El afán humano, ¿cosa vana ya?

El afán humano, ¿cosa vana ya?

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30/03/2026 10:48
La Hora
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Resumen Inteligente

Ante la situación actual, desconsuela escuchar a la academia sentenciar: «La única respuesta a la ciencia es hacer más ciencia»; o a las Iglesias, en sus homilías y escritos, lanzar un mensaje universal de: «despertar moral, cambio de rumbo en equidad y justicia, renacimiento cultural», solo para caer en oídos sordos y manos sin esperanza. […]

Ante la situación actual, desconsuela escuchar a la academia sentenciar: «La única respuesta a la ciencia es hacer más ciencia»; o a las Iglesias, en sus homilías y escritos, lanzar un mensaje universal de: «despertar moral, cambio de rumbo en equidad y justicia, renacimiento cultural», solo para caer en oídos sordos y manos sin esperanza.

Desde la época del presidente Eisenhower, se pensó que un control internacional de la energía era la única forma de lograr el beneficio de toda la humanidad y, con ello, el fin de toda pobreza. El mensaje se entendió mal: «internacional» significaba Estados Unidos; «control», igualmente; y «beneficio», por supuesto, los mismos. Quedó claro a partir de entonces que el mundo no se controlaría ni se transformaría bajo el dictado ni la responsabilidad del político o el científico; lo haría casi en exclusiva bajo el mando de los capitales transnacionales, dejando claro que, en tal orden, lo humano importa solo como objeto del comercio y las finanzas, los verdaderos amos y señores de la evolución de la humanidad.

No podemos llamarnos a engaño. Conocemos todos los factores que están detrás de lo que ahora somos y hacia dónde nos dirigimos. En ese orden de cosas, la idea de que el verdadero descubrimiento humano es encontrar a Dios, o la de que amar al prójimo es la base del derecho, ya quedó atrás. Estamos en la era de un mandato que nos obliga, en toda decisión, a anteponer la economía y la productividad a la persona y a lo que significa ser persona.

La consecuencia de la degradación del espíritu humano arroja ya sus primeros frutos mundiales: la bancarrota de la civilización occidental, que está llegando al borde del abismo. Estados Unidos, arropándose en la OTAN, la UE, e Israel tratando de defender su hegemonía bajo la lógica del «primero yo, luego yo», atacan a ver qué pasa, vuelven a atacar y observan de nuevo. ¿Cómo llamar a eso? ¡No lo sé! Lo que sí contemplo en todos es desesperación. Pareciera que los líderes de las potencias más poderosas estuvieran convencidos de que han alcanzado la cima y que esto no se superará nunca más; por consiguiente, le apuestan en su defensa incluso a la destrucción. Es esta situación la que me lleva a pensar: ¿y para eso, tanto esfuerzo de millones de años de la naturaleza y de cientos de siglos del hombre?

En toda mi vida nunca me he sentido tan ínfimo como ahora. Creo que cualquier creyente, ante mi temor por el destino humano, me consolaría con un: «Dios no permitirá que tal irracionalidad suceda, que siga apestando la destrucción que se avecina». Y entonces me viene a la cabeza la ironía que el otro día leí en un medio: «El fin del mundo ya llegó, estamos en uno nuevo».

¿Quién sabe?, me pregunto. ¿El hombre actual se ha vuelto obsoleto o ya está en camino de serlo? A la ciencia y la técnica pareciera no interesarles la oportunidad de transformarlo en un hombre nuevo, debido al mal uso que ya estamos haciendo de ellas. Ante ese panorama incierto, a la mayoría lo que nos queda es resguardarnos detrás del humor pseudofolclórico alimentado por la difusión propagandística del comercio, o bien dormir en brazos de la indiferencia mientras los grandes capitales apuestan a entrar a lo desconocido, enviando al ciudadano como balas de cañón de sus intereses. De ahí la falsa idea de «golpear primero». El primer golpe ya se asestó: el asesinato moral y psicológico en los ámbitos éticos, políticos y sociales y es que, como advirtió Edmund Burke: “Para que el mal triunfe, solo es necesario que los hombres buenos no hagan nada”. ¿Ya no hay hombres buenos?

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