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FMI advierte riesgos para Guatemala y Centroamérica por el alza de los combustibles y alimentos

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FMI advierte riesgos para Guatemala y Centroamérica por el alza de los combustibles y alimentos
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Aunque la economía mundial mantiene su crecimiento, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que la resiliencia es desigual y que los países importadores de energía enfrentan mayores costos y menos margen fiscal. Para Centroamérica, el encarecimiento de los combustibles y los alimentos podría añadir presión a las economías, mientras Guatemala mantiene una previsión de crecimiento […]

Aunque la economía mundial mantiene su crecimiento, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que la resiliencia es desigual y que los países importadores de energía enfrentan mayores costos y menos margen fiscal.

Para Centroamérica, el encarecimiento de los combustibles y los alimentos podría añadir presión a las economías, mientras Guatemala mantiene una previsión de crecimiento de 4% para 2026.

La economía mundial crecerá 3.1% en 2026 y 3.4% en 2027, pero estas cifras esconden diferencias entre países que se benefician del auge de la inteligencia artificial y aquellos más expuestos al encarecimiento de la energía y a las tensiones comerciales, advirtió el Fondo Monetario Internacional en su informe Perspectivas de la economía mundial, publicado en octubre.

El organismo prevé que la inflación mundial alcance 4.7% este año, impulsada principalmente por los precios de la energía y los alimentos, antes de moderarse a 4.1% en 2027. El escenario mantiene riesgos para economías que dependen de las importaciones de combustibles y tienen menos capacidad fiscal para amortiguar nuevas perturbaciones.

Para Guatemala y el resto de Centroamérica, la evolución de los precios internacionales de la energía resulta relevante por su exposición a las importaciones de combustibles.

Un encarecimiento sostenido puede trasladarse a los costos del transporte, la producción y la distribución de mercancías, además de presionar los precios internos. El alcance de esos efectos dependerá de la duración del shock y de las condiciones particulares de cada economía.

En su evaluación de Guatemala de junio de 2026, el propio FMI señaló que el país es importador neto de energía y tiene una exposición importante a los precios del petróleo. En ese análisis, el organismo identificó el encarecimiento prolongado de la energía y los cambios que puedan afectar las remesas entre los riesgos externos para el crecimiento nacional.

CENTROAMÉRICA ANTE UN ESCENARIO DESIGUAL

Las proyecciones de octubre del FMI sitúan el crecimiento de Centroamérica en 4.2% para 2026, por encima de la previsión mundial de 3.1%. Sin embargo, el resultado regional no significa que todos los países tengan las mismas perspectivas ni que estén igualmente protegidos frente a un shock energético.

Para Guatemala, el organismo estima un crecimiento de 4% en 2026. En el resto de la región, las previsiones para ese año incluyen 4.5% para El Salvador, 3.3% para Honduras y 3.3% para Costa Rica, de acuerdo con la base de datos del World Economic Outlook de octubre. Estas cifras reflejan perspectivas nacionales distintas dentro de un entorno internacional común.

El FMI advierte que los países con una participación limitada en las cadenas de valor tecnológicas y una fuerte dependencia de las importaciones energéticas enfrentan una combinación más difícil: mayores costos externos, presión sobre los ingresos reales y menos recursos disponibles para responder a nuevos shocks.

La región también debe considerar los efectos que las tensiones comerciales y los ajustes en las cadenas de suministro pueden tener sobre sus exportaciones. El organismo prevé que el crecimiento del volumen del comercio mundial se desacelere en 2026 y se estabilice en 2027, afectado por los aranceles y las modificaciones en las cadenas productivas, aunque el comercio relacionado con la tecnología continúa ofreciendo apoyo.

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MENOS MARGEN PARA RESPONDER A NUEVOS SHOCKS

El FMI señala que la capacidad de adaptación de las empresas, el redireccionamiento de cargamentos, el uso de inventarios y las medidas de apoyo público han permitido amortiguar parte de los efectos de la guerra en Oriente Medio.

No obstante, advierte que esos mecanismos tienen límites: las existencias se han reducido, los mercados de materias primas siguen expuestos a interrupciones y la incertidumbre podría afectar la confianza y las condiciones de financiamiento.

El organismo también alerta sobre el riesgo de que un conflicto prolongado mantenga elevados los precios de la energía y los alimentos, reavive la inflación y deteriore los balances fiscales y externos. Un endurecimiento de las condiciones financieras internacionales podría añadir presión a los países que dependen del financiamiento externo.

En Guatemala, el margen fiscal es parte de ese debate. En su evaluación de junio, el FMI proyectó que el déficit fiscal podría alcanzar 2.7% del producto interno bruto (PIB) en 2026, mientras que la deuda del Gobierno central se situaría en 27.5% del PIB. Son estimaciones elaboradas antes de la publicación de las nuevas perspectivas mundiales y deben leerse dentro de ese contexto temporal.

El organismo recomienda que los gobiernos recuperen espacio fiscal mediante planes creíbles que combinen ingresos públicos, racionalización del gasto y mejoras institucionales. Para mitigar el encarecimiento de la energía y los alimentos, plantea que las medidas de apoyo sean temporales y focalizadas en los grupos vulnerables, en lugar de aplicar mecanismos generalizados que puedan distorsionar los precios o comprometer la sostenibilidad fiscal.

TECNOLOGÍA Y ENERGÍA MARCARÁN PERSPECTIVAS

La inversión en inteligencia artificial es uno de los factores que sostiene el crecimiento mundial, pero sus beneficios se concentran en las economías y empresas más vinculadas con esa industria.

Según el informe, una revisión de las expectativas de rentabilidad de la IA podría reducir la inversión, provocar correcciones en los mercados financieros y endurecer las condiciones de financiamiento.

Para economías con menor participación en esas cadenas tecnológicas, el reto es fortalecer su capacidad de adaptación ante shocks que pueden coincidir: precios más altos de la energía, menor dinamismo del comercio y financiamiento más caro.

El organismo plantea que reforzar la seguridad energética, mejorar la preparación para aprovechar la inteligencia artificial y mantener abiertos los canales comerciales son elementos necesarios para elevar la resiliencia. Para Guatemala y Centroamérica, el panorama combina una previsión de crecimiento regional relativamente firme con riesgos externos que pueden trasladarse a los costos internos y limitar la capacidad de respuesta de los gobiernos.

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CRECIMIENTO REGIONAL CON DESAFÍOS PENDIENTES

En su informe Perspectivas económicas regionales para el Hemisferio Occidental, publicado en octubre, el FMI señala que el crecimiento de América Latina y el Caribe ha mantenido su resiliencia, respaldado por la demanda de Estados Unidos, los elevados precios de algunas materias primas, las condiciones financieras más favorables, el dinamismo del turismo y las entradas de remesas.

Sin embargo, el organismo advierte que estos factores favorables no eliminan las vulnerabilidades de la región. El encarecimiento y la volatilidad de la energía, la incertidumbre comercial y los cambios en las tendencias migratorias continúan planteando desafíos, mientras que el elevado endeudamiento público y el limitado margen para aplicar políticas económicas restringen la capacidad de respuesta de varios países.

El FMI también señala que las perspectivas de crecimiento a mediano plazo siguen siendo moderadas y que el aumento de los precios internacionales de la energía y los alimentos retrasa la convergencia de la inflación hacia los niveles establecidos como meta.

Ante este escenario, el organismo recomienda aprovechar las condiciones favorables para reconstruir el espacio fiscal, preservar la estabilidad de precios y proteger a los hogares más vulnerables mediante ayudas focalizadas. Para Guatemala, esto supone que mantener el crecimiento económico también dependerá de su capacidad para enfrentar las presiones externas sin comprometer la estabilidad macroeconómica ni debilitar las finanzas públicas.

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