Editorial

Megapuente y megaescándalo

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Megapuente y megaescándalo
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Hoy seguimos abordando el tema de los tres puentes contratados por el gobierno de Bernardo Arévalo y que resultaron aún más caros que los ejecutados en el gobierno de Alejandro Giammattei, pero lo hacemos desde una nueva perspectiva tras conocer el precio del Megapuente ejecutado por el gobierno de Nayib Bukele y que conecta a […]
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Hoy seguimos abordando el tema de los tres puentes contratados por el gobierno de Bernardo Arévalo y que resultaron aún más caros que los ejecutados en el gobierno de Alejandro Giammattei, pero lo hacemos desde una nueva perspectiva tras conocer el precio del Megapuente ejecutado por el gobierno de Nayib Bukele y que conecta a Guatemala con El Salvador mediante un paso de 420 metros sobre el Río La Paz. Para simplificar las cosas baste decir que a Bukele el inmenso puente le costó el equivalente de 249.25 millones de quetzales, lo que da un valor por metro lineal de 0.59 millones de quetzales, mientras dos de los puentes recién contratados tendrán un costo inicial por metro lineal de 1.37 millones y en el tercero, más “barato”, el metro costará 1.12 millones.

La nota informativa que publicamos detalla las características de las obras y si el puente de Bukele ha sido llamado Megapuente, los nuestros deben ser conocidos como los puentes megaescándalo porque siguen a pesar de las objeciones que hasta fueron reconocidas por la Contraloría de Cuentas, pero que terminaron engavetadas en el mismo tipo de cajones que usaba Consuelo Porras para enterrar cualquier denuncia que se hiciera sobre trinquetes y el lavado de dinero que detectó la Intendencia de Verificación Especial.

Puede decirse que el costo por metro lineal podría reducirse un poco mientras más largo sea un puente, pero la diferencia es tan brutal y escandalosa que no se puede pasar por alto. Ya el simple hecho de que los puentes contratados por el Ministerio de Comunicaciones de Bernardo Arévalo salgan más caros que los construidos en el gobierno de Giammattei, donde nadie podía hacer nada sin compensar a un Jefe de Jefes que no admitía regateos, es suficiente para entender que aquí la cosa se está manejando no solo en el marco de las viejas mañas, sino que las mismas han sido corregidas y aumentadas por la gente que juega exactamente el mismo papel que desempeñó en el pasado el recordado Miguelito.

Lo más grave de todo esto es que la única razón por la que los electores se volcaron en la segunda vuelta de las últimas elecciones a emitir su sufragio por Arévalo, tras la sorpresa que se dio en la primera vuelta al ocupar el segundo lugar, fue cabalmente para emitir un claro e inobjetable mandato, consecuencia del hartazgo de los guatemaltecos por la corrupción. No hemos tenido en la historia un resultado electoral que de manera tan categórica refleje el sentir del pueblo y la razón por la que emitió así su sufragio, pero tristemente el resultado fue todo lo contrario porque las pruebas son contundentes en cuanto a que aquí no mejoramos y, si algún cambio hubo, es para que aumente el valor de las mordidas.

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