Se aprecia más la libertad cuando ya no se tiene.
El periodista, autor y empresario venezolano Marcel Granier terminó una de sus conferencias con la frase “cuiden lo que tienen”. Lo subrayó: no asuman que en estas tierras jamás llegará al poder un dictador que corroa las bases de la república liberal e imponga un régimen represivo. No esperemos a perder la libertad para apreciarla.
El paraíso socialista no existe.
Marcel Granier dirigía la exitosa Radio Caracas Televisión (RCTV) cuando, en mayo de 2007, el régimen bolivariano de Hugo Chávez cerró y expropió los equipos de la estación. Chávez quería silenciar una voz independiente que abogaba por la libertad, la transparencia electoral, los derechos civiles y más. Cercenó la libertad de expresión y de empresa. En su lugar, difundió abundante propaganda socialista. La familia Granier tuvo que salir al exilio, junto con nueve millones de compatriotas. La trágica diáspora venezolana refuerza las palabras de Granier; los seres humanos necesitamos un entorno de libertad para vivir y producir en paz.
El sábado pasado, la Universidad Francisco Marroquín otorgó a Marcel Granier un doctorado honoris causa en reconocimiento a su lucha en favor de la libertad. Durante su visita, el homenajeado sostuvo conversaciones con estudiantes, catedráticos y directivos de la universidad. Sus reflexiones no pueden caer en saco roto: otros países latinoamericanos pueden terminar tan empobrecidos como Venezuela, si nos descuidamos.
Los regímenes represivos se hacen del poder mediante una combinación de falsas promesas y la explotación de nuestros instintos más bajos. Por siglos, los latinoamericanos hemos escuchado el canto de sirenas del “paraíso terrenal”, explicó Granier. Nos prometen que veremos una transformación social maravillosa una vez nos libremos del yugo capitalista, del imperialismo yanqui, de la explotación poscolonial, de las élites y de otros villanos. Los socialistas, cual salvadores, instaurarán una sociedad sin clases, sin propiedad privada, sin Estado. Reinarán la abundancia, la concordia, la justicia social y la igualdad.
Tales narrativas nos permiten evadir la responsabilidad por nuestro propio desarrollo y culpar a otros de nuestra miseria. Granier recordó el ya clásico libro de su compatriota Carlos Rangel, Del buen salvaje al buen revolucionario (1976). Rangel intuyó que el éxito ajeno nos puede inspirar envidia y odio. Imaginamos que quienes prosperan lo hacen a nuestra costa. Nos victimizamos. Enfatizamos en la brecha entre ricos y pobres. O bien, idealizamos la vida del buen salvaje como una existencia idílica, y concluimos que estaríamos mejor si no hubiéramos entrado en contacto con la modernidad.
Nuestros aparatos educativos constantemente replican estas falsas narrativas, recalcó Granier. Los niños y jóvenes latinoamericanos escuchan estos mitos de sus maestros y libros de texto, en establecimientos públicos y privados. Cuidar la libertad requiere transmitir a las nuevas generaciones la verdadera historia de nuestros países, un sentido de responsabilidad personal y una ilusión por defender las instituciones que hacen posible vivir en libertad.
Históricamente, los proyectos socialistas no construyen un paraíso terrenal: dejan un legado infernal. Los sellos del socialismo del siglo XXI son la hiperinflación, las hambrunas, la inseguridad, la censura y la autocensura. El chavismo destruyó las instituciones republicanas y los despachos gubernamentales son ahora más burocráticos y corruptos. Aplastó por la libertad política y académica. Infundió en la ciudadanía rivalidades, rencor, temor y desesperanza. En Venezuela, tomará décadas, generaciones, reconstruir lo que destrozó ese perverso régimen.