Inteligencia artificial: por dónde empezar
Aprender a usar estas herramientas puede ayudarnos a resolver dudas cotidianas y acompañar mejor a nuestros hijos.
Cuando mi hija Yanushka comenzó a aprender francés en primer grado, me encontré con una dificultad: debía ayudarla con sus tareas, pero yo no entendía el idioma. Había historias que debía leer, palabras que debía comprender y preguntas que responder. Antes de poder acompañarla, necesitaba comprenderlas yo.
Para superar esta dificultad, decidí apoyarme en las herramientas que estaban a mi alcance, la inteligencia artificial (IA). La IA es una herramienta que sigue nuestras instrucciones y nos ayuda a realizar tareas con mayor facilidad y rapidez. No necesitamos ser expertos para pedirle ayuda: puede explicar temas complejos con palabras sencillas, para que podamos entenderlos y explicárselos a alguien más. En mi caso, utilicé ChatGPT para entender aquellas historias en los idiomas que conozco. Con esa explicación pude comenzar a apoyar a mi hija para identificar palabras y comprender lo que estaba leyendo. La tarea seguía siendo de ella y acompañarla seguía siendo mi responsabilidad.
A veces pensamos que debemos saber todas las respuestas para ayudar a nuestros hijos, cuando lo importante es estar a su lado y usar las herramientas disponibles para apoyarlos en sus aprendizajes. Esta herramienta me permitió participar en algo que parecía fuera de mi alcance.
Recuerdo una conversación con una persona de la Ciudad de Guatemala, de unos 30 y tantos años. Sabía utilizar las redes sociales, pero me comentó que no conocía la IA ni ChatGPT. No tuve tiempo de explicarle o mostrarle cómo podía ayudarle. Esa conversación quedó pendiente y por eso hoy escribo estas palabras.
En tu teléfono puedes descubrir lo que la inteligencia artificial puede hacer por ti.
Con la IA puedes pedir ayuda mediante una conversación escrita o hablada. Puedes expresarte con tus propias palabras, sin conocer términos de computación. Y lo mejor: ChatGPT tiene una opción gratuita. Existen otras herramientas similares. Para comenzar, puedes entrar a chatgpt.com desde un teléfono o una computadora con internet. No necesitas aprender todo de una vez: basta con identificar algo que quisieras entender mejor. Por ejemplo, podrías escribir: “Quiero ayudar a mi hija a comprender esta lectura. Explícamela en español sencillo y sugiéreme preguntas para saber si la entendió”. Después compartes el texto —escrito o tomándole una foto—. Si la explicación sigue siendo difícil, puedes pedir: “Dame un ejemplo más fácil”. Así vas orientando la conversación hacia lo que necesitas.
Esa misma forma de preguntar puede servir para comprender una instrucción, preparar un mensaje, aprender algo relacionado con tu trabajo —básicamente, cualquier cosa—.
Eso sí, estas herramientas pueden equivocarse, incluso cuando responden con mucha seguridad. Si llegaras a utilizarlo como yo lo hice con mi hija, conviene comparar sus explicaciones con el libro de clase y consultar al maestro cuando haya dudas. En las tareas escolares, el propósito debe ser comprender y practicar. Copiar una respuesta sin entenderla deja pendiente el aprendizaje.
Quienes ya las utilizamos podemos dedicar unos minutos a acompañar a alguien en su primera consulta. Un familiar, un vecino o un compañero de trabajo puede necesitar esa ayuda para comenzar. En Guatemala, debemos ayudar a que más personas conozcan estas herramientas y descubran cómo pueden ayudarlas en su vida diaria. Compartir lo que sabemos también es una manera de servir. No hace falta esperar a dominar la tecnología para acercarnos a ella. Podemos comenzar con una pregunta que nos importe, revisar la respuesta y seguir aprendiendo.
En aquella tarea, comencé con una lectura en francés que no entendía y con el deseo de ayudar a mi hija. La herramienta me dio una explicación; a mí me correspondía escuchar a mi hija, tener paciencia y acompañarla. A veces, aprender algo nuevo empieza por reconocer lo que todavía no sabemos. Y puede acercarnos a quienes más queremos.