Lula gana y Brasil paga
Lula no podrá avanzar en su agenda socialista porque debe negociar con los partidos conservadores y de centro.
El domingo 25 de octubre de este año se celebró la segunda vuelta electoral para escoger al presidente de Brasil. Según el Tribunal Superior Electoral, Lula ganó con 64 millones 256 mil 232 votos (51.79%), frente a los 59 millones 826 mil 41 de Flávio Bolsonaro (48.21%). La diferencia fue de unos 4.43 millones de votos.
Existe, sin embargo, una controversia porque el Supremo Tribunal Federal autorizó extender la votación hasta las 19 horas en algunos centros electorales por problemas de transporte. Parece que la propia candidatura de Bolsonaro también había solicitado ampliar el horario. Al final, los votos recibidos durante esa extensión fueron apenas 34 mil 393, una cifra insignificante frente a la diferencia de más de 4.4 millones de votos con la que Lula derrotó a Bolsonaro.
Aunque, en lo personal, creo que no le convenía a Brasil continuar con Lula, considero que ganó legítimamente las elecciones y que la extensión del horario no afectó en nada la derrota de Bolsonaro. El triunfo de Lula sorprendió a todos y provocó que las bolsas cayeran y que el real se devaluara inmediatamente. Esto se debe a que del gobierno de Lula se esperan mayor gasto público, más impuestos, mayor inflación, incertidumbre en cuanto al equipo económico y posibles conflictos políticos y judiciales por el cuestionamiento de Flávio Bolsonaro al resultado electoral, a pesar de que su partido ya reconoció a Lula como ganador.
Solo las medidas económicas liberales permitirán un enorme crecimiento y una mayor creación de riqueza para todos.
Lula no lo tendrá fácil, pues la Cámara de Diputados y el Senado estarán dominados por sus opositores de derecha y de centro, quienes, en conjunto, podrían ejercer una sana oposición a sus excesos. Desde el Congreso podrían intentar investigar al Supremo Tribunal Federal, fortalecer las leyes penales, reforzar la agenda de seguridad, frenar los aumentos de impuestos y el mayor gasto público, presionar por privatizaciones y favorecer políticas económicas más liberales, entre otras medidas. Lula no podrá avanzar en su agenda socialista porque debe negociar con los partidos conservadores y de centro.
Lamentablemente, la victoria de Lula le da un poco más de oxígeno al Foro de São Paulo. Todavía cuenta con el apoyo de México y de algún otro país cuyos gobiernos también van en vías de extinción, como Nicaragua y Cuba. Este foro ha sido un desastre para Latinoamérica por el impulso a políticas socialistas y comunistas que promueven nacionalizaciones, mayores impuestos, redistribución de la riqueza, más gasto público desperdiciado en transferencias ineficientes, una burocracia creciente que no produce nada, compra política de votos mediante recursos para sindicatos y programas sociales, y un incremento de la deuda hasta niveles insostenibles. Las políticas de la izquierda siempre han sido irresponsables fiscalmente y han expoliado a quienes producen riqueza para trasladarla a quienes la consumen y desperdician.
Lo ideal para Latinoamérica es una política liberal de verdad, no el socialismo ni tampoco una política conservadora con proteccionismos mercantilistas: reducir drásticamente el gasto público, cerrar ministerios innecesarios, reforzar la seguridad y la justicia y reducir la deuda a niveles manejables. Los países deberían impedir que los bancos centrales emitan dinero para financiar a sus gobiernos, establecer un techo a la deuda pública, exigir que cada proyecto tenga sus propios ingresos y abrir las fronteras de par en par, sin tarifas arancelarias ni barreras no arancelarias. Solo las medidas económicas liberales permitirán un enorme crecimiento y una mayor creación de riqueza para todos