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El engavetamiento de Milla y las ilusiones de las gestas nacionales

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El engavetamiento de Milla y las ilusiones de las gestas nacionales
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Cuando se quiere analizar las gestas nacionales de rebelión contra el Estado y su mal accionar, surge de inmediato una fecha: 20 de octubre. Pero décadas previas, José Milla, intelectual guatemalteco de corte conservador y funcionario del gobierno de Rafael Carrera, a pesar de su ideología, en sus novelas retrata una patria históricamente llena de […]
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Cuando se quiere analizar las gestas nacionales de rebelión contra el Estado y su mal accionar, surge de inmediato una fecha: 20 de octubre.

Pero décadas previas, José Milla, intelectual guatemalteco de corte conservador y funcionario del gobierno de Rafael Carrera, a pesar de su ideología, en sus novelas retrata una patria históricamente llena de inconformes e inequidades. En una de ellas “Memorías de un abogado (1876)” con claridad nos señala que la insurrección es un mecanismo desesperado de defensa de un pueblo, mostrándonos a lo largo de la trama, que cuando las leyes dejan de ser el escudo del ciudadano y se convierten en el instrumento de su opresión, la resistencia deja de ser un delito, para convertirse en un derecho y un deber y a la vez advierte que la verdadera solución nunca es la violencia perpetua, sino el retorno al Derecho. De manera que su argumento bien puede sintetizarse en que “Restablecer la paz no es imponer el silencio con la fuerza de las armas, sino devolver a las leyes su vigor y a los hombres la certeza de sus derechos” esclareciendo que el fin último de toda revolución legítima, es la búsqueda del imperio de la ley, sobre la voluntad impuesta de un solo hombre o grupo.

Otra advertencia que merece alta consideración, es su pensamiento crítico sobre los giros de las revoluciones y el peligro de los falsos, caudillos que surge principalmente en dos de sus obras: Los nazarenos (1867) y en historia de un pepe (1887). En la primera, a través de la trama novelesca, analiza con detenimiento la psicología de las conspiraciones y advierte repetidamente cómo la masa, al ser manipulada por intereses particulares, corre el riesgo de reemplazar un mal por otro peor. En los pasajes de Historia de un Pepe al describirnos su la inestabilidad social y política de la época colonial, aborda cómo los cambios repentinos de mando, a menudo solo cambian las caras en el poder, sin llegar a transformar la estructura de abusos y es categórico respecto al futuro de las revueltas que bien puede parafrasearse en los siguientes: Las revoluciones mudan a menudo los hombres en el poder, sin cambiar los males; de manera que el pueblo que ha roto sus cadenas, suele entregarse (por ignorancia, miedo o sobrevivencia) a nuevos amos disfrazados de libertadores».

Creo que la visión literaria de la realidad nacional planteada por Milla sigue siendo válida. Como pueblo creador de gestas públicas, no hemos aprendido que concluir o finalizar una renovación de autoridades, no es un fin que culmina en el día de la victoria, sino la capacidad de un pueblo para no volver a caer en las sombras del autoritarismo. Eso, pese a la gesta del 44 y al Conflicto Armado Interno, no lo hemos logrado superar aún, y ello a pesar de la llamada de la advertencia en la obra de Milla: “Creer que la caída de un tirano basta para hacer libre a un pueblo es el más peligroso de los errores. El despotismo no es solo el hombre que lo ejerce; es la costumbre de la servidumbre, la falta de virtudes cívicas y la ilusión de que la libertad se decreta, en lugar de conquistarse en la conciencia y accionar diario de los ciudadanos”.

Creo que la mayor tragedia que ha sufrido el pensamiento de José Milla y Vidaurre está en que sus advertencias no quedaron archivadas por falta de lucidez, sino por la trágica costumbre de nuestro pueblo de desconectar la literatura y la historia de la praxis política, tanto antes como ahora. Simplemente su obra lo hemos encasillado en el sistema educativo y en el imaginario popular, calificándolo de autor escolar obligatorio, sin aun percatarnos que con ello hemos olvidado una de sus lecciones principales: que la caída del tirano es solo el primer paso. La realidad es que nos hemos vuelto un pueblo especialista en celebrar efemérides: el 15 de septiembre, el 20 de octubre, como si el hito histórico fuera una póliza de garantía de cambio.

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