Envejecimiento saludable: la vacunación como estrategia para mantener autonomía y calidad de vida
No solo se trata de llegar a la vejez, sino de disfrutarla con mejor calidad de vida. Expertos aseguran que las vacunas son esenciales en esta etapa.
Así como comienzan a salir canas y arrugas con el paso de los años, el sistema inmunológico cambia y se deteriora. A este proceso se le llama inmunosenescencia.
“Disminuye la producción y la calidad de los linfocitos T y B, esos soldaditos del cuerpo que nos ayudan a responder ante una agresión, un virus o una infección”, explica Robinson Cuadros, médico geriatra y presidente del Comité Latinoamericano y del Caribe de la Asociación Internacional de Gerontología y Geriatría.
Por eso, a medida que las personas se vuelven más longevas, disminuye la respuesta inmunitaria frente a infecciones nuevas y aumenta la inflamación basal.
“Las personas mayores de 60 o 65 años tenemos mayor riesgo de complicaciones por infecciones respiratorias, neumonía y reactivación de virus como el herpes zóster”, detalla el médico.
Según Nancy Sandoval, médica internista infectóloga del Hospital Roosevelt, cada episodio de este tipo en el adulto mayor puede provocar síndrome confusional, pérdida de masa muscular, caídas, fragilidad y mayor dependencia funcional.
“Hay datos de impacto clínico y epidemiológico que muestran que, en los adultos mayores, la influenza y el herpes zóster aumentan el riesgo de un evento cardiovascular agudo. Las neumonías por neumococo triplican el riesgo de infarto o evento cerebrovascular. El covid-19 descompensa y vuelve más vulnerable al paciente”, agrega.
Los médicos coinciden en que estos riesgos pueden reducirse con la vacunación.
“Las vacunas en los adultos mayores compensan esa menor respuesta inmunitaria. Preparan el sistema inmunológico para prevenir complicaciones, infecciones y hospitalizaciones innecesarias o, incluso, la muerte”, asegura Cuadros.
Aunque ninguna vacuna promete el 100% de prevención, su función principal es evitar enfermedad grave, hospitalización y muerte.
¿Qué vacunas debe tener un adulto mayor?
Según el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), las vacunas ayudan a mantener a las personas sanas, previenen enfermedades graves que pueden causar la muerte y contribuyen a una vida saludable.
En su esquema de vacunación, la entidad propone que los adultos mayores y la población en riesgo reciban:
- Hepatitis B. Tres dosis: la segunda, un mes después de la primera; la tercera, cinco meses después de la segunda.
- Hepatitis A. Dos dosis: la segunda, seis meses después de la primera.
- Influenza. Una dosis al año.
- Neumococo. Dos dosis: la segunda, seis meses después de la primera. Protege contra neumonías, otitis media y otras infecciones graves o invasivas causadas por Streptococcus pneumoniae.
- TDaP. Una dosis, con refuerzo cada 10 años. Protege contra difteria, tétanos y tos ferina.
Sandoval y Cuadros recomiendan agregar a esta lista:
- Covid-19. Una dosis anual actualizada.
- Herpes zóster. Dos dosis. También protege de la varicela si la persona no la ha padecido.
“Más del 70% de hospitalizaciones por influenza y covid-19 ocurren en mayores de 60 o 65 años. También aumentan la mortalidad y la discapacidad”, dice Cuadros.
Por su parte, Sandoval sugiere verificar el carné de vacunación del adulto mayor y, si no tiene el esquema completo, aplicar las dosis pendientes. Añade que las vacunas están diseñadas especialmente para quienes se encuentran frágiles o vulnerables.

Los efectos secundarios suelen ser leves: dolor local y enrojecimiento en el sitio de aplicación. En algunos casos pueden presentarse picos febriles, fatiga y dolor muscular, que se manejan con paracetamol o acetaminofén.
“Solo se pospone la vacunación si hay fiebre alta, una enfermedad descompensada o si el paciente ha tenido una reacción alérgica grave previa. También debemos tener precaución en pacientes con quimioterapia activa, porque es necesario guardar intervalos definidos por el oncólogo”, explica Cuadros.
En busca de una vejez saludable
Sandoval explica que el envejecimiento saludable es el proceso de desarrollar y mantener la capacidad funcional que permita bienestar en la vejez. No se trata solo de salud física y mental, sino de calidad de vida, autonomía, capacidad funcional y dignidad: poder comer, bañarse, vestirse, ir al baño y mantener participación social.
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“La vacunación es una estrategia clave para promover el envejecimiento saludable. Cada esquema completo en la persona mayor no solo significa más anticuerpos, sino más personas caminando solas, sin dependencia ni hospitalizaciones”, afirma.
Cuadros coincide y agrega que el entorno familiar juega un papel fundamental, porque al cuidarse mutuamente se genera el llamado efecto rebaño.
“Si yo me vacuno, protejo a quien me acompaña. Si hijos, nietos y cuidadores están vacunados contra influenza y covid-19, se reduce la probabilidad de transmitir el virus a la persona mayor. Proteger el entorno es proteger a las personas mayores”, concluye.