“El incendio comienza mucho antes que empiecen las llamas”: la ardua labor de los bomberos por proteger los bosques
El incendio no empieza cuando aparecen las llamas. Para un bombero forestal, ocurre mucho antes: cuando el aire cambia de temperatura, cuando el bosque suena distinto y el silencio deja de ser la norma. El humo, aún tenue entre los árboles, es la primera advertencia de algo que todavía no se ve, pero que ya […]
El incendio no empieza cuando aparecen las llamas. Para un bombero forestal, ocurre mucho antes: cuando el aire cambia de temperatura, cuando el bosque suena distinto y el silencio deja de ser la norma.
El humo, aún tenue entre los árboles, es la primera advertencia de algo que todavía no se ve, pero que ya está en marcha. Para Edson Morales, ese es el verdadero inicio de la emergencia.
Morales es parte de la primera línea (literalmente, de fuego) frente a las intensas olas de calor que afectan al planeta, una realidad de la que Guatemala no escapa y que se evidencia con los incendios forestales, situación que puede agudizarse por el retraso de la entrada del invierno y por las perspectivas de que el país se verá influenciado por el fenómeno El Niño.
Desde su experiencia, lo que para muchos es un evento distante o aislado, para él es una rutina de riesgo constante.
Su testimonio resume una labor que va mucho más allá del incendio visible: hectáreas arrasadas, decisiones que se deben tomar en segundos y un equipo humano que se enfrenta a largas jornadas, calor extremo, condiciones cambiantes y que, además, pone en juego su vida, todo por el objetivo de evitar que el fuego avance, impacte comunidades y dañe la flora y fauna.
En entrevista con La Hora, Morales, subdirector de Incendios Forestales de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred), relató cómo se vive el combate contra estos incendios en bosques y basureros clandestinos en Guatemala, un país que este año ya supera la cifra de mil siniestros.
“Se ve el humo, se ven las llamas, pero no se ve al combatiente que está ahí luchando por detener el fuego y proteger la vida, la fauna y la flora”, expresó Morales al describir la labor de las brigadas forestales.
Según él, cada llamada de emergencia es una mezcla de adrenalina y compromiso entre los los miembros del equipo.
“Todo brigadista que está acá le apasiona el trabajo. Yo tengo cerca de nueve años trabajando en esto y me apasiono con cada incendio”, comentó, a pesar de ser consciente de lo que esto implica.
VIDAS EN UN HILO
Antes de atender una emergencia por incendio, los equipos realizan evaluaciones de riesgo y planificación, pero las condiciones pueden cambiar en cuestión de minutos, recalcó.
“El calor empieza a ser más fuerte, el desgaste también, un cambio de viento puede alterar todo. Puede que nos toque salir del lugar y puede que nuestras vidas incluso estén en riesgo”, afirmó.
El subdirector dijo que tanto los incendios forestales como los incendios en basureros clandestinos representan amenazas distintas.
En el caso de los basureros, detalló que existen riesgos asociados a gases tóxicos, materiales inflamables o explosivos y residuos peligrosos.
“Puede haber botellas, tóxicos o sustancias que incluso puedan explotar. Tenemos que estar preparados para cada uno de los eventos”, dijo.
Morales explicó que en este tipo de emergencias, los primeros en ingresar suelen ser los cuerpos de bomberos estructurales, mientras que las brigadas forestales se encargan de evitar que el fuego se propague hacia áreas boscosas o zonas habitadas.
JORNADAS INTENSAS Y EXTENSAS
Durante la entrevista, Morales recordó algunos de los incendios más complejos en los que ha participado. Uno de ellos ocurrió en el volcán de Agua, donde las brigadas trabajaron durante 52 días debido a las dificultades de acceso y la cantidad de recursos necesarios.
También mencionó incendios en Uspantán y Sierra Lacandón, donde el personal tuvo que caminar alrededor de ocho horas para llegar a los puntos afectados.
“Tuvimos que utilizar bus, picop, lancha y caminar para llegar al lugar. Casi 14 horas solo para llegar al punto del incendio y todavía combatirlo”, relató.
El brigadista aseguró que muchas veces el desgaste físico se refleja en lesiones, inflamación y agotamiento extremo. “A veces, al final del día, sangramos por la nariz, los tobillos se inflaman y el cuerpo es llevado al límite”, dijo.
EL PANORAMA DE INCENDIOS EN GUATEMALA
En la actualidad, Guatemala enfrenta una temporada de incendios marcada por altas temperaturas, períodos secos prolongados y una elevada incidencia de incendios relacionados con actividades humanas.
De acuerdo con registros oficiales del Sistema Integral de Información para la Gestión de Fuego en Guatemala, desarrollado por el Instituto Nacional de Bosques (Inab), el país acumula más de 1 mil 095 incendios y alrededor de 24 mil 803 hectáreas afectadas durante la actual temporada.
Por aparte, datos compartidos por la Conred reflejan que, hasta mayo, se han registrado más de 1 mil 200 incendios forestales y al menos 61 incendios relacionados con basura y basureros clandestinos.
Las autoridades advierten que gran parte de estos siniestros tienen origen humano, principalmente por quemas agrícolas mal manejadas, quema de basura, colillas de cigarro y otras acciones realizadas sin medidas de prevención.
Departamentos como Petén, Quiché, Zacapa, Jutiapa y Chiquimula figuran entre los territorios con incendios activos, mientras las altas temperaturas y los períodos prolongados de sequía continúan favoreciendo la propagación del fuego.
PREVENCIÓN Y APOYO DE COMUNIDADES
Para Morales, la prevención sigue siendo la principal herramienta para reducir la cantidad de incendios. «Si prevenimos los incendios desde la comunidad, estos no se van a dar”.
El entrevistado señaló que gran parte de los siniestros se originan porque las personas no toman las medidas adecuadas al realizar quemas agrícolas o eliminar basura.
“No vemos una mala intención, pero sí que no se toman las debidas precauciones”, comentó. De igual manera, destacó el papel de las propias comunidades, ya que estas son, muchas veces, las primeras en detectar y atender un incendio.
“Ellos son los primeros en responder porque quieren proteger sus bosques y sus fuentes de agua”, afirmó.
Según Morales, la comunicación temprana y la coordinación comunitaria han permitido que entre el 60 % y el 70 % de los incendios puedan ser controlados en un solo día, evitando que se expandan en tiempo y ubicación.
Por eso, detrás de cada incendio que aparece en las noticias hay algo que casi nunca se ve: el momento en que todo comenzó sin llamas, sin titulares y sin alarma.
Ahí está Edson Morales y otros como él, que con su entrega como bomberos forestales representan algo más que un trabajo; son una forma de vida que cambia otras vidas.
Cuando el fuego llega a las comunidades, ellos ya llevan horas enfrentándolo y, cuando el incendio termina, el bosque parece en silencio otra vez.
Pero, para quienes combaten el fuego, el incendio nunca termina del todo. Al regresar a la base, se alistan para el siguiente aviso.
