Es indiscutible que en la Universidad de San Carlos, como pasó con el Colegio de Abogados, se empieza a tomar conciencia de lo que significa la captura que de toda la institucionalidad han hecho las mafias y por ello las elecciones que se tienen que desarrollar en distintas facultades, relacionadas con la postergada designación de […]
Es indiscutible que en la Universidad de San Carlos, como pasó con el Colegio de Abogados, se empieza a tomar conciencia de lo que significa la captura que de toda la institucionalidad han hecho las mafias y por ello las elecciones que se tienen que desarrollar en distintas facultades, relacionadas con la postergada designación de miembros del Consejo Superior Universitario, están generando tal pánico entre las huestes de Walter Mazariegos que las están llevando a la comisión de actos delictivos para frenar la avalancha que empiezan a sentir.
Durante muchos años los guatemaltecos en todos los estratos nos resignamos a vivir bajo el dominio de las mafias que se adueñaron de toda la institucionalidad en el país y que, gracias a esa resignación e indiferencia, lograron coparlas de manera absoluta. Pero los abusos han sido de tal calibre que hay una toma de conciencia capaz de provocar reacciones que no esperaban los operadores de las mafias y, tal y como pasó en el Colegio de Abogados, el despertar de la gente decente hizo que se volcaran a las urnas para repudiar a los grupos criminales, esos mismos que señaló con toda propiedad la Embajada de Estados Unidos cuando analizó las postulaciones para el Tribunal Supremo Electoral.
Desde que se produjo la última elección de Rector en la Universidad de San Carlos se hizo evidente la existencia de un burdo fraude para colocar a Walter Mazariegos en el cargo y a pesar de las pruebas contundentes, el sistema lo amparó para que pudiera tomar posesión y desempeñar el cargo. Es más, ese mismo sistema se encargó de criminalizar a quienes protestaron por las sucias maniobras que se dieron y fueron perseguidos por el Ministerio Público que encarceló a muchos de los que elevaron su voz en contra del fraude ejecutado.
Obviamente esa represión hizo que mucha gente se callara y prefiriera alejarse de la controversia; eso, precisamente, era lo que querían los que montaron la persecución penal de estudiantes y profesores que rechazaron a Mazariegos por el fraude cometido. Pero poco a poco, a Dios gracias, vamos recuperando la dignidad y tomando conciencia de la urgencia de que los que quieren cambios, que son más que aquellos que desean prolongar la podredumbre, logren restablecer el orden perdido. La Usac, que en otras etapas de la historia ha sido una especie de vanguardia de la reivindicación popular, ahora puede retomar esas posiciones perdidas a causa del acomodamiento que convenía a las mafias.
Las elecciones en las distintas facultades, que tienen en modo de pánico a Mazariegos y su gente, al punto de incurrir en ataques delictivos para asustar a los electores, están demostrando que nuevamente los alumnos y maestros de la San Carlos entienden su rol y responsabilidad.