La emergencia de Quetzaltenango: de Tecún Umán a Huitzitzil Tzunún

La emergencia de Quetzaltenango: de Tecún Umán a Huitzitzil Tzunún

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07/07/2026 10:47
La Hora
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Resumen Inteligente

Escribo desde Zunil, uno de los bastiones del pueblo (quiché) k’iche’. Cada vez que regreso a estas montañas escucho nuevamente la voz de papá, quien cada mañana iniciaba el día con un grito que todavía resuena en mi memoria: «¡Arriba Tecún valiente, no temáis al enemigo, recordad que estoy contigo, que soy Huitzitzil Tzunún!». Durante […]
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Escribo desde Zunil, uno de los bastiones del pueblo (quiché) k’iche’. Cada vez que regreso a estas montañas escucho nuevamente la voz de papá, quien cada mañana iniciaba el día con un grito que todavía resuena en mi memoria: «¡Arriba Tecún valiente, no temáis al enemigo, recordad que estoy contigo, que soy Huitzitzil Tzunún!».

Durante muchos años pensé que aquel grito pertenecía únicamente a la tradición familiar. Hoy comprendo que era parte de una memoria colectiva mucho más profunda, una memoria que sobrevivió cinco siglos y que quedó plasmada en uno de los documentos indígenas más importantes para comprender la historia del occidente de Guatemala: el Título del Ajpop Huitzitzil Tzunún, transcrito y estudiado por Francis Gall a partir del manuscrito conservado en la Biblioteca Newberry de Chicago.

La historia no se construye con una sola voz. Se construye dialogando entre memorias, documentos y evidencias. Por eso el Título del Ajpop Huitzitzil Tzunún posee un valor extraordinario. No porque constituya una verdad absoluta, sino porque nos permite escuchar la versión de los propios principales k’iche’ apenas cuarenta y tres años después de la llegada de los españoles. Es una memoria política, histórica y territorial escrita desde quienes vivieron las consecuencias de la conquista.

Francis Gall abordó este documento con el rigor que exige toda investigación histórica. Reconoció su enorme valor, pero también advirtió que la tradición oral había fusionado acontecimientos ocurridos en distintos momentos, particularmente las campañas militares de 1524 con la rendición definitiva del altiplano occidental en 1529. Esa observación no disminuye la importancia del manuscrito; por el contrario, nos enseña cómo funciona la memoria de los pueblos. La memoria no es una cronología perfecta. Conserva aquello que una comunidad considera esencial para explicar su origen, su identidad y su continuidad histórica.

En ese diálogo entre memoria e historia emerge con claridad la figura de Huitzitzil Tzunún. Mientras la tradición nacional convirtió a Tecún Umán en el gran símbolo de la resistencia indígena, el Título rescata a Huitzitzil Tzunún como uno de sus principales capitanes y cabeza de uno de los calpules de Quetzaltenango. Los calpules eran comunidades autónomas que funcionaban como barrios, cantones o parcialidades dentro de los grandes señoríos. Según este documento, acompañó a Tecún Umán durante la campaña contra las tropas de Pedro de Alvarado y, tras la muerte del capitán k’iche’, desempeñó un papel decisivo en la reorganización y protección de su pueblo bajo las nuevas condiciones impuestas por la conquista.

Esta es la versión que conserva el Título. Las cartas de Pedro de Alvarado no mencionan a Huitzitzil Tzunún. Tampoco aparece en la crónica de Bernal Díaz del Castillo. Sin embargo, esas fuentes españolas coinciden con el documento indígena en aspectos fundamentales del recorrido militar hacia Quetzaltenango, el paso por la región de Palajunoj y la importancia estratégica de Olintepeque durante los años posteriores. Precisamente es en el diálogo entre fuentes, y no en la aceptación acrítica de una sola de ellas, donde se fortalece el conocimiento histórico.

El Título del Ajpop Huitzitzil Tzunún fue elaborado, además, para legitimar los derechos políticos y territoriales de don Martín Velásquez, descendiente del linaje de Huitzitzil Tzunún y Ajpop de su calpul, entendiéndose Ajpop como el título de gobernante. Es, al mismo tiempo, memoria histórica y documento jurídico. Defiende tierras, linajes y autoridad política. Esa doble naturaleza explica que exalte las virtudes de sus protagonistas y presente a Huitzitzil como un líder valiente, prudente y capaz de garantizar la continuidad de su comunidad después de la guerra.

Algo semejante ocurre con la figura de Tecún Umán. El Título conserva episodios cargados de simbolismo: el guerrero que vuela como quetzal, las tres coronas, el caballo decapitado y la muerte en los Llanos del Pinal. Discutir si esos acontecimientos ocurrieron exactamente como fueron narrados puede resultar menos importante que comprender su significado cultural: La Conquista. Los pueblos construyen sus héroes mediante símbolos. Así lo hicieron los griegos con Aquiles y los guatemaltecos con Tecún Umán. El símbolo no reemplaza a la historia; expresa los valores que una sociedad considera dignos de ser transmitidos de generación en generación.

Sin embargo, quizá la enseñanza más profunda del Título aparece después de la batalla. La resistencia no terminó con la muerte de Tecún Umán. Continuó mediante la preservación de los calpules, la reorganización de las comunidades, la defensa del territorio, la transmisión de la memoria y la capacidad de reconstruir la vida colectiva. Huitzitzil Tzunún simboliza precisamente esa otra forma de valentía: la de quienes, después de la derrota militar, hicieron posible la supervivencia de su pueblo.

Aquí es importante aclarar que, hace años ya, a mi primera lectura del Título del Ajpop Huitzitzil Tzunún percibí una traición de parte de quien en mi infancia había sido el amigo cercano, el compañero de batalla de Tecún Umán: Huitizil Tzunúm. Con el tiempo empecé a entender que la transición de Hutizil Tzunúm a Martín Velásquez, era parte del proceso de mestizaje que ha construido a la nueva Guatemala que en el Siglo XVI aún no existía como tal.

Esta lectura también dialoga con uno de los aportes intelectuales más sugerentes de Mario Roberto Morales. En La articulación de las diferencias nos recuerda que Guatemala nunca ha sido una sociedad homogénea. Su riqueza histórica proviene precisamente del encuentro, muchas veces conflictivo, entre pueblos, culturas, lenguas e identidades diversas. Comprender esa complejidad exige abandonar las explicaciones simples y reconocer que nuestra historia siempre ha sido el resultado de múltiples voces que se confrontan, dialogan y terminan construyendo nuevas formas de convivencia.

Desde esa perspectiva adquiere especial sentido su reflexión sobre el llamado «síndrome de Maximón»: la permanente tentación de buscar un héroe absoluto o un caudillo providencial que resuelva por sí solo las profundas contradicciones del país. Esa búsqueda termina empobreciendo la historia porque invisibiliza a las comunidades, las instituciones y los procesos colectivos que hacen posible la continuidad de una nación. El propio Título del Ajpop Huitzitzil Tzunún propone una enseñanza diferente. Junto al heroísmo de Tecún Umán aparece la prudencia política de Huitzitzil Tzunún; junto al liderazgo individual emergen los calpules, los linajes y la organización comunitaria. No existe un único protagonista. Existe un pueblo entero que encuentra distintas formas de resistir, adaptarse y reconstruirse.

Porque entre estas montañas comprendí que la historia no pertenece únicamente a los archivos. Vive en las palabras de nuestros padres, en las tradiciones de nuestras comunidades, en los documentos que sobrevivieron al tiempo y en la investigación crítica que permite distinguir, sin enfrentarlas, la memoria, el símbolo y la historia.

Quetzaltenango no es únicamente el territorio donde cayó Tecún Umán. Es también el pueblo que decidió vivir y no solo sobrevivir. Quizá esa sea la lección más profunda que nos lega el Título del Ajpop Huitzitzil Tzunún: las naciones no se sostienen únicamente sobre las hazañas de sus grandes héroes, sino sobre la capacidad de sus pueblos para preservar la dignidad, articular sus diferencias, convertir la memoria en conocimiento y hacer de su diversidad la fuerza con la que construyen el futuro.

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