prevenir que se produjera un accidente provocado por el descontrol de alguno o algunos de los caballos.
Quince días después, y en la sucesiva reunión de Junta Directiva, volvióse a tratar el asunto, pero esta vez, las ideas del directivo González Barrios, luego de las consultas de rigor con entendidos en la materia de ganado caballar fueron tomando forma, y finalmente con la mayor puntualidad que sus posibilidades le permitieron, precisó que el grupo idóneo para conducir a aquellos penitentes sobre silla de montar, sería el cuerpo de adiestradores de caballos del Ejército de Guatemala.
Se procedió a la votación respectiva, por lo que después de haber discutido lo suficiente el asunto, para feliz ocasión de la tradición de la Merced de Antigua, la propuesta de René González Barrios fue APROBADA.
Lo demás es historia. Desde el año siguiente, es decir a partir del Viernes Santo 12 de abril de 1968, el selecto grupo de militares chapines, vestidos a la usanza de quienes hicieron cumplir la sentencia de “Pilatos”, milenios atrás en la Ciudad de Jerusalén, son un emblema y un timbre de orgullo para la solemne procesión del Viernes Santo mercedario, en la otrora “muy noble y muy leal” ciudad de Santiago de Guatemala, cuando Jesús Nazareno en sencilla túnica de color geranio, cruz rústica y en su adorno representando la vía sacra con flores naturales y recreación de piedras, recorre las calles empedradas de nuestra querida Antigua.
¿¿Quién de nosotros, de niño, adolescente o de pronto adulto, no se ha maravillado con el paso de briosos corceles, en medio de las filas de morados penitentes con lanzas y tapasoles??
Durante muchos años, los integrantes de la Escuela de Equitación de la institución armada, condujeron el paso de la emblemática caballería, arribando a la ciudad colonial la tarde del Jueves Santo, para pasar la noche en el convento, participar en el piadoso recorrido de la Merced del día viernes, y retornar a sus instalaciones en la capital de la República al atardecer de ese mismo día.
Vayan en estas líneas, nuestro recuerdo y especial reconocimiento a la memoria del señor René González Barrios, un verdadero protagonista de la época penitencial y sus tradiciones, quien tuvo la genialidad de aportar a la religiosidad popular de Semana Santa, y concretamente a la Semana Santa de la Antigua Guatemala, la participación de los integrantes de tan distinguido grupo de penitentes sobre orgullosa cabalgadura, la cual es una “reseña” tan especial de este cuerpo élite del GALLARDO ESCUADRÓN DE ROMANOS.
