“Mis hijos ya no tienen ni sus útiles”: el drama de más de 10 mil afectados por las inundaciones en Fray Bartolomé de las Casas
Más de 10 mil personas fueron afectadas por las inundaciones en Fray Bartolomé de las Casas, donde cientos de familias permanecen refugiadas en escuelas.
Más de 10 mil personas afectadas, unas 2 mil viviendas bajo el agua y niños con infecciones en la piel reflejan la magnitud de la emergencia provocada por el desbordamiento del río Sepur en Fray Bartolomé de las Casas, Alta Verapaz, el municipio más afectado por las lluvias de los últimos días.
El sonido de los truenos ya no anuncia únicamente lluvia para los habitantes de Fray Bartolomé de las Casas, ahora también despierta miedo.
Una leve precipitación es suficiente para que cientos de familias vuelvan la mirada hacia el río Sepur, cuyo desbordamiento inundó comunidades enteras en menos de ocho horas y obligó a miles de personas a abandonar sus hogares.
El Ejército de Guatemala, la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) y la Municipalidad efectuaron evacuaciones.
Según datos preliminares de la Conred y autoridades locales, alrededor de 2 mil viviendas quedaron bajo el agua en unas 50 comunidades.
Las cifras reflejan la magnitud de la tragedia: más de 10 mil personas afectadas en un municipio de aproximadamente 90 mil habitantes y 125 comunidades.
En los albergues, la emergencia tiene rostro de infancia. Al menos 800 personas permanecen refugiadas, entre niños, adolescentes, adultos y personas de la tercera edad, que lo perdieron todo. Muchos de ellos ahora duermen sobre colchonetas en escuelas convertidas en refugios temporales.
“Lo perdimos todo; ahora mis hijos ya ni útiles tienen”, relatan madres de familia mientras observan las aulas que hoy funcionan como dormitorios para quienes huyeron de las inundaciones.
El agua alcanzó entre dos y tres metros de altura en algunos sectores y sorprendió a familias que tuvieron apenas minutos para rescatar algunas pertenencias antes de ver cómo la corriente se llevaba años de esfuerzo.
En el municipio funcionan 10 albergues, seis de ellos ubicados en la cabecera municipal. Allí, en una región donde gran parte de la población se comunica en idioma q’eqchi‘, las historias se repiten: colchones mojados, documentos perdidos, cosechas destruidas y la incertidumbre de no saber cuándo podrán regresar a casa.
Mientras las autoridades continúan evaluando los daños y distribuyendo ayuda humanitaria, en lugares como Barrio Nuevo Nacimiento la preocupación sigue creciendo. El agua ha bajado, pero el temor permanece.