Al asesinato de Foppa: El país que llora sangre
Nada Pasa, poema de Alaíde Foppa: “El tiempo no cumple su cometido. Todo sigue pasando, desde el vivo pasado que arrastramos a lo largo del camino”. De la colección Colores Primarios y de la Asociación de Escritores de México, he sacado este bello poema que indica que, a pesar de que el tiempo pasa, este […]
Nada Pasa, poema de Alaíde Foppa:
“El tiempo no cumple su cometido. Todo sigue pasando, desde el vivo pasado que arrastramos a lo largo del camino”.
De la colección Colores Primarios y de la Asociación de Escritores de México, he sacado este bello poema que indica que, a pesar de que el tiempo pasa, este no cumple su cometido de enseñarnos porque no aprendemos del pasado, ya que lo seguimos arrastrando a lo largo del camino. Tal parece que regresamos a los obscuros días de la guerra civil, donde cualquiera que pensaba diferente, no digamos, aquel que actuara diferente y llevara entre su equipaje libros “comunistas”, era asesinado o desaparecido, tal como pasó a Adelaida Foppa y ahora a Juan Francisco Solórzano Foppa.
Sin embargo, el problema es mucho más complejo ahora en la era democrática. Era un personaje controversial, siempre. Un perfil perfecto para varios intereses, todos en contra de la democracia y la verdad como lo describe Javier Monterroso en X. Abajo explico qué compartía yo con él y qué no compartía.
A la familia Foppa le ha perseguido el Estado de Terror, un régimen que calla a la gente a balazos. Por eso, este obscuro asesinato de Juan Francisco Solórzano Foppa se agrega a otro de los varios asesinatos de sus familiares, desde su abuela, la poetisa Alaíde Foppa.
Había algo en Foppa, Juan Francisco, que cuando utilizaba las redes sociales para dar un mensaje o para describir un hecho, a mí no me gustaba el estilo. Muchas veces sentía que decía cosas de las que no tenía evidencia. Sin embargo, muchas veces, después, la historia le dio la razón. Le voy a contar al lector uno de esos casos en que me impresionó negativamente lo que dijo, pero luego, le debí dar la razón. El caso más impresionante para mí fue el caso del pacto entre el gobierno y el usurpador de la Usac. Transcribo la entrada que hizo Foppa:
“Uno de junio 2026: Se roban oficialmente la USAC y esto es avalado por la Corte de Constitucionalidad, pero ojo, también por el gobierno. Dos medios de comunicación serios y otros más han salido diciendo que el día de hoy se votó una resolución para denegar el amparo que se había otorgado a favor de Usac DIRE y ahora dárselo a Walter Mazariegos, entre muchas otras acciones constitucionales, lo cual implica que Mazariegos va a ser el rector de la Universidad de San Carlos a partir del uno de julio del presente año. El cinco de abril de este año, tres días antes de la elección, publiqué este video: El gobierno ya pactó el fraude en la USAC con Mazariegos…[continúa Foppa] Aquí te explico cómo. Me dijeron loco, me dijeron que estaba trabajando para quién sabe qué Pacto de Corruptos, Estuardo Gálvez, no me acuerdo para quién más… que por qué atacaba a comunidad por la democracia, el gobierno y demás. Hoy les digo, se consumó el mayor error estratégico de Bernardo Arévalo en toda su presidencia. Haber entregado a la USAC a Walter Mazariegos.”
En su artículo “Crónica de un engaño anunciado (2ª parte)”, José Alfredo Calderón señala que la entrega de la USAC al usurpador Walter Mazariegos fue “la gota que rebalsó el vaso”. Según su análisis, los rumores de un arreglo presidencial —con Ana Glenda Tager de por medio— cobraron contundencia con la denuncia de Juan Francisco Solórzano Foppa, confirmada después por personas de la resistencia universitaria, por Samuel Pérez y, finalmente, por las declaraciones de la vicepresidenta Karin Herrera. Calderón describe que, en el afán de evitar que Mazariegos nombrara a Consuelo Porras, el gobierno terminó negociando; el resultado fue peor que la enfermedad, pues se consolidó el control del usurpador sobre la Universidad Nacional y se sumaron nombramientos pactados en la Corte de Constitucionalidad y el Ministerio Público. Esa coincidencia entre la denuncia de Foppa y el análisis de Calderón revela cómo, lejos de confrontar la captura, el Ejecutivo optó por un arreglo que entregó la USAC a Mazariegos y fortaleció la cooptación institucional.
Entonces defendía yo a Bernardo Arévalo. Aún era del grupo que indicaba que: “no lo dejan trabajar”. Pero de a poco le fui dando la razón a Foppa: El presidente se quedó en silencio respecto al fraude en la San Carlos. La sentencia de Foppa en otro video: “Uno de junio 2026: se roban oficialmente la USAC y esto es avalado por la Corte de Constitucionalidad, pero ojo; también por el gobierno…” Tristemente, tuvo razón Foppa. Y ahora lo asesinan.
No se trata de un asesinato aislado. En América Latina, la violencia contra líderes y figuras que amenazan órdenes locales no es solo criminal: sigue una lógica política de preservación del poder. Élites locales (y nacionales) delegan en grupos armados el uso de la fuerza contra quienes pueden desarticular formas de autoritarismo competitivo. Hay elecciones e instituciones formales, pero la competencia real está restringida por la violencia, el clientelismo y la cooptación. En Guatemala esa lógica se concreta en lo que José Alfredo Calderón distingue como la mutación del Pacto de Corruptos —la red de operadores políticos y componendas judiciales— hacia la Alianza Criminal: la amalgama de esos mismos operadores con el narco, el G-8 y sus redes económicas monopólicas, y los grupos armados que actúan como brazo operativo. Esa alianza se manifiesta en la cooptación del Ministerio Público, de la Corte de Constitucionalidad, de la Universidad Nacional, así como de alcaldías y diputaciones, consolidando un orden sistémico en el que la violencia delegada y la captura institucional protegen los privilegios y neutralizan cualquier amenaza real a su dominio.
Los grupos armados, las pandillas, los sicarios no operan en el vacío; a menudo sirven, o son tolerados, por quienes necesitan silenciar a quienes denuncian, investigan o simplemente incomodan. Es en el seno de lo que José Alfredo Calderón llama: Alianza Criminal que debemos entender el asesinato de Solórzano Foppa. Por eso la principal lucha de los guatemaltecos que creemos en la democracia es la recuperación del Estado de Derecho, esto es, la recuperación de la justicia, la recuperación del Organismo Judicial. Mañana analizaré cómo la democracia no puede sembrarse y menos crecer en manos de la injusticia. Hasta mañana, queridos lectores.