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Los buenos son más que los malos
Cuando se produce una contaminación tan fuerte como la que vemos día a día en el sistema de justicia, tendemos a pensar que todo está podrido y que no hay mucha esperanza porque lo que vemos en casos de gran relevancia es ese manoseo de la legalidad para asegurar impunidad a unos y castigo a […]
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Cuando se produce una contaminación tan fuerte como la que vemos día a día en el sistema de justicia, tendemos a pensar que todo está podrido y que no hay mucha esperanza porque lo que vemos en casos de gran relevancia es ese manoseo de la legalidad para asegurar impunidad a unos y castigo a los que critican el modelo. Sin embargo, es preciso que seamos justos y que comprendamos que si Fredy Orellana aparece en todos los casos más escandalosos y burdos es porque no cualquier juzgador se presta al manoseo de la justicia. Y pensando con detenimiento en lo que ocurre tenemos que entender que hay muchos jueces honrados, honorables, que apegan sus resoluciones al derecho y que, por ser como son, no figuran en los casos que más interesan a gente como la que dirige al Ministerio Público (MP).
Lo mismo nos toca decir de fiscales del MP que no se han doblegado a lo que sus jefes, actuales y pasados, han querido para satisfacer una agenda de impunidad que en nada le ayuda al Estado de Derecho.
Se trata de abogados que han hecho carrera en el sistema de justicia y cuyo principal mérito es que no son los favoritos de la banda que ejerce el control y sus resoluciones, éticas y fundamentadas en la ley, no llegan a ser noticia, pues simplemente están cumpliendo con su deber con ética y responsabilidad. Creemos absolutamente justo y necesario entender que el sistema está podrido, pero que son muchísimos los jueces, fiscales y oficiales que hicieron un juramento que cumplen a cabalidad resolviendo conforme a lo que establece nuestra legislación.
Abogados que al no jugar en el sistema paralelo y nadar en el mundo político, ven sus probabilidades de ser magistrados y seguir escalando, con menos chances que otros que han tomado un camino distinto.
Cuando un Juez le devuelve las maletas llenas de dinero a un exministro o cuando simplemente cierra los casos de corrupción queda entre muchos la apestosa sensación de que todo está podrido y olvidamos a aquellos que, día a día, en todos los casos sometidos a su jurisdicción, resuelven para garantizar la justicia. Y como cumplen con su deber no llegan a captar la atención de la opinión pública que está impresionada por el cinismo y descaro de aquellos a los que les encargan cualquiera de los casos “vitales” para el corrupto sistema existente.
Día a día hay fiscales que no entierran los casos y aún contra los deseos de sus jefes siguen investigando con seriedad y profesionalismo, tal y como lo hacen muchísimos jueces y oficiales en juzgados que diligencian los casos sin aspavientos ni buscando el beneficio de una mordida, sino simplemente cumplir con su juramento y la responsabilidad de administrar bien la justicia.
Entenderlo y reconocerlo es también parte del esfuerzo por rescatar el modelo. Ciertamente el poder de los villanos es mucho mayor que el de los honrados, pero éstos son los que iluminan la ruta de la esperanza para cambiar al país.