En su discurso al celebrar 47 años del triunfo de la revolución sandinista, que puso fin al régimen de los Somoza que duró 40 años, Daniel Ortega afirmó tajantemente: “Aquí no habrá más elecciones”, con lo que anticipa que continuará en el poder el tiempo que le quede y que luego su esposa podrá heredarlo […]
En su discurso al celebrar 47 años del triunfo de la revolución sandinista, que puso fin al régimen de los Somoza que duró 40 años, Daniel Ortega afirmó tajantemente: “Aquí no habrá más elecciones”, con lo que anticipa que continuará en el poder el tiempo que le quede y que luego su esposa podrá heredarlo o alguno de sus hijos. Él afirmó que los partidos existentes son producto de la intromisión de los “gringos” y que por ello no volverán a convocar al pueblo para que emita el sufragio.
El sandinismo surgió como un movimiento popular contra la dictadura establecida por Anastasio Somoza García y continuada por los Somoza Debayle, quienes no se mantenían en el poder porque así lo dispusiera el pueblo sino simple y sencillamente porque les daba la gana, situación que se vivió en muchos países de América Central en la misma época y que, aún hoy, se está viviendo en El Salvador con Nayib Bukele. Y como de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno, aquello que el pueblo de Nicaragua pretendió en su movimiento revolucionario, terminó siendo nada más la ruta para otra dictadura, misma que ahora se quita hasta la careta de supuestas elecciones.
Y debe preocuparnos la crisis mundial respecto al tema de las elecciones porque se formulan señalamientos contra los mecanismos electorales aún en uno de los países que desde su origen, hace 250 años, ha sido modelo de democracia. Sobre todo cuando se derogaron las normas que impedían a la gente de color ejercer el sufragio, haciendo que el mismo fuera universal, situación que ha sido motivo de legítimo orgullo. Actualmente el sistema electoral está siendo cuestionado desde la misma Casa Blanca que da a entender que todos los gobernantes electos han llegado mediante sucios fraudes electorales, teoría que apuesta notoriamente a modificar el sistema que existe para la designación de las representaciones del pueblo.
No es primera vez que vemos en el mundo acciones como la de Ortega, la que se sigue cocinando en El Salvador y la que se vislumbra en Estados Unidos. Figuras como Hitler, Mussolini, Stalin, para citar únicamente a grandes figuras del siglo pasado que marcaron el rumbo del mundo con sus actitudes guerreras, se perpetuaron en el poder sin siquiera simular elecciones. Y en la Centroamérica de esa época estaban los Ubico, Carías, Hernández y Somoza quienes simulaban procesos electorales que estaban ya cantados como el que tendrá la supuesta reelección de Bukele.
Preocupante situación por la actitud de dirigentes que lejos de defender y hasta fortalecer la democracia, la quieren abolir porque no les conviene ni interesa que el pueblo elija a sus autoridades.