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En Venezuela, el cambio avanza rápidamente. El alivio está tardando más.
Los venezolanos ven cómo las instituciones se están modificando, pero la mejoría a su situación social no llega con tanta rapidez.
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Los comerciantes de petróleo estadounidenses están a punto de llegar a Caracas y pronto podrían volar directamente. La administración Trump se prepara para reabrir la Embajada de Estados Unidos. El gobierno socialista ha facilitado la inversión extranjera en la industria petrolera nacionalizada, y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha flexibilizado las sanciones, para permitir que las empresas estadounidenses compren y vendan crudo venezolano. Los vertiginosos cambios que se han producido aquí habrían parecido impensables hace apenas un mes, cuando las fuerzas estadounidenses rodeaban el país, se apoderaban del petróleo venezolano y amenazaban al gobierno autoritario.
Pero la captura del hoy expresidente Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, el 3 de enero último, y la promesa del presidente Donald Trump de explotar las mayores reservas probadas de petróleo del mundo han transformado radicalmente las relaciones entre ambos países. El gobierno está trabajando con Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Maduro, en lugar de María Corina Machado, la popular líder opositora a quien Trump anteriormente apoyaba. Las perspectivas económicas para Venezuela han mejorado drásticamente; después de años de colapso económico, creciente desempleo e inflación galopante, algunos economistas dicen que no es descabellado imaginar un crecimiento de dos dígitos este año.
En la última acción sorpresiva, Rodríguez propuso el viernes una amnistía general para cientos de presos políticos, algunos de los cuales han estado detenidos durante décadas, y prometió reutilizar la infame prisión del Helicoide, un supuesto centro de tortura. Los defensores de derechos humanos han expresado un optimismo cauteloso. Pero, en Caracas, la esperanza choca con la realidad. Para muchos venezolanos, los cambios no han logrado aliviar la presión diaria de pagar los bienes básicos ni el temor a ser detenidos por la Policía. Delcy Rodríguez aún no ha revelado detalles de las elecciones ni de los acuerdos para compartir el poder. Quienes dirigieron las temidas fuerzas de seguridad del país bajo el gobierno de Maduro siguen en el poder.
El regreso a casa de la líder opositora Machado, ganadora del Nobel de la Paz 2025, sigue siendo inseguro. Con el aparato represivo del Gobierno completamente intacto, dicen los venezolanos, el cambio real se siente muy lejos. “No sé si la política está cambiando, pero mi bolsillo sigue igual”, dijo Argenis Pérez, quien estaciona autos en un restaurante en el este de Caracas. Se levanta a las 4 horas cada día para tomar dos autobuses desde su casa en la popular avenida Victoria hasta su trabajo, y gana US$120 al mes, pagados en bolívares y en bolsas de comida. “No adquiero la lista completa de la compra”, dijo. “Solo compro lo básico”. Lo interrumpieron unos autos que se acercaban al restaurante: todoterrenos de lujo que se venden por más de US$100 mil . ¿Qué le parecieron los cambios? “Bueno, ya sabes… no podemos hablar de eso”, dijo.
“No sé qué pasará, pero necesito trabajar”. Luego de semanas en las que Estados Unidos estuvo abordando buques cisterna e incautando petróleo venezolano, la economía está experimentando cierto alivio. Washington ha liberado US$300 millones provenientes de las ventas de petróleo para pagar a los empleados públicos. Esta inyección ha ayudado a estabilizar el tipo de cambio de Venezuela y podría contribuir a reducir los precios minoristas, afirmó el economista Francisco Rodríguez. No está claro cómo gestionará Estados Unidos los ingresos de las ventas de petróleo ni cómo se canalizará el dinero a la economía venezolana. El Gobierno no ha publicado estadísticas económicas durante años.
La Asamblea Nacional, controlada por el régimen, votó unánimemente el jueves recién pasado para hacer que Petróleos de Venezuela y otras empresas estatales sean más atractivas para la inversión extranjera. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció posteriormente una licencia general para que las empresas estadounidenses compren, vendan, transporten y refinen petróleo venezolano. Alejandro Grisanti, economista de la consultora caraqueña Ecoanalítica, afirmó que el diálogo entre el Gobierno y el sector privado también ha mejorado. “Creo que el 2026 será un buen año”, afirmó. Ecoanalítica predice que la producción de petróleo crecerá al menos en 200 mil barriles diarios, circularán más bolívares y los bancos podrán ofrecer más crédito.
El país aún se está recuperando de la inflación acumulada, que en las primeras tres semanas de enero fue de 15%. “Pero para que eso realmente mejore el poder adquisitivo del venezolano promedio”, dijo Grisanti, “tomará de seis a ocho meses”. “Aún hay mucha incertidumbre”, afirmó. La reciente inflación, junto con los mensajes del Gobierno de que los aliados de Maduro mantienen el control, significa que los venezolanos “quizás no perciban el profundo cambio que se está produciendo”. Bajo la administración de Rodríguez, el régimen ya ha liberado a cientos de presos políticos, pero las fuerzas de seguridad continúan deteniendo arbitrariamente a venezolanos, según denuncian defensores de derechos humanos.
Unos 50 detenidos han desaparecido dentro del sistema penitenciario, y las autoridades se han negado a revelar su paradero. Algunos presos han sido liberados sin previo aviso. A un preso político venezolano, que llevaba más de un año en la cárcel Rodeo 1, le cortaron el pelo repentinamente, le pusieron una mascarilla y lo subieron a un autobús con otros detenidos, según su hermana, quien habló a condición de anonimato para poder compartir detalles delicados del caso de su hermano. Los detenidos fueron llevados a un lugar desconocido en Caracas y se les indicó que bajaran del autobús. Sus familias no fueron alertadas. El hombre caminó durante dos horas hasta la casa de un familiar y pidió usar un teléfono para llamar a otros familiares que estaban aguardando fuera de la prisión con la esperanza de que lo soltaran.
En las semanas transcurridas desde su liberación, según afirma su familia, no ha contado nada de lo que vivió en la cárcel. Permanece en Venezuela, donde tiene prohibido hablar públicamente sobre su detención. Muchos de los presos recientemente liberados han sido vigilados, amenazados y advertidos de que no hablen, según Orlando Moreno, coordinador de derechos humanos de Vente Venezuela, el partido político de Machado. “Esta no es verdadera libertad. Es libertad con cadenas”, dijo Moreno. “Te dejarán salir de tu celda, pero no eres libre”. Pero algunos venezolanos parecen estar dispuestos a asumir mayores riesgos, según Andreina Baduel, directora del Comité de Familiares y Amigos por la Libertad de los Presos Políticos.
Muchos han denunciado por primera vez casos de familiares encarcelados hace mucho tiempo. Una protesta frente a la Fiscalía General de la República reunió recientemente al doble de manifestantes de lo habitual, afirmó. “Ahora sabemos que no estamos solos en esta lucha”, dijo Baduel. Algunos políticos de la oposición están saliendo de su escondite y hablando públicamente por primera vez en meses o incluso años. Y dentro de la Asamblea Nacional, controlada por el gobierno, algunos de los pocos legisladores de la oposición autorizados a ocupar escaños han percibido un diálogo más abierto.
“El gobierno ha reconocido su vulnerabilidad”, dijo el diputado opositor Antonio Ecarri. “Ha habido más respeto y cordialidad”. Un cambio importante es la inclusión de algunos críticos del gobierno en una nueva comisión de paz. “Venezuela necesita reencontrarse. Nos hemos acostumbrado a vivir separados y en tribus. Han sido muchos años de conflicto”, escribió en X el miembro de la comisión Michael Penfold, profesor del Instituto de Estudios Superiores de Administración de Caracas. “Esperemos que en este proceso, los venezolanos no se conviertan en el principal obstáculo”.
El diputado opositor Henrique Capriles, quien se presentó dos veces contra Maduro, instó al régimen a publicar sus planes para las elecciones. “Hasta ahora, solo tenemos anuncios de inversión en el sector petrolero”, afirmó. El gobierno debe aumentar los salarios y las pensiones, afirmó, para que los venezolanos sientan que sus vidas están mejorando. “Los venezolanos hemos sido muy pacientes y sabemos que no es un proceso rápido”, dijo. “Hay que hacer cosas urgentes, pero la democracia no puede separarse de la construcción del futuro de Venezuela”.