La pedagogía del terror
Así ha querido dominar el Pacto de Corruptos a esta sociedad guatemalteca.
Mecanismo: el terror. Método: la impunidad. Así ha querido dominar el Pacto de Corruptos a esta sociedad guatemalteca. Asesinar a dos hombres, de mañana, en un campo abierto propiedad del Estado y administrado por el Ejército, frente a cientos de niños, niñas, adolescentes y personas adultas que hacían deporte o estaban en el Campo de Marte, incluido el hijo de uno de los dos asesinados, busca mandar un mensaje ejemplarizante.
Ahora que se han dejado de fabricar casos judiciales a la medida de los enemigos del Pacto porque el Ministerio Público (MP) actual ya no opera a su favor, se pasa de la muerte judicial y civil a la muerte física, como sucedió durante el conflicto armado. Matar vuelve a ser la manera de silenciar, porque convivir civilizadamente desde la diferencia aún nos queda lejos. Asesinar a Juan Francisco Solórzano Foppa, de apenas 41 años, no es solo un crimen político que demanda justicia y cierra futuros, sino también un grito desde el lado más oscuro de esta sociedad: “aprendan, cabrones, porque nadie nos va a tocar”. Creen que la impunidad seguirá siendo el método, pero ya no tienen tanto poder sobre nosotros.
En Guatemala, seguimos aprendiendo a la brava. Un continuum de violencia, silencio y miedo ha formado generaciones, desde los asesinatos selectivos en la ciudad en los años 60 y 70 del siglo pasado hasta las masacres en los territorios, principalmente indígenas, de los años 80. Hay un sistema que funciona para el terror y en él coexisten la corrupción, la impunidad y las violencias. El terror se aprende, se mastica, se deglute, nos quema las entrañas. Esa es la pedagogía que algunos quieren seguir ejerciendo en Guatemala. No saben que, cada día, hay más gente informada y que, de tanto terror, se pierde el miedo.
Juan Francisco incomodó a muchos y tenía un liderazgo indiscutible.
Pienso en Silvia, la madre de Juan Francisco, mujer coherente y congruente desde su particular ideario, y siento a la madre que acaba de enterrar a su hijo. Está en mi corazón. Ella, como su propia madre, Alaide Foppa, sus hermanos y ahora su hijo imaginaron una Guatemala donde la dignidad no fuera solo una palabra, sino una manera de vivir para toda la gente. El costo para esa familia ha sido alto, pero enterrar a Juan Francisco un 20 de Octubre con tanto cariño y el apoyo de miles de personas ha sido, también de cierta manera(dolorosa), un acto de justicia poética. Ningún 20 de octubre será ya sin su memoria.
Juan Francisco incomodó a muchos y tenía un liderazgo indiscutible. Fue de esos que buscan cambiar un orden perverso y corrupto, desde las mismas entrañas del poder. Tuvo la valentía que este país requiere, tenía fuentes de información fiables y actuó en consecuencia, más allá de su narrativa frontal. Como director de investigaciones criminalísticas en el MP, comenzó la desarticulación de las pandillas y tuvo éxitos contra los Zetas y el Barrio 18. En apenas un año al frente de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT), recuperó más de Q1 mil 300 millones, producto de la evasión de impuestos de grandes empresas, no solo para recuperar dinero, sino para recuperar institucionalidad. También denunció abiertamente la estructura que, dentro del Ministerio de Gobernación de Jiménez, anterior ministro, ideó y permitió la fuga de 20 reos. Cuando intentó meterse en política o defender a Jose Rubén Zamora legalmente, comenzaron a armar más casos sin fundamento en su contra, se sumaron denuncias absurdas y terminó en la cárcel dos veces, todo lo cual buscaba neutralizarlo hasta después de las próximas elecciones 2027. En un último video sobre el caso Huité, incluso responsabilizó a la CIA y al Ejército de lo que allí estaba sucediendo. Abrió todos los frentes. Los del Pacto querrán armar con todo ello una narrativa del miedo que se confundirá con la violencia preelectoral de siempre y con la propaganda política de quienes ofrezcan mano dura. En este río revuelto, quedan tres cosas: la tristeza de haber perdido a Juan Francisco; la necesidad de un MP, un Mingob y un sistema de justicia que den la talla; y la certeza de que nada es para siempre.