¿Está Guatemala preparada para enfrentar el cáncer? Las cifras y fallas que ponen a prueba al sistema de salud

¿Está Guatemala preparada para enfrentar el cáncer? Las cifras y fallas que ponen a prueba al sistema de salud

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04/10/2026 06:00
Prensa Libre
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Resumen Inteligente

El cáncer es la segunda causa de muerte en Guatemala, pero el país aún enfrenta falta de datos, tratamientos costosos y barreras que dificultan atenderlo a tiempo.

“Esperemos en Dios que todo salga bien”, dice Raúl Zamora con una sonrisa. A pesar de recibir su primera quimioterapia para tratar un sarcoma de tejidos blandos, es optimista. En sus ojos se refleja la esperanza y, aunque el cáncer ya llegó a sus pulmones, habla con la ilusión de quien aspira a estar algún día completamente sano.

Quien padece algún tipo de cáncer nunca imaginó que en algún momento se enfrentaría a esta enfermedad, a pesar de que, según las estadísticas de la Dirección de Epidemiología y Gestión del Riesgo del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), fue la segunda causa de muerte en Guatemala en el 2024, después del infarto agudo de miocardio. Ese mismo año se detectaron un aproximado de 20 mil 882 nuevos casos.

Zamora lleva cinco años con esta enfermedad. Según narra, todo comenzó con un gesto cotidiano. Al cargar un saco de cemento sintió “un doblez” en la espalda y, convencido de que se había lastimado un tendón, siguió trabajando. Tres meses después, su hija le dio un masaje y notó una bolita.

El paciente de 61 años, restó importancia al hallazgo, pero el bulto crecía. Un médico de Chimaltenango le propuso operarlo y él se negó por miedo. Cuando el bulto creció, aceptó. La cirugía salió bien, hasta que la patología trajo la noticia: era cáncer. El tumor reapareció seis meses después. Lo operaron de nuevo y, al mes, volvió a crecer. En ese punto, el médico ya no tenía más que ofrecerle y lo refirió al Instituto de Cancerología y Hospital Dr. Bernardo del Valle S. (Incan).

Desde hace cuatro años, Zamora hace el trayecto desde San Pedro Yepocapa, Chimaltenango, hasta la capital. En el Incan suma tres cirugías, en una de las cuales le retiraron tres costillas. Hace poco, un sangrado lo llevó de emergencia al hospital y la tomografía reveló que el tumor se “regó” a los pulmones. Por eso, la quimioterapia comenzó sin esperar más.

La concentración de los servicios oncológicos en el departamento de Guatemala dificulta el acceso de pacientes que viven en otros departamentos. Raúl Zamora recibe su primera quimioterapia. (Foto Prensa Libre: Belinda S. Martínez)

Un país sin datos

En el 2021, mediante el Acuerdo Ministerial 60-2021, el MSPAS creó el Sistema Nacional de Registro Poblacional de Cáncer, con el objetivo de proporcionar, recolectar, procesar, almacenar, analizar y publicar información continua en materia de cáncer. Sin embargo, a la fecha, este recurso no está disponible, y ese es precisamente uno de los grandes problemas que el país enfrenta respecto de esta enfermedad.

Según el INE y el MSPAS, 8,353 personas murieron por cáncer en el 2024. Cuántas lo desarrollan cada año es menos claro, porque la cifra de casos nuevos proviene de Globocan, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, y es un cálculo por modelos, no un conteo, ya que el país no aporta datos propios de incidencia.

Esa falta de datos es una queja del jefe de cirugía oncológica del Incan, Walter García, pues lo más cercano que tiene Guatemala a un registro nacional de cáncer son los registros hospitalarios, sobre todo el del Incan, que, a su juicio, atiende más de la mitad de los casos del país, quizá entre 60% y 70%.

El Registro Poblacional del Cáncer del MSPAS lo respalda en parte: de los casos reportados entre el 2021 y el 2026, 41% provino del Incan y 45% corresponde a residentes del departamento de Guatemala. Aun así, el médico advierte que su hospital no refleja al país: “nuestra institución no es la estadística de Guatemala”, ya que, al ser un hospital privado, el acceso es limitado y no todos los pacientes que llegan al sistema de salud público logran obtener un espacio.

Debilidades logísticas

Para García, el cáncer no es solo un problema médico, sino “humano, familiar” y también económico, porque la mayoría de los pacientes no tiene seguro médico ni cotiza al seguro social. Muchos llegan con la enfermedad avanzada y, por eso, dice, la pregunta de fondo no es cuántos casos hay, sino “en qué momento estamos diagnosticando”.

Esto también se debe a que los hospitales que atienden el cáncer se concentran principalmente en el departamento de Guatemala, y la logística y el traslado de pacientes de otros departamentos suelen ser bastante complejos y tardíos.

Esto implica también horas de viaje por carreteras deterioradas, dejar el trabajo, separarse de los hijos y asumir gastos que recaen en toda la familia.

Para alguien como Zamora, el trayecto desde Yepocapa se repite con cada cirugía y cada tratamiento.

En la mayoría de los casos, el tratamiento no se resuelve en un viaje: las quimioterapias suelen repetirse cada 21 días hasta seis veces, y las radioterapias pueden durar cinco semanas, de lunes a viernes. “Si tú vives en Petén y vas a tener que venir aquí 5 semanas, ¿cómo vas a hacer?”, pregunta García.

Por eso, muchos no terminan los tratamientos. El médico calcula que, de cada 100 pacientes que empiezan, “probablemente solo 40” completan el tratamiento.

El registro del Incan correspondiente al 2021 apunta en la misma dirección: de los 1,717 casos nuevos analizados, 40.7% no había iniciado tratamiento y, en casi todos esos casos, la causa se desconocía. Solo 5.5% lo había completado.

Las quimioterapias y radioterapias requieren tratamientos repetidos que pueden hacer todavía más difícil para los pacientes mantener el proceso. (Foto Prensa Libre: Belinda S. Martínez)

La otra cara de la enfermedad

Parte del problema es de infraestructura. Los hospitales nacionales no cuentan con suficientes especialistas para cubrir las necesidades de los pacientes y tienen muy pocos equipos para los tratamientos.

El Incan es un hospital privado que atiende a pacientes del MSPAS mediante convenios. En el 2026, este hospital recibió un presupuesto de Q170 millones y, hasta el 29 de septiembre de este año, se habían desembolsado Q119 millones.

Pero ¿es esto suficiente para cubrir las necesidades de los pacientes? Según las estimaciones de García, una cirugía puede costar entre Q20 mil y Q30 mil; con quimioterapia, el monto se acerca a los Q85 mil, y la radioterapia puede sumar desde Q40 mil hasta más de Q100 mil.

Los medicamentos más novedosos, como los que se anuncian contra el cáncer de páncreas, pueden costar uno o dos millones de quetzales por paciente y, según aclara el médico, sirven para controlar la enfermedad, no para curarla. “De poco sirve saber que existe un excelente tratamiento si la persona no lo puede recibir”, resume.

Tratar el cáncer es muy caro y, lamentablemente, muy pocos pueden acceder a los tratamientos.

La falta de especialistas y equipos limita la capacidad del sistema para responder a las necesidades de los pacientes con cáncer. (Foto Prensa Libre: Cortesía)

El Incan ya cuenta con pruebas moleculares, aceleradores lineales y cirugía de mínima invasión, pero esos avances, dice García, no llegan por igual a todos.

Por eso insiste en que la detección temprana “es la magia”: un tumor pequeño y localizado es más fácil y más barato de controlar.

En el cáncer de cérvix, por ejemplo, las lesiones previas aparecen entre 10 y 15 años antes, un margen en el que el Papanicolaou permite detectarlas. La vacuna contra el virus del papiloma humano ha reducido la enfermedad en otros países, aunque en Guatemala, afirma, aún no se ve ese efecto. Mama y cérvix, agrega, son los exámenes básicos para las mujeres.

Falta, además, quién los atienda. Formar a un oncólogo toma entre 13 y 15 años. Cuando el Incan abrió una maestría en oncología médica, que forma a quienes administran quimioterapia, solo recibió un aspirante; para cirugía oncológica hubo apenas 12.

Sobre la ley contra el cáncer, García afirma que “no ha llegado” al Incan, y sobre el hospital oncológico prometido calcula que se necesitarían entre cinco y diez años para que funcione.

La situación en el IGSS
En el 2025, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) registró 251 mil consultas por cáncer, según sus tablas por departamento; 68% se concentró en el departamento de Guatemala (170,739). Le siguen Quetzaltenango (16,028) y Escuintla (9,988). Son consultas, no pacientes. Por tipo de cáncer, encabezan la lista el de mama (24,967), el hematológico (12,772), el de próstata (12,232) y el de cérvix (6,138). Entre los diez tipos de cáncer con más muertes en el IGSS en el 2025, el primero fue el de hígado y vías biliares (36), seguido del de mama (15) y la leucemia (14).

Lo que sí se puede hacer

Frente a este panorama, García insiste en un mensaje: el cáncer no tiene por qué verse solo como “dolor y muerte”, un paradigma que, dice, “hay que tratar de cambiar”.

La razón está en el momento del diagnóstico. Según el MSPAS, la supervivencia a cinco años es de 10 de cada 10 personas en cáncer de mama y de próstata cuando se detectan en etapas tempranas, frente a 3 de cada 10 cuando se diagnostican en la etapa final. En cérvix y colon pasa de 9 de cada 10 a 2 de cada 10.

García lo ilustra con un caso: un nódulo de mama de un centímetro, de buen pronóstico, que se extirpa conservando el seno y con el ganglio centinela negativo, tiene más de 90% o 95% de posibilidades de curación. Aun así, aclara, “100 no existe en oncología”, y por eso el paciente necesita vigilancia periódica durante años; en mama, hasta 10, porque algunos tumores reaparecen de forma tardía.

Además, cada paciente debería recibir atención integral que incluya otras ramas de la medicina, como nutrición, psicología y cuidados paleativos, por mencionar algunos.

Para detectar a tiempo, explica, los exámenes dependen de la edad y del sexo. Además del Papanicolaou, en las mujeres está el examen de mama, y tanto en hombres como en mujeres conviene revisar la piel por su alta incidencia.

En los hombres, el control de próstata comienza con la edad. Para hígado y tubo digestivo no existe un examen sencillo, y una tomografía no se puede hacer a miles de personas, por lo que se vigila según la edad y los factores de riesgo.

La vacuna contra el virus del papiloma humano ya se aplica en los centros de salud a niñas y varones, con un esquema de dosis distinto al de otros países, pero que, según el médico, también funciona.

El médico también hace un llamado a la prevención. Sin tomar en cuenta los cánceres genéticos o las condiciones hereditarias, una dieta que evite el sobrepeso, la actividad física, no fumar, evitar el alcohol y protegerse del sol son acciones esenciales para prevenir esta enfermedad.

Cuando el diagnóstico ya llegó, recomienda no tomar decisiones precipitadas y salir de la consulta sabiendo cinco cosas: qué tipo exacto de cáncer es, en qué etapa está, cuál es el objetivo del tratamiento —curar, reducir el riesgo de que regrese, prolongar la vida o controlar síntomas—, qué efectos adversos y costos tendrá y qué alternativas existen. Pedir una segunda opinión de un oncólogo, subraya, “no es desconfiar” del médico. Como el abandono del tratamiento es uno de los problemas, el mensaje para quienes ya empezaron es completarlo y plantear a su equipo médico cualquier obstáculo que les impida seguir.

García añade que los cuidados paliativos, que según los textos deberían empezar desde el inicio de la enfermedad, en el país suelen llegar tarde o no llegar y son una de las áreas más abandonadas.

Los rostros cansados, pero llenos de esperanza, de los pacientes que reciben sus tratamientos reflejan sus ganas de vivir. Los acompañan sus familiares, quienes esperan que terminen para apoyarlos. Los letreros de ánimo se leen adonde se posa la mirada y la campana, como símbolo de la finalización del tratamiento, está lista para ser tocada.

Después de un diagnóstico, conocer el tipo y la etapa del cáncer, el objetivo del tratamiento, sus costos y las alternativas ayuda al paciente a tomar decisiones informadas y hacer que suene la campana en señal de haber vencido la enfermedad. (Foto Prensa Libre: Belinda S. Martínez)

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