Urge análisis sereno de las historias de la Historia
La Historia no es una, inamovible, sino la suma de historias, derivadas de los criterios para exponer los hechos en el tiempo.
Se ha definido al periodismo como historia escrita a la carrera, y es cierto. Es distinta a la tarea científica de los historiadores: investigar lo expresado por las fuentes históricas, consideradas así respecto a todo lo ocurrido al menos hace cincuenta años. Esto se ha considerado un lapso suficiente para la desaparición de pasiones en cualquiera de sus principales áreas tradicionales: cultural, económica, religiosa, militar y sobre todo política y ahora tecnológica. Por esto la ideología y puntos de vista de una determinada etapa histórica, con el paso del tiempo pueden afianzar, eliminar o cambiar las ideas de los primeros análisis, cercanos en el tiempo, de donde pueden surgir las historias derivadas de datos de la Historia, diferentes o contradictorios.
Existen una serie de frases reales y conocidas: La Historia la escriben los vencedores, o la época, las ideas y la sociedad cuando ocurrieron los hechos es factor fundamental para calificarlos correctamente. A veces rompen criterios actuales, como definir a la guillotina como una acción piadosa. Sí. Piadosa, porque antes de su uso las decapitaciones eran realizadas por las hachas de verdugos, quienes podían estar nerviosos y alcanzar en los hombros al condenado, por ejemplo, quien se desangraba y moría luego de otro hachazo. Esto ejemplifica un error común: calificar a un hecho histórico sobre la base de los criterios actuales, o convertir en héroes y por tanto admirables y valiosos a personajes históricos no merecedores de tal calificativo.
Toda Historia necesita de constante análisis por tratarse de una ciencia humanística, dirigida a analizar cualidades y defectos de los seres humanos.
En la actualidad, la multiplicación de tecnología a disposición de historiadores y de analistas críticos les ayuda a trabajar en la búsqueda exitosa de la verdad histórica, no de lo expresado por enemigos o admiradores políticos o religiosos —por ejemplo—, lo cual demuestra la importancia de la tarea de escudriñar en la Historia para buscar realidades, muchas veces molestas, y encontrarlas en el menor tiempo posible. Todo ello incluye casos de análisis parcializado o malintencionado, porque al realizarse por seres humanos, no excluye de ninguna manera sus fallas, ni los deseos de gobiernos y de otras autoridades para ser siempre, sin excepción, los buenos de la película.
El periodismo actual, sobre todo de análisis, se convierte en un historiador, al narrar hechos con inmediatez en el tiempo, a veces de horas y minutos, o incluso la simultaneidad de algo destinado a penetrar en la Historia. Un resultado inesperado, por los avances tecnológicos, es su capacidad de informar de hechos y decisiones, criterios, yerros y muestras de incapacidad de dirigentes políticos con inmerecido poder, sin capacidad de analizar sus decisiones ni deseo de entender cómo deben utilizarse. Al periodismo lo obliga a ejercer su tarea de la forma más equidistante posible, sobre la base de no aceptar una Verdad única e inmóvil, porque no existe, sino varias manifestaciones de esta, para permitir el intercambio respetuoso de diversas ideas y análisis.
Toda Historia necesita de constante análisis por tratarse de una ciencia humanística, dirigida a analizar cualidades y defectos de los seres humanos. Por eso los políticos, científicos y líderes religiosos deben emplear lenguaje sereno, fuera del insulto y descalificación personales, acciones típicas de falacias y demostraciones de debilidad en la base de sus criterios. En este momento, la gravedad de la crisis político-económico-religiosa se debe al contenido de las declaraciones individuales. No se puede saber el futuro inmediato, mediato o a largo plazo —campo de los clarividentes—, pero la lógica, el conocimiento de las posibles respuestas de gente con cultura y religión diferentes, sí otorgan bases para predicciones válidas, aunque luego sean distintas en la realidad.