¿Cuáles fueron las primeras caricaturas que se publicaron en medios impresos en Guatemala?

¿Cuáles fueron las primeras caricaturas que se publicaron en medios impresos en Guatemala?

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01/07/2026 10:00
Prensa Libre
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Resumen Inteligente

Las caricaturas arrancan una sonrisa por sus representaciones satíricas en torno a la realidad de la sociedad y que comenzaron a verse en medios impresos del país a finales del siglo XIX.

“No todo ha de ser en la vida seriedad y filosofía; preciso es reír, forzoso es bromear decentemente, de vez en cuando”. Este es un extracto del editorial del primer número del semanario El peladito, publicado en 1896, en el que aparecieron unas de las primeras caricaturas en Guatemala, editado por el mexicano Nicolás Urquieta, recurso gráfico humorístico para expresar crítica.

La palabra caricatura aparece, por primera vez, en italiano, en el siglo XVIII, y deriva del verbo latino caricare, que significa cargar, pues se le asocia con la idea de la deformación o la exageración de las cosas, según definición del historiador del arte Javier Docampo, refiere en entrevista el escritor y periodista Juan Antonio Canel Cabrera, investigador de la caricatura en Guatemala. “Se deforma la realidad, se altera la naturaleza con un primer objetivo humorístico que adquiere tintes de crítica social”, cita.

La caricatura narra una historia en una sola viñeta, precisando para ello el humor como condición; comunica en una síntesis visual algo que se desea hacer colectivo, al utilizar un amplio catálogo de convenciones gráficas y signos icónicos, cuyos códigos puedan ser comprendidos por el grupo social a quien se desea impactar, expone la investigación Las mujeres caricaturistas de América Latina, de varias autoras (2022).

Para el caricaturista de Prensa Libre Alfredo Morales, conocido como Fo, “la caricatura es una forma de expresión gráfica que pretende emitir una opinión sobre algún aspecto de la vida social, política o religiosa. Se caracteriza por retratar a los aludidos de forma graciosa o exagerada y concisa. En la mayoría de medios se ha utilizado la caricatura en los espacios editoriales desde tiempo atrás, cuando estos se empezaron a distribuir de forma masiva”.

La caricatura ha tenido un rol fundamental en el tema de la libertad de expresión, y ha usado la risa como recurso para decir la verdad, sobre todo, en temas más espinosos, señala Canel en un artículo de la revista APG, número 144 (2023).

Según Luis Luján Muñoz, podrían situarse como antecedentes de la caricatura los grafitos en los muros de sitios arqueológicos mayas y varias efigies que han podido verse en libros de protocolos de escribanos coloniales, se expone en la investigación La caricatura en Guatemala, de Aracelly Krisanda Mérida (2020).

La historiadora y crítica de arte Irma Lorenzana de Luján, agrega Mérida, indicó que en la cultura maya hay ejemplos de gran originalidad y habilidad para captar la distorsión como intención de comicidad. “Al artista maya le gustaba representar seres humanos con alguna deformidad física como el bocio o el enanismo, exagerando lo grotesco o lo lúdico, logrando una contrapartida de la idealización”, asevera.

Según Guillermo Grajeda Mena, en el folleto de una exposición de caricaturas suyas, realizada en 1965, coincide en que los “registros más antiguos de la gráfica humorística guatemalteca corresponden al siglo X, dibujados sobre las paredes de algunos templos de Uaxactún yTikal, que presentan figuras de personajes, animales y escenas comunes de la vida diaria y ceremonial, en los que se enfatiza en el carácter y físico risible de los modelos”.
Mena afirma que en el libro Observaciones sobre la conducta política del doctor Gálvez, escrito por Juan de Dios Mayorga en 1831, aparece una caricatura de Mariano Gálvez, sin firma.

Es muy probable, refiere Canel, que el pionero en este género fuera el pintor, escultor y caricaturista español Tomás Mur (1855-?), autor del monumento a Cristóbal Colón, que se encuentra en la Avenida de las Américas, zona 14, y el de fray Bartolomé de las Casas, en el atrio del templo de Santo Domingo, zona 1.

El artista, luego de haber publicado el semanario El combate, fundó el semanario satírico ilustrado El diablo cojuelo (1891). Mur explicó el objetivo de la caricatura, y que sigue vigente: “La sátira ridiculiza y fustiga con la pluma los abusos y arbitrariedades, y la caricatura es el medio de expresión de que se vale la crítica, auxiliada por el arte, para mostrar al pueblo el carácter moral, con todos sus defectos, de los malos gobernantes y auxiliares”. Mur, por cierto, fue expulsado de Costa Rica, en 1892, por criticar con una caricatura al presidente José Joaquín Rodríguez Zeledón en El padre español. De Guatemala también fue desterrado en 1901 por Manuel Estrada Cabrera (1898-1920), por haberlo caricaturizado.

“La caricatura llegó a los periódicos, luego de una larga tradición que se incubó en el anonimato. Para esa tarea se utilizaron volantes hechos a mano, impresos de manera clandestina, y pasquines, en los cuales se criticaba a las familias poderosas y a los gobernantes”, dice Canel.

En la primera época de la caricatura impresa en diarios guatemaltecos, también destaca el español Atanasio Rivera y los mexicanos Ernesto Bravo y Nicolás Urquieta. Este último fundó el semanario El peladito, que comenzó a publicarse el 15 de agosto de 1896, en el que se encargó de satirizar a personajes políticos de la época. En la introducción del primer ejemplar se lee que la caricatura en Guatemala era desconocida, y “que los ensayos eran pocos y mal dirigidos”. Además, aseveró que la caricatura decente no ofende, “podrá ser más o menos burlona o irónica, pero si lleva el propósito de corregir algún mal general, esa ironía o burla es provechosa”.

Portada del primer ejemplar del semanario “El peladito”, editado por el mexicano Nicolás Urquieta en Guatemala, publicado el 15 de agosto de 1896, en el que el caricaturista se encargó de satirizar a personajes políticos de la época. (Foto Prensa Libre: Brenda Martínez)

En España, entre los periódicos de caricaturas más prestigiosos estaba El Madrid cómico y El motín, refirió Urquieta. El texto que acompañaba sus caricaturas eran escritos en rima. “Soy decente, aunque maldito/ Y armado de verdad / Luchará por la igualdad/ Vuestro amigo El peladito”, se lee en la portada del primer ejemplar, ilustrada con un hombre de evidentemente escasos recursos.

Caricaturizó al presidente José María Reina Barrios (1892-1898), a quien le apodaban “Reinita”, “Tapita” o “Tachuela”, al aludir a su baja estatura. “El refinamiento de sus caricaturas marca un salto cualitativo respecto de los dibujos de Tomás Mur”, dice Canel.

La llegada del grabado a los medios de comunicación hizo que la caricatura diera un giro en la manera de comunicar y formar opinión, señala Canel. “Fue una hazaña, porque al principio debían hacerse en madera, lo cual implicaba un doble esfuerzo artístico”, añade. Con la llegada de la cincografía —grabados sobre zinc— los dibujos publicados en medios escritos mejoraron su calidad de impresión y, por tanto, causaron mayor impacto, lo cual propició que otros artistas decidieran publicar sus viñetas”, afirma.

A continuación, se describe la trayectoria de algunos de los principales caricaturistas destacados en la historia de este género en el país.

Mon Crayon

Mur ejerció influencia en la cultura nacional, incluyendo, posiblemente, a José Cayetano Morales (1874-1930), conocido como “Mon Crayon” —mi lápiz, en francés—, considerado el primer caricaturista guatemalteco, cuyo talento se evidenció en periódicos, revistas y papeles sueltos de la época, y quien en el taller de Mur observaba los avances de sus obras, recibió sus enseñanzas y participó en los diálogos en veladas de arte.

Fue, además, periodista, retratista y escritor. Alcanzó a dominar el dibujo, pintura, óleo, acuarelas, pastel, literatura y música. Retrataba personalidades de la época, “cuyas características principales eran exageradas para resaltar perfiles fenotípicos”.

“Al haber nacido durante el gobierno de Justo Rufino Barrios, tuvo oportunidad de empaparse… de los múltiples movimientos artísticos que se produjeron entre 1892 y 1898”, señala el catálogo José Cayetano Morales Mon Crayon, publicado en el 2007, cuando se expusieron 28 de sus obras, heredadas a su nieta, María Eugenia Gordillo, en Casa Santo Domingo, Antigua Guatemala, Sacatepéquez.

Una de las caricaturas de Mon Crayon, cuyo lápiz caricaturizó a personalidades políticas, del clero, militares y otras a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. (Foto Prensa Libre: tomada del catálogo “José Cayetano Morales, Mon Crayon”)

“Puede decirse que en Guatemala se distinguió como caricaturista, creador de un estilo especial, el humorista “Mon Crayon”, cuyas obras de indiscutible mérito obtuvieron siempre unánime aplauso”, expuso Víctor Miguel Díaz en su libro Las Bellas Artes en Guatemala, refiere Canel en la revista APG No. 148 (2024). A los 23 años, en 1897, ganó el Primer Premio de Caricatura, y fue reconocido como humorista mordaz.

Tenía 17 años cuando el poeta Carlos Samayoa Aguilar elogió su talento, al aseverar: “Como caricaturista no tiene rival y llega al apogeo de sus jocundas producciones en la revista humorística Stegomia —estegomía o mosquito transmisor de la fiebre amarilla—, por él editada”, cuyo primer número salió publicado el 21 de junio de 1919. También. realizó ilustraciones y escritos literarios para la revista Elektra, en 1908, en la cual se abordaban temas relacionados con arte, ciencias y literatura. y colaboró en medios como La República, El Nacional y La Opinión, así como en los álbumes de Minerva y el prestigioso Libro Azul (1915).

Su lápiz caricaturizó a personalidades políticas, al clero, militares y otras figuras de la época. Era diestro en el dibujo y los textos que las acompañaban estaban escritos en verso.

Morales apoyaba a caricaturistas emergentes del país. El reconocido caricaturista Rodolfo Loro Valladares, originario de Quetzaltenango, y del que se hablará más adelante, describió la ocasión en la que llegó a la capital para conocer a Morales, en 1918, con quien conversó de arte y a quien consideró “fluido de palabra y de una gran cultura convincente… con porte elegante y pulcritud” y que le pidió ver sus creaciones, las cuales alabó con gentileza. “Esa noche no dormí del gusto y la emoción”, dijo.

“Mon Crayon”, considerado “el príncipe de los caricaturistas del país”, publicó ese año en La Tribuna un artículo de encomio sobre Valladares, que le ayudó a darse a conocer a este último.

Gordillo, exdirectora de la Hemeroteca Nacional de Guatemala, instauró en el 2008 la medalla “Mon Crayon” que se entrega cada tres años a caricaturistas guatemaltecos destacados. El primer galardonado fue Alfredo Morales “Fo”.

“Loro” Valladares

Rodolfo Valladares Fernández (1898-1990) asistió al Instituto Nacional de Occidente y a la Escuela Nocturna de Artesanos, en Quetzaltenango, simultáneamente, de 1912 a 1918, y a la Escuela Nacional de Artes Plásticas, de 1922 a 1923. El artista explicó que su seudónimo se debía a que era “dueño de una memoria feliz, auditiva y visual”, por lo que “repetía las lecciones como loro”. Su retentiva visual también quedó demostrada con una anécdota relatada por el periodista Rigoberto Bran Azmitia, se lee en la revista 13 Gráfico, de 1985, cuando el Loro hizo la primera caricatura en 1914 de Rafael Arévalo Martínez, de memoria, según solicitud que le hiciera el poeta Alberto Velásquez, obra que se utilizó para la portada del libro El hombre que parecía un caballo.

Durante el encuentro de los tres personajes, Valladares no llevó ni lápiz ni papel. Al despedirse, Velásquez le inquirió a Valladares, estudiante de bachillerato, sobre la razón por la que no hizo la caricatura, a lo que el joven contestó: “Ya la hice”. “¿Y dónde está?”, le preguntó. “¡Aquí, en la cabeza!”, espetó. Media hora más tarde le entregó la que fue la primera caricatura de Arévalo Martínez.

A los 17 años, presentó su primera exposición de caricaturas en el Teatro Municipal de Quetzaltenango, según su libro Rodolfo Valladares, Loro (1979). De 1923 a 1933, estudió en la Academia Vashas, de Barcelona, entre otras instituciones de España. Regresó al país, luego de la caída de Estrada Cabrera, que lo había mandado a golpear y encarcelar. También era calígrafo y marimbista y recibió innumerables reconocimientos.

Sus caricaturas aparecieron en el periódico El Zaraguate, del que era director y redactor, así como en medios quetzaltecos como Diario de Occidente, El comercio y Los Altos, y en la capital hizo su primera publicación en el semanario de La Hora. Publicó también en el Diario de Centroamérica, El Tiempo, El Imparcial y en el No nos tientes, entre otros.

Bran refirió, según la crítica nacional e internacional, que a Valladares se le consideraba “un verdadero biógrafo de la caricatura” y que para realizarla, “no hiere, no lastima, no echa mano a recursos fuera de la ética. Solo los capta”.

Es importante mencionar al álbum de caricaturas publicado por Óscar y Fernando González Goyri —tíos del artista Roberto González Goyri—, en 1929, centrado en Estrada Cabrera. También figuran caricaturas de personajes de la época como el escritor y periodista César Brañas, el diplomático y escritor Flavio Herrera, el periodista Salvador Girón Collier, uno de los fundadores de Prensa Libre, y el historiador Adrián Recinos. Asimismo, personalidades del ámbito político, gobernantes e intelectuales que estuvieron a favor o en contra de Estrada Cabrera.

Tanto las enseñanzas de Mur y Urquieta, entre otros artistas extranjeros y publicaciones de otros países, propiciaron que caricaturistas como “Mon Crayon”, “Lor”o Valladares, Miguel Ángel de León, Augusto el Chato Monterroso, los hermanos González Goyri y Alfredo Juárez Aranda, con la revista Entre broma y broma, “dejaran impreso su genio y espíritu crítico en periódicos y revistas”, arte de algunos que fue decisivo en la caída de Estrada Cabrera, asevera Canel.

“El muñequito” de “El Imparcial”

Los primeros caricaturistas le dieron prestigio a la caricatura que, en ese entonces, se le consideraba subgénero artístico. Como consecuencia, apareció en El Imparcial, el 18 de enero 1923, la ilustración de un hombre leyendo un periódico y al que nunca se le veía el rostro, que surgió como anuncio, obra del calígrafo Alfonso Campins (1899-1973), pero que el 26 de febrero de 1923 se convirtió medio de crítica.

Creado por los periodistas Alejandro Córdova —fundador y director de dicho periódico— y David Vela, con ingeniosos textos de este último, se le conoció como “el muñequito” de El Imparcial, que identificó a este medio para representar al ciudadano común y editorializar con sátira temas coyunturales, especialmente, los referentes al Gobierno, y así exaltar la libertad de expresión en esos tiempos. La idea era replicar lo que hacía El Sol, de Madrid, donde se publicaba un hombrecito con paraguas. El de El Imparcial tenía el pelo erizado y expresión de sorpresa, sentado en un sillón con el rostro dentro de las páginas del diario, poniéndose al día con las noticias.

Uno de los “muñequitos” de El Imparcial, que data de 1965. (Foto: Hemeroteca PL)

El ingenio plasmado en “el muñequito” continuó por décadas, aunque diversos autores destacan las de 1940, 1950 y 1960, se lee en un reportaje de Prensa Libre del 2018.

Merece mencionarse que por esa época, el 1 de abril de 1898, salió a luz el primer número del No nos tientes, medio de comunicación oficial de la Huelga de Dolores, donde se pueden apreciar caricaturas anónimas de crítica hacia políticos y gobernantes.

Vale la pena destacar al personaje creado por el estudiante de Medicina Hernán Pan Martínez Sobral, que representaba a un esqueleto bailando con la mano izquierda en alto, enarbolando una botella, y la diestra, colocada sobre el pubis con las leyendas “No nos tientes… aquí está tu son, Chabela”, y que encabezó el primer desfile bufo en 1921, se expone en el libro La historia de la Huelga de Dolores, de José Barnoya (1987), y que se transformó en emblema de los huelgueros. En las consignas antigubernamentales y antiimperialistas de la huelga, que recorría las calles citadinas, también se podía observar caricaturas relacionadas con estos temas.

De acuerdo con Canel, las caricaturas, “cuando el No nos tientes comenzó a ilustrarse, eran más artísticas y de un humor más fino y menos patán de lo que fue después, cuando, salvo contados casos, las viñetas, como objeto artístico, han mantenido la constante de ser bastante malas y de un dibujo casi primitivo, pero acentúan la jocosidad, procacidad e iconoclastia crítica de ese medio”.

Alfredo Juárez Aranda

La pasión de Alfredo Juárez Aranda (1901-1978) era la caricatura satírica contra el Gobierno. Fue famoso su semanario humorístico Entre broma y broma, que inició el 9 de febrero 1929, con el que alcanzó el éxito como caricaturista. En su portada, por lo general, representaba a funcionarios del Gobierno. Reunió como colaboradores a Augusto “el Chato” Monterroso, Rigoberto Iglesias Rigo, Rodolfo “Loro” Valladares, José Galguera y Rubén Morales D.

También aparecían simpáticas caricaturas publicitarias de Juárez Aranda. Canel indica que al anunciante le obsequiaban el dibujo original.

Canel expone que se puede hablar de tres épocas de Entre broma y broma. La primera, que inició en 1929, y que concluyó con el número 96 el 23 de mayo de 1931. En sus inicios, los directores eran Juárez Aranda y “El Chato” Monterroso. Luego, reapareció en 1946, cuando Juárez Aranda hacía los dibujos, los textos, los anuncios y la gestión de estos, entre otras funciones. “Era un trabajo descomunal hacer eso todas las semanas para una sola persona”, señala Canel, quien asume que en la primera época debieron censurarlo, pues Juárez firmaba con seudónimos.

La última época comenzó a finales de 1951, en la que salieron más de 60 números, y Canel supone que dejó de publicarse para siempre, también, por la censura.

Fueron también famosas las viñetas publicadas en la revista Indirectas, de la década de 1930, creadas por Rigoberto Iglesias Rigo, que era un “extraordinario caricaturista, con algunas —caricaturas— desiguales, unas regulares y otras muy buenas, quizá, por la urgencia de los cierres de edición”, asevera Canel.

En algunas caricaturas del semanario se observan las iniciales EDC, que no pertenecen al caricaturista, sino a quien realizó el fotograbado, costumbre de esa época, cuando los grabados se hacían en madera y, luego, en metal, dice Canel.

También, hay que tomar en cuenta las caricaturas publicadas en libros como las de Miguel Ángel Asturias, resalta el periodista y escritor Roberto Cifuentes.

Con el avance del siglo XX, la caricatura se fue diversificando en el vespertino La tarde, así como en las viñetas deportivas de Ramón Calderón y en el espacio humorístico de Enrique Guerra Villar, señala Fo.

La evolución la marcan los tiempos en los que viven los caricaturistas; por ejemplo, antes se buscaba el texto florido o en verso, o el doble sentido de las palabras. Uno de los textos más famosos del “muñequito” salió a la luz cuando el presidente Miguel Ydígoras Fuentes (1958-1963) invadió el Benque Viejo, en Belice, y el autor escribió: “Ven que viejo”. Ahora se le da más valor a la imagen que al texto, añade Morales.

Es importante mencionar a los personajes satirizados o retratados por Guillermo Grajeda Mena en sus caricaturas, que tenían una fuerte connotación temporal y pertenecían al dominio público, tanto por su imagen como por las actividades que realizaban en esa época, entre estas, las de Miguel Ángel Asturias o Jorge Ubico, se señala en el libro Guillermo Grajeda Mena, de Luis Gustavo Grajeda Taracena (2025).

Una de las caricaturas de Miguel Ángel Asturias, realizadas por Rubén Morales, Armando Maribona y Ovidio Corzo, que se ven en el libro “Vida, obra y Herencia de Miguel Ángel Asturias” (1999). (Foto Prensa Libre, cortesía de Roberto Cifuentes)

Su inclinación hacia la caricatura no resulta sorprendente, dada la mordaz personalidad del artista. Se han identificado más de 250 caricaturas a lo largo de su trayectoria, desde la década de 1940, hasta personalidades de la década de 1980, que capturan décadas de historia política y social a través de su mirada. En 1944 y 1945 Grajeda Mena realizó caricaturas de sátira política para el periódico El Libertador.

Actualidad

Según opinión de Canel, no hubo evolución de la caricatura guatemalteca, en el sentido estricto, sino surgió diversidad de estilos personales. Por ejemplo, el estilo de “Mon Crayon” es distinto al de su alumno “Loro” Valladares, a quien su oficio de pendolista —calígrafo— le permitió la finura de trazo en sus caricaturas.

De las últimas décadas, Canel, según su percepción, destacan las viñetas de Julio César Castillo —JotaC—, en elPeriódico, por la sencillez y expresividad de sus líneas, además, por su mordacidad. A Guille y Pablo Piloña, en La Matraca, semanario dominical de Al Día, por el desenfado de sus trazos que acentúan el carácter humorístico y festivo de sus dibujos.

“A Marvin Olivares, que me hace recordar al caricaturista francés André Gill, sobresaliente por la fineza y carácter artístico en su trazo. Es, verdaderamente, una gran lástima que no haya continuado dibujando caricaturas en Prensa Libre”, señala. Y a Fo, en Prensa Libre, quien, “aunque no tiene la efectividad y sencillez gráfica de JotaCe, tiene un estilo más refinado y más agudeza política. Son marcadamente políticas y dotadas de una fina ironía”.

En Nuestro Diario, destacan las caricaturas de Lionel Fock, de trazo simple y desenfadado, que tienen como único propósito ilustrar chistes y causar risa, y no contienen ninguna alusión política, añade Canel.

Por su parte, Mérida expone que Julio César Castillo, incursionó en el desaparecido diario El Gráfico, como ilustrador e infografista, en el que apareció su primera caricatura el 14 de junio de 1976, ilustrando al actor mexicano Emilio “Indio” Fernández, detenido en Guatemala. Según entrevista que le hiciera Prensa Libre en el 2003 indicó: “No sé por qué los que nos dedicamos a dibujar somos tímidos, tal vez llegamos a punto de antisociales”.

Su afición por la caricatura empezó en la Escuela Centroamericana de Periodismo de la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), cuando hizo una viñeta del director, David Vela, por la cual le dieron un premio. A este periodista le ofreció sus primeras caricaturas para publicarlas en El Imparcial, pero, debido al sistema de linotipo con el que se imprimía, no podía hacerse algo diferente al clásico “muñequito”.

Su primera caricatura de opinión apareció en mayo de 1978 en El Gráfico, en la página editorial, bajo el nombre “El chispazo del día”, firmada como JC. Luego, continuó publicando sus caricaturas en elPeriódico como JotaCe. Entre sus reconocimientos está la medalla de oro recibida en un concurso realizado por un periódico japonés en 1981, y en el 2011, la medalla Mon Crayon.

A sus 80 años, Castillo continúa deleitando con sus caricaturas, desde el 2014, en el medio virtual Ojoconmipisto.com.

Una de las caricaturas de JotaCe, publicadas en el medio digital ojoconmipisto.com. (Foto Prensa Libre, tomada de ojoconmipisto.com).

José Manuel Chacón, originario de Teculután, Zacapa, creó el personaje Filóchofo, con el fin de criticar al gobierno de turno. Cuando principió a crear caricaturas, era el final del gobierno de Vinicio Cerezo (1986-1991).

El personaje, originalmente, surgió para una revista de cable, en 1988. Luego, reapareció, por, primera vez, en el semanario 7 Días y, luego, en el diario Siglo XXI, el cual vive en una casa de barrio marginal y en extrema pobreza. En entrevista a Prensa Libre en el 2003, señaló: “Recuerdo que en el Siglo XXI muchas veces terminaba en el banquillo de los acusados por hacer una caricatura”.

Chacón también es escritor y entre sus obras se puede mencionar a Retrato en negro de los medios de comunicación y La otra historia (1999).

El caricaturista Pablo Piloña realizó en 1991 su primera exposición como artista visual en Antigua Guatemala. Domina el óleo, acuarela, lápiz, tinta china, crayón y acrílico, entre otros. Pero su principal reconocimiento ha sido con la caricatura, como creativo y editor de la revista La Matraca, semanario dominical del desaparecido diario Al Día, donde comenzó a publicar en el 2004. También, ha colaborado con otros medios nacionales e internacionales y trabaja en diversos proyectos creativos, de diseño y caricaturismo de estudio y en vivo y ha impartido cursos relacionados con caricatura, desarrollo creativo y arte.

A los 14 años, Marvin Olivares ingresó en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, con maestros como Zipacná de León y Dagoberto Vásquez. Se graduó de licenciado en Artes Visuales en la Usac, y estudió en la Universidad de Costa Rica. Además, es fotógrafo, publicista, diseñador gráfico y dibujante.
Ha expuesto en múltiples ocasiones desde 1981 y ha recibido diversidad de reconocimientos, entre ellos, la medalla MonCrayon y medalla Vicenta Laparra de la Cerda.

El personaje creado por Olivares, “El señor nariz de zanahoria”, fue encarnado como policía, pandillero, cucurucho, poeta, albañil, niño de la calle, futbolista o luchador, el cual apareció exclusivamente en páginas de la sección cultural de Prensa Libre. Se le consideró una caricatura cultural, género creado por Olivares que no es ajena a la exageración pero resalta lo positivo de los personajes.

También, han destacado las caricaturas del quetzalteco Manuel Adolfo López, “Ofito”, en páginas de Prensa Libre, quien comenzó a trabajar en el periódico elQuetzalteco, en 1997, con ediciones semanales, hasta que ese medio cerró en el 2017, según entrevista a Prensa Libre del 2022.

Alfredo Morales “Fo”

Su trayectoria como caricaturista en Prensa Libre inició en 1986. En relación con el origen de su seudónimo, Morales explicó en entrevista a Prensa Libre en el 2007 que sus amigos íntimos le decían Fredy, pero nunca le gustó ese diminutivo, así que cuando dibujaba, firmaba con una F y un punto grueso, de manera que se leía Fo. Morales comenzó a dibujar de forma autodidacta, pero lo que más le gustaba era escribir. Luego, vieron su portafolio en Prensa Libre, donde les gustó, y comenzó a hacer viñetas políticas para este medio, apenas un año después del primer gobierno demócrata del país, cuando aún había persecución política. Pero, afortunadamente, nunca le pasó nada, indicó.

Por la mano de Fo han pasado políticos, funcionarios, figuras públicas y personalidades culturales.

Un desafío para los caricaturistas, como personas que hacen uso de su libre expresión, ha sido la censura. Morales indica que la experimentó durante el autogolpe de Jorge Serrano Elías, en 1993, y durante el gobierno de la UNE (2012-2016), que pretendía evitar caricaturas sobre la esposa del presidente —Sandra Torres—, pero la redacción de Prensa Libre se opuso a tal demanda. Su autocensura va dirigida a temas difíciles de tratar, como la religión. “La gente piensa que la caricatura es humorística, pero… también es una reflexión gráfica”, expone Morales.

El ingenio y mordacidad de Alfredo Morales “Fo” sobresalen en las páginas de “Prensa Libre” desde hace casi 40 años. Esta caricatura corresponde al 2015. (Foto: Hemeroteca PL).

Sin embargo, refiere, hay otro tipo de censura que no viene directamente del Gobierno, sino de otros grupos interesados en mantener el poder, de los cuales recibió una amenaza hace dos años.

En cuanto a los gemelos que creó y que aparecen desde 1989 en sus caricaturas, se inspiró en sus sobrinos y los dibuja cuando quiere dar una opinión muy personal. Ha recibido diversos reconocimientos, entre estos un premio en Bélgica, en 1999, y la primera medalla “Mon Crayon”, en el 2008, como se consignó previamente.

“En la actualidad, la caricatura ha pasado a las redes sociales, convertida en memes y videos modificados. Somos pocos los que mantenemos nuestro espacio en la prensa, a raíz de la desaparición de los medios escritos”, manifiesta.

Antecedentes de la caricatura

Viñeta de Julio Verne, del caricaturista francés André Gill, publicada en “L’Eclipse”, en 1874. (Foto Prensa Libre, tomada de tomada de https://www.meisterdrucke.us)

  • La función de la caricatura en los medios impresos ha sido diversa, aunque ya en el siglo XVIII los caricaturistas ingleses William Hogarth, James Gillray y Thomas Rowlandson, entre otros, fueron los precursores de la caricatura satírica, expone el periodista Juan Canel.
  • Sin embargo, historiadores reconocen que fue en el siglo XIX, en Francia, y en medios como “Le Charivari”, “La Caricature” y “La Lune”, donde se consolidó la caricatura satírica en medios periodísticos. La Revolución Francesa (1789-1799) demostró el poder que la caricatura podía tener como recurso de opinión y crítica, dice Canel.
  • “Le Charivari” tuvo entre sus caricaturistas al gran Honoré Daumier; “La Caricature”, a Charles Philipon y Daumier, y “La Lune”, a Daumier y André Gill. Francia fue pródiga en vigorizar la fuerza de la caricatura en los medios impresos con función de crítica social y política.
  • Champfleury —nombre artístico de Jules Husson—, en la “Historia de la caricatura moderna”, escrita en 1871, apunta: “La caricatura se manifiesta, especialmente, en Francia, desde la Edad Media hasta la Revolución. Comienza minando el poder de los monjes y no se detiene hasta la muerte del rey, en 1793”, cita Canel.
  • En nuestro país, “La Gaceta de Goathemala” salió a la luz el 1 de noviembre de 1729, justo cuando Hogarth comenzó su apogeo con sus series morales, pero “La Gaceta” no incluyó caricaturas. Fue hasta aproximadamente a finales de 1800 cuando a los periódicos se le agregaron ilustraciones, pero no caricaturizadas.

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