Por qué la crisis entre EE. UU. y Dinamarca por Groenlandia podría redefinir el orden mundial y afectar a países como Guatemala

Por qué la crisis entre EE. UU. y Dinamarca por Groenlandia podría redefinir el orden mundial y afectar a países como Guatemala

La tensión entre EE.UU. y Dinamarca por Groenlandia no solo encendió alarmas diplomáticas, sino que también sentó precedentes peligrosos para los países pequeños y profundizó crisis que ya empezaban a marcar el escenario internacional.

Enlace generado

Resumen Automático

01/02/2026 06:00
Fuente: Prensa Libre 

Groenlandia, la isla más grande del planeta, cubierta en su mayoría por hielo y con una población estimada de 56 mil habitantes —principalmente inuit—, ha pasado de ser un territorio remoto del Ártico a convertirse en el epicentro de una disputa geopolítica con implicaciones globales.

Clave para la investigación climática y ambiental, este territorio se ubica a más de seis mil kilómetros de Guatemala, una distancia que podría reforzar la idea de que lo que ocurra entre las grandes potencias y una isla casi deshabitada no tiene mayor impacto en Centroamérica.

Sin embargo, la atención internacional sobre Groenlandia revela algo más profundo: los precedentes que se definan en este escenario podrían marcar las reglas del juego para países pequeños, como Guatemala, en las próximas décadas.

El poder de los precedentes

Edmond Mulet, internacionalista y exfuncionario de Naciones Unidas, comenta que lo que está en juego va mucho más allá de una isla remota. “El problema para nosotros eventualmente es el precedente, que este tipo de cosas se permitan”, explica. “A nosotros, medianos y pequeños países como Guatemala, podría tener un efecto muy nefasto y abrir de nuevo la puerta a un desorden mundial, a la ley del más fuerte”.

Sin embargo, las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump no son nuevas. En febrero del 2025, en un discurso ante el Congreso de Estados Unidos, el mandatario afirmó: “La conseguiremos, de una u otra forma”, pese a que en reiteradas ocasiones el Gobierno autónomo de Groenlandia ha declarado que no quiere ser anexado a Estados Unidos.

Esta amenaza de Trump de tomar control de Groenlandia —ya sea por compra o acción militar— no es un capricho aislado. Es parte de lo que el analista político Roberto Wagner llama “la doctrina Trump”: el retorno a políticas imperialistas, donde las grandes potencias actúan unilateralmente.

“El mundo ha tomado un giro y se ha regresado a lo que son políticas de carácter imperialista”, señala Wagner. “Estamos ante una situación en la que Estados Unidos va a actuar de forma unilateral. Nosotros no podemos hacer mucho al respecto, más que tratar de ajustarnos a lo que puedan ser esas políticas”.

Mulet hace énfasis en que esta no es la primera vez que este tipo de acciones cambian el curso del multilateralismo. “Era el mismo argumento que Hitler utilizaba para ingresar a Checoslovaquia antes de la Segunda Guerra Mundial, donde dijo: ‘No, ahí hay una población alemana que se llamaban los Sudetes y ahí yo tengo que entrar a proteger esa población’”. El mundo se lo permitió en la conferencia de Múnich, y ese precedente “abrió la puerta para la Segunda Guerra Mundial”.

Groenlandia dejó de ser un territorio remoto para convertirse en una pieza clave del nuevo orden mundial. (Foto Prensa Libre: EFE)

Entre el miedo y la resignación

Para los habitantes de Groenlandia, la situación genera sentimientos encontrados. Billiam Pedersen, especialista del Departamento Técnico y Ambiental de Dinamarca (UE) y ciudadano groenlandés, describe cómo la tensión inicial ha dado paso a la negociación.

Las bases militares de Estados Unidos en esta isla no son nuevas. Según Pedersen, el país norteamericano “ha tenido bases en muchos lugares diferentes —de Groenlandia— y creo que esas se abrirán de nuevo y tal vez algunas más. No hay tantas en el este de Groenlandia y ahí es dónde va a estar el tráfico si las rutas marítimas se abren”, explica.

Actualmente, Estados Unidos opera la base aérea de Thule en el noroeste de Groenlandia, pero se espera que el número de bases militares aumente. “Creo que va a haber algunas bases más, cuántas no lo sé, pero probablemente al menos tres o cuatro”, estima el groenlandés.

La aceptación no significa entusiasmo. “En general la gente no está muy contenta con tener que acomodar a mucho personal militar de nuevo. Pero creo que la gente lo acepta como lo que llaman ‘el mal menor’. O te toman los Estados Unidos o les permites tener estas bases”, reflexiona Peterson.

Manifestantes Groenlandia EE. UU.
Miles de personas en Groenlandia rechazaron los intentos del presidente de Estados Unidos por adquirir el territorio o anexarlo. (Foto Prensa Libre: EFE)

Guatemala, en la mira estratégica

Mientras la atención mundial se centra en Groenlandia, Guatemala enfrenta sus propios problemas, y muy pocos reflexionan sobre las implicaciones para Centroamérica.

Wagner es directo: Guatemala ya es un punto estratégico para Estados Unidos, y bajo su perspectiva, quizá más importante que la propia Groenlandia. “Lo que sucede es que ya estamos bajo la influencia de Estados Unidos”, explica.

Esto se debe a que la posición geográfica de Guatemala es clave. “Desde siempre, Centroamérica, y principalmente Guatemala, estamos en un punto de comunicaciones importantísimo a nivel mundial. Es el cordón umbilical de las Américas”, explica Wagner. “No es casualidad que, cuando los españoles vinieron, pusieran la Capitanía General”.

Mulet contextualiza la estrategia estadounidense al señalar que, en América Latina, existen tratados regionales en el marco de la Organización de Estados Americanos (OEA), que establecen principios como el respeto a la integridad territorial, la paz y las fronteras. Sin embargo, advierte sobre los riesgos de romper ese consenso: “Si se permite que un país grande diga: ‘Necesito ir a proteger a los brasileños que están en Colombia o a los mexicanos que están en Guatemala’, cualquier excusa o pretexto, tarde o temprano, terminará afectándonos”.

La crisis climática

Más allá de la geopolítica, existe una dimensión ambiental crítica que conecta directamente a Groenlandia con Guatemala. Alex Guerra, director del Instituto Privado de Investigación sobre Cambio Climático (ICC), explica que la motivación principal de Estados Unidos para controlar Groenlandia son sus vastos recursos naturales.

“Se estima que las reservas de petróleo de Groenlandia podrían ser del tamaño de las reservas de Estados Unidos”, comenta Guerra. “Se habla de miles de millones de barriles de petróleo, y también tienen minerales: hierro, zinc, litio y otros minerales raros importantes para toda la parte tecnológica”.

Sin embargo, Pedersen explica que el mayor recurso de la isla se centra en la explotación de los minerales y no en el petróleo, “Hasta ahora no hay hallazgos significativos de petróleo”. El verdadero interés según Pedersen radica en la riqueza de los minerales raros. “Hay rocas de las que se puede hacer aluminio. Hay grafito. Hay algunos otros metales que son buenos para hacer aviones etcétera”.

La explotación de estos recursos tendría consecuencias devastadoras para el cambio climático. “En lugar de buscar una solución ante el cambio climático, estaríamos yéndonos hacia un escenario más pesimista”, advierte. “O sea, a un escenario con más combustibles fósiles, mayor contaminación de la atmósfera, y entonces esperaríamos más cambio climático”.

Guatemala, que contribuye apenas con un 0.12% de la contaminación global, según el experto, es paradójicamente uno de los países más vulnerables. “Año con año vemos los impactos de tormentas, de huracanes, de sequías, de granizo. Y entonces, en la medida en que, en lugar de resolver ese problema a nivel mundial, aumentemos esa contaminación agregando todos esos combustibles fósiles que tiene Groenlandia, estaríamos empeorando la situación y podríamos esperar mayores impactos en Guatemala”.

Los efectos ya son tangibles. “Lo que estamos viendo es que hay años en que se atrasan las lluvias, entonces la gente no puede empezar a sembrar”, explica. La agricultura guatemalteca, que depende casi enteramente de la lluvia, es especialmente vulnerable. “Si se atrasan las lluvias o se adelantan, o llueve menos, no importa porque tienen agua almacenada. Guatemala no”.

La explotación de recursos en Groenlandia amenaza con acelerar la crisis climática mundial. (Foto Prensa Libre: EFE)

El multilateralismo en crisis

La disputa por Groenlandia también representa la erosión del orden internacional establecido después de la Segunda Guerra Mundial. Mulet enfatiza que parte de lo que está en juego es el concepto del multilateralismo como lo conocemos hasta ahora. “Estamos viendo un deterioro del concepto del multilateralismo. Volvemos a esas prácticas en las que el grande, el poderoso, manda y los demás deben acatar”, advierte.

Según el internacionalista, esta cooperación internacional “se fue desarrollando y creando después de la Primera Guerra Mundial; fracasó con la Sociedad de las Naciones, pero después de la Segunda Guerra Mundial todo el mundo estuvo de acuerdo”. Este sistema beneficia especialmente a países pequeños: “Si a alguien beneficia el multilateralismo es a los países medianos y pequeños, porque ahí tenemos la posibilidad de expresarnos, de hacer valer nuestros derechos”.

Wagner va más allá y sostiene que el cambio ya es irreversible. Al citar al primer ministro de Canadá durante el Foro Económico Mundial en Davos, afirma: “Esto no es una etapa de transición, es una etapa de ruptura. El mundo que conocíamos hasta hace muy poco tiempo se acabó. Ahora estamos ante las puertas de un nuevo orden mundial”.

Para Guatemala, este escenario tiene implicaciones inmediatas. Estas acciones, según el analista, podrían repercutir en la posible influencia estadounidense en las elecciones guatemaltecas del 2027. “Yo creo que ahora muchos de los potenciales candidatos del 2027 ya están empezando a ver a Washington más que las propuestas que van a presentar aquí en Guatemala”.

La nueva realidad geopolítica en el Ártico

Groenlandia se ha convertido en una pieza estratégica en el tablero geopolítico global, y Estados Unidos ya ha comenzado a marcar sus condiciones. Según explica Pedersen, Washington ha impuesto una nueva regla: la explotación minera en la isla solo podrá realizarse a través de compañías occidentales. “Esto es algo nuevo”, señala. “El gobierno groenlandés estaba abierto a trabajar con China, pero ahora parece que esa opción ha quedado descartada”.

Aunque la presencia china en Groenlandia ha sido limitada, no es inexistente. Pedersen detalla que Pekín no tiene un control directo en el territorio, pero sí participa de manera indirecta en proyectos clave. Un ejemplo es la mina de Kvanefjeld, al sur de la isla, donde una empresa china posee el 7% de participación.

El trasfondo de este movimiento es evidente: tanto la Unión Europea como Estados Unidos ven a Groenlandia como una fuente potencial de minerales críticos que les permitiría reducir su dependencia externa. En otras palabras, el Ártico se perfila como una vía para alcanzar una mayor autosuficiencia estratégica.

Sin embargo, el futuro de estas explotaciones sigue siendo incierto. Pedersen advierte que extraer estos recursos es extremadamente costoso y que existen lugares en el mundo donde hacerlo resulta mucho más barato. Aun así, considera que la única razón por la que estas minas podrían abrir es política más que económica: “Si Europa o Estados Unidos lo ven como un recurso estratégico que los libera del control chino, podrían decidir explotarlo pese a los costos, simplemente para ganar autonomía”.

Imágenes liberadas por las Fuerzas de Defensa Danesas muestran a un grupo de soldados daneses realizando prácticas tácticas y de disparo en territorio de Groenlandia. (Foto Prensa Libre: AFP)

Entre amenazas y oportunidades

Después de varias semanas de tensiones, la situación entre Estados Unidos y la OTAN parece haberse estabilizado. Según Mulet, “ya más o menos se pusieron de acuerdo”, aunque advierte sobre “el costo, el desgaste que se va generando. O sea, en el camino van quedando ahí una serie de heridas y de afrentas que molestan a todo el mundo y que debilitan ese concepto de multilateralismo”.

De acuerdo con el internacionalista, en los acuerdos preliminares “Estados Unidos va a tener la posibilidad del derecho de monitorear cualquier explotación de recursos naturales que haya en Groenlandia”. Esto incluye un derecho de veto sobre acuerdos comerciales con China o Rusia.

Para Wagner, Guatemala debe aprovechar su posición actual. “Esta oportunidad, en mi opinión, es algo que se tiene que aprovechar, pero también se tiene que sacarle ventaja”, señala, en referencia a los beneficios arancelarios recibidos. Sin embargo, advierte que, como país, “tenemos que estar atentos a que esta situación en cualquier momento puede cambiar. Si nosotros tomamos alguna decisión que pueda ser adversa a esos intereses de Estados Unidos, ¿cómo eso nos puede pasar una factura?”.

La reconfiguración del orden mundial también tiene implicaciones económicas directas. Según Mulet, Guatemala “vive ahora cada vez más de productos de exportación”. Una disrupción de los canales comerciales marítimos “vendría a afectar terriblemente a nuestra economía y, sobre todo, a nuestros pequeños productores”.

Fotografía del 17 de enero de 2026 que muestra una zona de la ciudad de Nuuk (Groenlandia). El presidente estadounidense, Donald Trump, criticó que Dinamarca haya sido incapaz de “eliminar” la “amenaza rusa” de Groenlandia y consideró que ha llegado el momento de hacerlo. (Foto Prensa Libre: EFE/Julio César Rivas)

Un mundo sin garantías

El escenario más catastrófico, según Mulet, sería una invasión militar de Groenlandia, aunque reconoce que Trump “ya lo ha negado ahora, ya ha dicho que no es una opción”. Sin embargo, advierte que “las consecuencias de una acción así serían terribles y podría abrir la puerta a una tercera guerra mundial, porque ahí sí China no tendría ningún límite para invadir Taiwán”.

La disputa por Groenlandia puede parecer lejana en el mapa, pero sus implicaciones ya están redefiniendo las reglas del juego para países como Guatemala. La pregunta ya no es si nos afectará, sino qué haremos al respecto.

Como resume Mulet: “Lo que pueda suceder ahorita con Groenlandia y Estados Unidos no tiene un efecto directo o inmediato hacia nosotros, pero sí tiene un efecto en la posteridad, porque se establecen una serie de precedentes que son nefastos, sobre todo para países pequeños y medianos como el de nosotros”.

Noticias relacionadas

Comentarios