Guatemala tiene inundaciones después de meses de sequía: por qué la lluvia no ha borrado el déficit

Guatemala tiene inundaciones después de meses de sequía: por qué la lluvia no ha borrado el déficit

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26/09/2026 11:55
Prensa Libre
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Resumen Inteligente

En agosto, cerca del 95% del área analizada mostraba algún grado de condición seca. Septiembre saturó suelos y elevó ríos, pero el déficit acumulado de lluvia persiste.

En septiembre, Guatemala tiene ríos por encima de sus niveles de alerta, suelos con más del 90% de saturación en algunos municipios y decenas de inundaciones.

Un mes antes, cerca del 95% del territorio representado en un análisis climático aparecía entre condiciones anormalmente secas y sequía extrema. Las dos situaciones parecen contradecirse, pero no lo hacen, según las fuentes y estudios consultados.

Una temporada puede acumular meses con menos lluvia de lo habitual y, posteriormente, recibir precipitaciones suficientes para saturar el suelo, provocar crecidas de ríos e inundar comunidades sin recuperar toda el agua que dejó de caer anteriormente. Eso es parte de lo que ocurre en Guatemala durante el 2026.

Los mapas elaborados por los especialistas Claudio Castañón y Víctor Gómez muestran que las condiciones secas comenzaron a expandirse desde mayo y alcanzaron su mayor extensión entre julio y agosto.

Las lluvias de septiembre cambiaron el escenario inmediato, pero no eliminaron ese acumulado. Una fuente del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) lo resume así al preguntársele si septiembre había compensado la falta de lluvia anterior: “No, de ninguna manera”.

¿Cómo se llegó a la sequía?

El año no comenzó seco en todo el país. Los mapas incluidos en la presentación Clima en Guatemala, cómo va el 2026 y lo previsto para los próximos meses muestran condiciones variables durante los primeros cuatro meses.

En enero predominaban áreas normales, con algunos sectores anormalmente secos y bajo sequía moderada. Febrero redujo las zonas secas y marzo mostró principalmente condiciones normales y húmedas.

El cambio comenzó a hacerse visible en abril. Y en mayo se aceleró.

Ese mes, 43.43% del área analizada estaba clasificada como anormalmente seca. Otro 4.46% presentaba sequía moderada; 0.33%, severa, y 0.03%, extrema. Junio amplió el problema: 73.76% del área estaba anormalmente seca y alrededor del 9% ya aparecía bajo alguna categoría de sequía.

Después llegó julio. Ese mes, 61.31% del área analizada fue clasificada bajo sequía extrema; 11.96%, severa; 3.88%, moderada, y 22.62%, anormalmente seca. Solo 0.22% aparecía en condiciones normales.

Agosto modificó la intensidad, pero no la extensión. La sequía extrema disminuyó a 33.27%, mientras la severa alcanzó 32.70%; la moderada, 17.83%, y las condiciones anormalmente secas, 11.18%. Sumadas, esas categorías cubrían cerca del 95% del área representada.

El Alta Verapaz nuevamente los pobladores han sufrido pérdidas en sus siembras debido a la copiosa lluvia que ha azotado esa región del país. (Foto Prensa Libre: Moisés Xec).

¿Los mapas coinciden con lo que realmente llovió?

Sí. Otro análisis, esta vez basado en registros de 39 estaciones meteorológicas, llegó a resultados similares. Walter Bardales, colaborador de la Unidad de Modelación Matemática e Investigación de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de San Carlos, y Castañón compararon la lluvia registrada entre mayo y agosto con las series históricas disponibles.

En 23 de las 39 estaciones —59%—, el acumulado del 2026 fue el menor registrado en su respectiva serie. Treinta y seis estaciones, equivalentes al 92%, presentaron condiciones secas o más severas. Mayo dejó una primera señal importante: aproximadamente 82% de las estaciones recibió menos del 80% de la precipitación esperada y cerca de la mitad acumuló menos del 50%.

Junio mejoró parcialmente, pero seis de cada 10 estaciones continuaron por debajo del 80% de lo normal. Eso significa que la canícula de julio y agosto no comenzó sobre un territorio con reservas normales de lluvia. En varias regiones, el déficit ya venía acumulándose desde mayo.

Algunas estaciones terminaron muy por debajo de sus mínimos anteriores. Suiza Contenta, Sacatepéquez, acumuló 141.6 milímetros entre mayo y agosto. Su menor registro previo era de 331.3.

El Capitán, Sololá, pasó de un mínimo anterior de 346.5 milímetros a 194.5 en el 2026. Alameda ICTA, Chimaltenango, acumuló 211.3 frente a 365.5; la estación Insivumeh, en Guatemala, 271.7 frente a 461.9; y Tecún Umán, San Marcos, 372 frente a 642.2. Para una estación típica entre las que rompieron récord, el nuevo mínimo fue aproximadamente 26% inferior al anterior.

Entonces, ¿por qué ahora hay inundaciones?

Porque una cosa es la cantidad de lluvia acumulada durante varios meses y otra lo que ocurre cuando llueve repetidamente sobre un mismo lugar durante pocos días. Septiembre suele ser uno de los meses más lluviosos del año.

Cuando varias jornadas consecutivas dejan precipitación, las capas superficiales del suelo comienzan a llenarse de agua. Llega un punto en que ya no pueden absorber mucho más.

“Llega un momento que el suelo se satura y que ya hay mayor vulnerabilidad para que se presenten crecidas de ríos, inundaciones, deslizamientos de tierra y lahares”, explicó la fuente del Insivumeh.

Eso puede ocurrir aunque el total acumulado desde mayo siga por debajo de lo normal.

Alejandro Maldonado, exsecretario ejecutivo de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred), lo explica de otra forma.

“Una temporada puede tener un déficit general, por ejemplo, debido a varios meses muy secos al inicio, pero cerrarse con eventos de tormentas intensas o sistemas tropicales muy activos”.

Por eso, agrega, “un año seco no necesariamente equivale a un año sin riesgos por lluvias”.

¿Qué tan saturado está el suelo?

El 24 de septiembre, el Insivumeh reportó saturación igual o superior al 90% en los primeros 30 centímetros del suelo en municipios de Chiquimula, Guatemala, Izabal y Zacapa. La condición aparecía en Chiquimula, San Juan Ermita, San José La Arada, San Jacinto, Quezaltepeque e Ipala.

También en San Pedro Ayampuc, Guatemala; Los Amates, Izabal, y Gualán, Río Hondo y Teculután, Zacapa. En Puerto Barrios y Livingston, Izabal, la saturación superior al 90% alcanzaba también capas más profundas.

Los ríos reaccionaron. Ese día, La Pasión alcanzó 5.5 metros en la estación El Pato, Sayaxché, Petén. Su nivel de alerta es de tres metros. Conred reportó además niveles de alerta en los ríos Xaclbal, en Ixcán, Quiché, y Paz, en Quesada, Jutiapa. El Polochic, en Panzós, Alta Verapaz, estaba por encima de su nivel de alerta.

Hasta el 24 de septiembre de 2026, la Conred contabilizaba 60 inundaciones. Durante todo agosto había registrado 29. El departamento de Alta Verapaz es uno de los más afectados hasta ahora. (Foto Prensa Libre: Moisés Xec).

¿Septiembre ha sido más complicado que agosto?

En inundaciones, sí. Hasta el 24 de septiembre, Conred contabilizaba 60 inundaciones. Durante todo agosto había registrado 29. Las carreteras afectadas aumentaron de 55 a 90.

El total de emergencias también fue mayor: 192 durante los primeros 24 días de septiembre frente a 179 en agosto. Pero eso tampoco significa que septiembre sea hasta ahora el peor mes de toda la temporada.

Entre mayo y el 24 de septiembre, Conred acumulaba 1 mil 620 eventos. Junio registró 577 y julio 545. Entre ambos concentraron el 69.3% de todas las emergencias.

Julio, además, registró 209 inundaciones y 91 mil 164 personas afectadas. El balance de la temporada alcanzaba hasta ese momento 199 mil 731 personas afectadas, 22 mil 645 evacuadas, 1 mil 312 albergadas y 16 muertas. También había daños en 10 mil 136 viviendas, 445 carreteras, 31 puentes y 39 escuelas.

¿Entonces septiembre recuperó la lluvia perdida?

Todavía no. Al analizar alrededor de 40 estaciones, el Insivumeh calculaba que septiembre había acumulado entre 50% y 60% de la precipitación que normalmente corresponde al mes.

Además, la lluvia no se distribuye igual en todo el país. Izabal ha tenido un comportamiento distinto. Según el instituto, durante el año ha recibido entre 20% y 40% más lluvia de lo normal.

“O sea, es un lugar donde la lluvia no disminuyó este año”, explicó la fuente.

En cambio, regiones del centro, occidente y oriente mantienen déficits acumulados.

Esa diferencia explica por qué hablar de “Guatemala” como si todo el territorio tuviera una sola condición puede inducir a error. Puede haber inundaciones en unos departamentos mientras otros todavía arrastran falta de lluvia.

¿Qué tiene que ver El Niño?

Los especialistas tampoco atribuyen automáticamente todo lo ocurrido a El Niño. La presentación de Castañón y Gómez registraba al 14 de septiembre una anomalía semanal de temperatura superficial del mar de 2 grados Celsius en la región Niño 3.4; 2.8 grados en Niño 3, y 3.7 en Niño 1+2.

Las proyecciones mantienen condiciones de El Niño durante los próximos meses y una disminución posterior de su intensidad hacia el 2027. Los mapas para septiembre y octubre muestran, además, probabilidades de precipitación por debajo de lo normal en distintas zonas del territorio.

Pero son pronósticos. No describen cuánto ha llovido efectivamente.

La firma AguaConsulta presentó un análisis de la sequía aquejaba a Guatemala antes de las lluvias de septiembre de 2026. Foto Prensa Libre: Captura de pantalla.

¿Por qué importa lo que ocurra en octubre?

Porque la discusión no termina cuando concluye la temporada lluviosa. Bardales y Castañón habían advertido que septiembre y octubre serían decisivos para determinar cuánto del déficit acumulado podía recuperarse antes de entrar en la época seca.

Si la recuperación resulta insuficiente, algunas cuencas podrían comenzar la temporada seca 2026-2027 con menores reservas y registrar una reducción más rápida de sus caudales durante noviembre y diciembre.

Todavía no existen datos suficientes para establecer cómo será el estiaje del 2027. El Insivumeh sí observa con atención los primeros meses del próximo año.

La fuente consultada mencionó como escenario temperaturas más altas entre febrero y mayo, menos lluvia y una mayor cantidad de incendios forestales, tomando como referencia episodios anteriores de El Niño.

Por ahora, Guatemala enfrenta dos problemas al mismo tiempo. Las lluvias de septiembre pueden saturar un suelo, elevar un río y provocar una inundación en cuestión de días. Pero recuperar el agua que no cayó durante meses requiere otra escala.

Por eso puede haber inundaciones hoy y, al mismo tiempo, seguir existiendo un déficit de lluvia.

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